Pregunta difícil, y probablemente, en última instancia, inútil su respuesta. Inútil para el poeta, si no llega desde dentro del acto mismo de la creación poética; inservible para él cualquier intento de pálida conceptualización externa. Quienes quieran definirla estrictamente –y la tentativa es, aunque legítima, un tanto irrisoria-, sólo podrán hacerlo aferrando los restos fríos, los retazos cenicientos del fuego central que alumbra -breve, imposible, único- en el hacer incierto de la poesía. ¿Qué es la poesía? Sólo la poesía puede darle al poeta –aunque siempre incompleta, precaria, borrosa- una respuesta que le sea (vitalmente) válida y útil. No hay poesía sin esa incertidumbre.

No es esto evadir el problema, sino colocarlo dentro de ciertos límites, definir su alcance. Así, entonces, responder a ese ‘qué’ requiere, creo, interrogarse acerca del hacer, el trabajo, la praxis que hace estallar la poesía y su materialidad en el mundo. Si existe alguna esencia, es ahí donde está, es en la práctica humana concreta del acto poético donde se manifiesta su posible existencia. Y en ningún otro lado. El ‘qué’ de la poesía sólo puede estar en el acto mismo que le da su existencia total: el poeta lo sabe bien porque vive -sufre, alimenta, disfruta, (se) hace y deshace- íntegramente el proceso de creación, que es único (y cada vez) para cada poeta. No hay poesía sin ese trabajo.
No sólo ‘qué es’, sino ‘cómo aparece’, es, por lo tanto, también la cuestión. Es, quizás, antes que nada, la poesía, una actitud hacia el mundo, y, por lo tanto, una actitud hacia el lenguaje, que es el instrumento que nos permite (pobremente) instalarnos en el mundo. En la incapacidad, en el desajuste del lenguaje para decirnos las sombras del mundo está, pues, la poesía. Desde (en, contra, por) el lenguaje hace el poeta, a partir de vagas intuiciones, su imagen del mundo, sus símbolos; construye, volviendo a cero si hace falta, su propio instrumento, uno que se adecue al extrañamiento de sus visiones, que le sirva para hundirse en la hostilidad de lo oscuro; el desafío es hacerse un lenguaje propio, imperfecto pero intacto, viviente, distinto de aquel petrificado y desgastado -el de los diccionarios y los libros de gramática- que no le permite nombrar lo que le sucede porque está vacío de sentido. Implica esto, claro, una ardua labor. Carcomiendo, iluminando, la poesía se retuerce, rebelde, en las minúsculas fisuras de ese simulacro -falso y en apariencia compacto- que nos ofrecen desde que nacemos y que llamamos vida (y lenguaje y mundo), para devolver alguna pequeña plenitud al ser desarmado que somos. No hay poesía sin ese enfrentamiento, esa rebeldía.
El lenguaje: patria y campo de batalla. Puede ser la poesía cuando hay sangre derramada que se filtra en esa tierra, y la renueva. Sangre porque no se conforma con la verdad a medias, con la libertad a medias que reinan en el mundo, presentadas, arbitrariamente, como lo único posible. El poeta conjura lo irreconciliado, evoca lo desconocido, invoca lo imposible; la poesía es su hambre de subversión, de restauración, de consolación (que es el de todos, de alguna manera). La poesía es su libertad y su verdad, su sed de utopía en ese arrastrarse para alcanzar la otra orilla y volver con una luz menos opaca, con un agua menos amarga. Desnudez, intemperie: condiciones óptimas para arder las máscaras ciegas que llevamos incrustadas y así, una vez al menos, ver, respirar, cantar. No es sencillo. Requiere ciertos sacrificios. En esos sacrificios -ausencia, silencio, hundimiento-, el poeta, consciente y vigilante, hace nacer su libertad, su verdad, su utopía -sus alimentos- y los ofrece al viento, a la lluvia, a la niebla. No hay poesía sin ese hambre, esa sed.
¿Qué es la poesía? Si indefinible por estar agazapada siempre en lo indecible de la experiencia poética, puede decirse, sin embargo, por decir algo y no escaparle al asunto, que la poesía es, tal vez, incertidumbre; trabajo; enfrentamiento y rebeldía; hambre y sed incurables.

3 comentarios:

Nadia Caramella dijo...

Estudio letras y descreo de la crítica literaria...raro, lo sé a mi pesar. Pero en este caso dejame decirte que tu aproximación se aproxima a lo que para mí es la poesía, algo indefinido que sale...simplemente nace, crece y madura, como asi tambien muere por lo menos para el autor...Nos aproximamos a algo entonces... también creo que las verdades "definitorias" como la libertad son tan relativas como bien decis en tu texto: el lenguaje es pobre en muchos sentidos es tanta la distancia entre el recorte del lenguaje y la realidad que hay abismos casi irreconciliables..asi que "let it be" que la poesia y el arte nazca por algun agujero de nuestro ser diáfano...

Nadia Caramella dijo...

Carajo!

la prometida del rey de los locos dijo...

Tu definición de lo indefinible es poesía. Tu voz siempre es poesía.

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