La última mesa a la izquierda- me dijo el acomodador.
- Ahí, ahora una de la chicas se acerca y te trae los cartones.
- ¿Pero que mesa? Pregunté.
No la veía, me sentía perdido, como en una boda de esas en las que no sabés por qué te invitaron, ni quién te invitó y la búsqueda de tu mesa te marea. Esta era una boda muy grande, muy iluminada y con catering de cartón. Esa era mi mesa, la última a la izquierda. Una señora con el pelo enrulado, teñida de rubio, los labios pintados de rojo fuerte y los ojos muy delineados, hablaba por teléfono en guaraní. Me sonrió dándome la bienvenida. En este micro mundo todos parecían profesionales, doctorados, licenciadas, másters en suerte. El azar está escrito, el destino no.
¿Es tu primera vez?- no preguntó, afirmó la señora de pelo enrulado teñida de rubio. Yo asentí. Vas a tener la suerte de principiante-me dijo con cierta dulzura y guiñándome un ojo.
