En el último momento que compartieron, él miraba Rocky por la televisión. Desde ese entonces creo que piensan que Stallone es una buena persona.
Cuántas cosas pueden suceder en lo que dura el sueño de un bebé. Y cuántas cosas deseaba ella que no sucedieran: no pegaba un ojo hasta oírlo llegar, cada fin de semana. El 14 de mayo de 1988 se acabaron los fines de semana. Los cumpleaños. Los días del padre y de la madre. Las navidades. Los años nuevos. El tiempo. Sólo quedaron los 14 de mayo.

“Disculpen, nos equivocamos, su hijo está muerto.”

El resultado de tantas mudanzas anteriores fue topárselo en cada rincón de La Matanza, así que huyeron al pueblo de los recuerdos infantiles. Años después, allí fui a vivir yo que también me había fugado de La Matanza. Así volvieron las fechas. En ella, esa alegría matutina de eterna madre primeriza al enviarme a la escuela primaria en la que él se educó.
En las reuniones, al finalizar el despliegue de memorias que acompaña a los cafés de sobremesa, descolgaban el cuadro de la pared y lo presentaban a las visitas.

“En la última foto que se sacó tenía bigote, pero cuando se afeitaba parecía un bebé.”

Ante su ausencia, la estimación hacia mí se incrementaba junto con el peso de la responsabilidad que eso conlleva. Temía herirlos. Imposible no hacerlo cuando me impedían despertar a mitad de la noche, pese a mi esmero en echar la niñez a pedradas. Sobre todo él, a quien sólo entendí cuando vislumbré porqué, siendo una nena, me llamaba con afecto “abuelo” o “papito”. Por un lado, su conciencia de ser mi palabra favorita tras el 14 de mayo. Por el otro, el hallar en mí los recuerdos de papá que no dolían (de allí lo paradójico de las tardes de películas de Stallone) Hoy en día me hace feliz que continúe llamándome de las dos formas.

“Si él volviera, preguntaría: ¿dónde está la bebita que yo dejé?”

Es bueno que ellos aún vean a la chiquita, porque yo no la conozco. Y no es negación, tan sólo no encuentro el puente. Mientras ellos la observen sabré que no se ha ido, que tengo posibilidad de hallarla. Así, aunque papá no vuelva, podré decirle dónde está.
Perdón viejo, se me pasó el 14 de mayo. El año que viene tendremos más en común. Espero anunciarte, aliviada, que no perdí lo único que dejaste.

1 comentarios:

C. J. [ poesía pendular ] dijo...

esta pibita sigue re zarpada...

muy bueno, nena, muy bueno...

tres al hilo...

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