O la experiencia cíclica en el mundo chato
Su abrazo también es imposible: la serpiente carece de brazos. Sólo le queda, no como única opción, sino más bien como destino fatal, perseguirse a sí misma y autocomplacerse. Saborear su propio cuerpo enroscada en el círculo perfecto a partir del cual el Infinito encontró su forma. El placer de su boca venenosa es también lo indiferenciado; volverse una consigo misma, recurrirse, recomenzarse, y de esa manera, nuestro reptil sin patas, consigue la inmortalidad. Sin dios mediante, sin ídolo y sin verdad última, la serpiente se basta por sí sola para ser infinita, para ser completa.
Dirán sus detractores que el veneno en su dentadura fue puesto ahí por el Demiurgo –aquél cínico omnipotente–, con el único fin de que, al encontrar el placer de lo eterno, la propia serpiente se envenene a sí misma y muera. ¡Pero morirá eterna! Dirán sus espléndidos defensores.
Yo, por mi parte, ni acusador ni abogado, sostengo que no morirá. Y que aunque sus dientes lograran introducir el veneno en su cola, la inmortalidad ya habrá surtido efecto. Porque lo indestructible y lo indiferenciado tienen lugar gracias al placer de alcanzarse uno mismo.
¡Benditas sean las colas de serpiente, porque de ellas es el reino de lo infinito!

3 comentarios:

altazor dijo...

tal vez sea posible el abrazo con todo el cuerpo, el abrazo enroscado, pero si la palabra abrazo implica necesariamente brazos, las serpientes están en un problema

benditas sean las ser-pientes, las colas (las bebidas y las otras, por ahora de mujeres para mi, ja)

y a encontrar el placer de alcanzarse uno mismo, o por lo menos llegar lo más cerca posible

saludos

Juan Pablo Cozzi dijo...

Gracias altazor.
No creo que haya un "más cerca posible" para cerrar el círculo, la serpiente debe morderse la cola, ni no lo consigue núnca será un círculo, sino más bien una U o una C, en cuyo caso tendrá un principio y un fin.
Saludos

altazor dijo...

cierto, se me había pasado ese detalle, je

Publicar un comentario