Tomo el libro con mis manos. Lo noto lleno de una especie de pelusa, mas parecida al polvo; sobre el lomo de color negro. Estoy acostado, me saco la media del pie izquierdo, sin salir de la cama, y la paso sobre el libro haciendo la limpieza correspondiente. Siento mas frió en un pie que en el otro. Un estimulo frena a otro, si tuviera mas de un pie sin media seguro que no sentiría tanto frió, penetrando entre los deditos de mi pie.

Comienza la práctica de la escritura.

La puerta de mi habitación esta cerrada. Mi cabeza esta despojada de ideas y no sabe que salivar sobre el cuaderno ¿Un escupitajo limpiara a otro? Curiosa reflexión.
Me mantengo con el libro entre las manos mirando la luz triste y amarilla, que cae sobre las hojas en blanco.

La puerta de mi habitación se abre. Y yo no me sorprendo para nada; tampoco lo estaba esperando. Mantengo fija la mirada en la figura que esta entrando. Entra la nona vieja, como si nada, como si estuviera viva; como cuando todavía estaba viva. Ella da la vuelta a la habitación y se sienta al borde de mi cama, tomando mis manos heladas por la baja temperatura de este invierno. Ella habla y dice:

-Decidles a todos que la nona los quiere mucho. – vacila un instante y continua diciendo: – Pero a vos, te quiere un poquitito mas.

Me da un beso viejo en la frente, acompañado de una delicada caricia en el rostro. Esas manos siempre predicaron un cariño misterioso. A ella le hubiera gustado darnos un beso como ese antes de morir. Pero no hablábamos. No podíamos hablar. Ellos eran lo malos. Los hijos de puta que no merecían nuestro afecto. La nona se fue quien sabe a donde y ninguno le pudo devolver ese beso, ni ese apretón de manos, ni tampoco esa caricia suave y delicada.

Yo no perdono. Ni tengo piedad.

La piedad es otorgada a causa de una desgracia inmerecida. Y en esto no hay nada de inmerecido. Soy el esperpento más cruel y rencoroso que existe en este momento. No siento culpa.

La nona se fue.

Sigo mirando mi libro en blanco y la luminosidad que cae sobre el. Temblando de frió y angustia.

Buenas noches.

2 comentarios:

Nadia Caramella dijo...

me gusto tu cuento lean, pero pense que tu abuela se habia muerto de verdad y me senti mal por eso..esta bien q eso me pase? o sea tenes esa intencion. Creo que el cuento termino antes de esto o por lo menos me dio esa sensacion:

"Yo no perdono. Ni tengo piedad.

La piedad es otorgada a causa de una desgracia inmerecida. Y en esto no hay nada de inmerecido. Soy el esperpento más cruel y rencoroso que existe en este momento. No siento culpa.

La nona se fue.

Sigo mirando mi libro en blanco y la luminosidad que cae sobre el. Temblando de frió y angustia.

Buenas noches."

la prometida del rey de los locos dijo...

Ay, esos momentos locos… es necesario plasmarlos.

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