Supongamos que miramos el camino no como una recta sino como una curva que tiende casi imperceptiblemente hacia la izquierda, y que nuestro horizonte tampoco es horizontal sino levemente oblicuo. (Hablamos de una distorsión amigable, la ilusión de un narcótico que trasmueva los pilares del equilibrio)
Ahora bien, si la pendiente transversal de nuestro horizonte fuese directamente proporcional a la curva que traza nuestro paso, estaríamos andando alternativamente y sin saberlo en el derecho y el revés del mundo tal como lo hacen las hormigas de Moebius.
Si, llegado el caso, de esa peatonal se escribiese una bitácora, sería precisamente esta.

1 comentarios:

C. J. [ poesía pendular ] dijo...

como siempre, levemente desconcertante...

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