by Anamarietta


Vértebras

¿De dónde obtener lo múltiple? El movimiento de los puentes, la arqueología en una plaza llena, las poleas y las construcciones, las bicicletas y su letanía de rieles, el pan duro, los hombres y su risa. La realidad se diluye en la escritura; no hay mundo en ella pero parece llenarse con nuestras percepciones; es imposible fijar la mutación, el cambio, aunque todo se despliega entre los signos. Mi edad es cada vez más corta; el paso del tiempo ahuyenta mi identidad con salvajismo. El encuentro con los espejos es voluble. Allí no se guardan los combates ni las promesas de otras horas, las huellas de otros cuerpos; los tatuajes borrosos de la falsa memoria. Escribo: las vías, los surcos de los pájaros, los motores, las calles, los parques, sus palomas; los maniquíes colgados de los vidrios; ondas radiales, solares, eléctricas; redes, radios, rutinas; la inclemente necesidad de una mirada; estas ganas de gritar ahogadamente una palabra que resuma esta visión siempre parcial del universo. Amo como una fiera, carnívoramente, y muerdo mi entorno con todos mis actos.





Origen

Austerlitz pensó en su vida como un punto detenido.
Infames los destellos al transcurrir las horas lentas, su imprecisa saciedad. 
Pensó, sobre todo, en su origen sin origen.
Ácidos los espejos de la salud. Encriptados de judíos. Judíos. Judíos. Imre Kertész sumergido en su sonrisa, la fugacidad de un tren que pasa, una vida siempre al borde de la locura por escribir.
Parece que la escritura es trivial; la hacen unos y no los otros y ¿cómo es que el hombre ha podido situar en ella todos sus duelos?
Quisiera saber qué hace de esto algo más allá de la muerte.
Es posible que en aquellos campos haya cambiado la historia y el hombre ya no confió más en la escritura, pero sólo quedaba la escritura y alguna manera de construir una historia sorda a través de las palabras. Y, ¿nosotros? Se mueren las personas cada día y no podemos escribir sus nombres. Sólo sus nombres. Fueron asesinados y no tenemos sus cuerpos. No habrá lápida que escriba sus nombres.
¿El nombre es un cuerpo?, ¿por qué es más sencillo dormirse?
Duermen acompasados los segundos de la ternura en la voz de Celan, Celan, Celan.

 

Desencuentros

Nada sugería el posible encuentro con los objetos a  través  del papel. Los signos permanecían lejanos. Su identidad arbitraria eludía las cosas. Apenas si rodeaban las presencias. Resguardados por los nombres permanecemos en ellos a la manera de una montaña que ampara el campo. Partimos de la amplitud, encarnamos lo minúsculo.

A lo lejos se pueden contemplar los caballos atravesando la lentitud. Trotan sobre un festín verde. Se puede consignar el movimiento aunque los caballos pasean la nulidad y hablan el idioma de lo silencioso.

[ Sobre la autora ]
Mexicana. Estos poemas forman parte del libro El juego del mundo.

1 comentarios:

Federico Ambesi dijo...

Te felicito. Escribes muy buenas ideas.

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