la delicadeza 
con que la noche se desliza 
sobre las ramas, sobre las piedras 
le da cierta nostalgia.  
en sus sienes, las venas laten azules
y temblorosas como hojas secas. 
no sabe qué hora es, qué mes, qué día. 
así ocurre con quien espera. nada hay
para quien espera. 
de pie sobre el pasto, solo, aquel chico 
con los ojos empañados 
puedo ser yo, o vos, y los dos
podríamos decir:
tu amor es como el patio de mi infancia,
tu amor es el lugar más bello 
y también el más triste.
entonces sopla el viento.

...

cuando se corta la luz
todo lo que parecía vibrante
y lleno de ruido
comienza a parecerme 
un conjunto de cosas mudas
e inmóviles,
digamos, sin significado para mí.
una televisión, un papá
una soda arriba de la mesa 

...


se secó los ojos
me miró
y me dijo
cuando te joden, adrián
cuando te lastiman verdaderamente 
te ceden algo más, algo mucho más 
horrible que el dolor 

me dijo: a veces
le presto atención a los perros 
que toman el agua de las zanjas 
y me conmuevo
con los restos de una vieja bolsa 
temblando entre los alambres

...

otro día que se acaba. 
más tarde el verano
perdiendo sus soles arrastrándolos. 
quedarán, con suerte
las ramas arqueadas y solas
el crujido de las hojas secas
algunas frutas todavía tibias. 
quedará el mar salpicando su frío, 
el recuerdo de un amor, nada.  
es imposible ir contra el viento que arrasa
aunque intentes sostener algo de todo aquello
apretarlo en tus manos.  
la vida es inmensa, y vos
tan pequeño
tan tonto



| sobre el autor |

Adrián Agosta nació en Parque Patricios en marzo de 1994. Sin embargo creció en un barrio de Adrogué, en el sur de la Provincia de Buenos Aires. Allí se desempeña como profesor de Lengua y Literatura y también allí coordina, sin ningún éxito, talleres de lectura en el Profesorado n° 35.


3 comentarios:

Alejandro Lastra dijo...

increíbles poemas

DS dijo...

y se suspendió el reloj al leerte y eso es
tan bueno pero tan bueno

Julián Forneiro dijo...

Adri es lo +

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