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Puede ser tuyo el silencio
de dos amigas en un cuarto

el color que ahonda
el chasquido de un deseo

la sed de la vista
furtiva en un viaje

puede ser tuya la gruta
que anida en un saludo

pueden ser tuyos los minerales
de la cueva vertical

la excusa que encuentre
la casualidad que te lleve

la vigilia que deje
un regalo secreto

las palabras pueden hacer círculos
y en el medio puede no haber nada

el cigarrillo puede apagarse
los kioscos pueden estar.

... 


Por que volveríamos cuando
las formas ya han caducado
¿Rehacer la misma pregunta
no es decir lo mismo?
Si decimos regreso
entonces nunca hemos huido
pero si la certeza
se hiciera de preguntas
la anticipación no conjuraría
ningún objeto
¿Por que seguimos buscando
la unidad esencial sobre
la cual anclar nuestra fuga?
Perder es una ficción
para cuando ganar
tiene un nombre.

... 


Un bol pequeño blanco,
puse crema
y azúcar
en su interior
una cuchara metálica
comencé a revolver
y revolver
y revolver
aquello blanco
con otro tipo de blanco
un blanco distinto,
revolver
y revolver
como si la cuchara creará
un huracán:
aquello desprendido
de sus aparentes cimientos
se homogeneiza nuevamente
revuelvo
y revuelvo
re
vuelvo
¿Revolver es volver?
¿Si revuelvo mucho las cosas
llegaré al comienzo?
¿En serio hubo
un choque inicial?
Googlear revolver
siempre te va a dar revólver,
quizás buscar que otrxs
te digan mas de algo
te lleve siempre a una bala,
gira la cuchara, gira la bala
plomo y plateado
en el cañón, en el bol
si giran con mucha fuerza
la crema puede caer fuera
manchar un libro,
si batimos y batimos
lo distinto puede quedar
en el olvido,
la crema y el azúcar
pueden convertirse en crema,
dos que se unen en un nombre
sin singular
nadie disparó
pero algo pareciera morir
¿Pierden sus libertades
el azúcar y la crema?
¿O soy torpe creyendo
en mi omnipotencia?
¿Puedo creerme cuando
me limito en mi torpeza?

Llamar a las cosas que se unen:
el mayor componente
se lleva el premio de mi ignorancia
y gana de mentira
un anaquel en el mundo de las ideas:
Crema
¿Como podría liberar
participar con ellas?
¿Es inútil hablar?
Nada libre tiene nombre
o puede nombrar,
envidio a los objetos
insurrectos en esencia,
tan distintos
a los sujetos
¿Como coge la crema
y como ama el azúcar?
Revolver
y revolver
esto puede ser
una revuelta
apuntar a un blanco distinto
otras coordenadas
de color.



| Sobre la autora |

Emi Félix (1996) escritora, música, malabarista, panadera, no binaria, libertaria anti-identitaria, Ditto. Actualmente incursiona en el mundo de la auto-edición y la autopublicación. Asiste a distintos talleres de poesía. Eventualmente dará talleres de InDesign / Poesía a pesar de la ansiemarx asimilacionista.
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LA SIESTA

quiero dormir la siesta
cuchareado por un obrero 
de la UOCRA 
dormir
acurrucado en su vientre
protegido por su panza.
quiero que me agarre 
las tetas que no tengo
y me acaricie el pelo, despacito
después oírlo llorar con disimulo 
darme vuelta 
y preguntarle qué le pasa
que me diga ahí 
quizá
que me quiere
y que fui
su mejor construcción

BORGES Y YO

Fue todo un sueño.
Caminábamos con Borges 
por los techos de las casas 
de la ciudad de La Paz. Era 
de madrugada, recuerdo
y nos sentíamos
los únicos tontos despiertos
en la fría noche boliviana.
Borges se sentó despacio sobre 
las tejas y observó desde la altura 
aquella antigua y mágica ciudad.
Borges dijo: “diáfana perspectiva, acaso 
esperanza en nuestras tristes pupilas”.
Y yo me decía, claro, estas cosas 
debe decir Borges
hasta que Borges giró hacia mí
me miró fijo a los ojos
agarró fuerte mis dos manos, acercó
su cara a centímetros de la mía
y dijo: aguante Peron, manu
y yo dije ¿cómo?
¡Que los días más felices fueron 
son y serán peronistas, compañero! 
¡Pero usted era muy gorila! le dije
No tome tan en serio a aquel Borges, dijo
es cierto, ha logrado 
ciertas páginas válidas, pero esas páginas 
no me pueden salvar, quizá 
porque lo bueno ya no es de nadie.
Verá -siguió- Spinoza entendió 
que todas las cosas quieren perseverar en su ser: 
la piedra eternamente quiere ser piedra 
y el tigre, un tigre. 
Yo, Borges, he de ser siempre peronista
y sobre aquel escritor
me reconozco menos en sus libros 
que en muchos otros, o en la fuerza 
de dos dedos agitándose en “V”, o en aquella 
estridente liturgia de bombos y gritos, o claro 
en aquel resplandor en la sangre 
que fue el 17 de octubre.
Debería releer su obra le dije
No relea nada me dijo, de aquel Borges
me consta su perversa costumbre de falsear 
y magnificar. Yo me dejo vivir -dijo- 
para que Borges pueda tramar su literatura 
y esa literatura me justifica. 
Pero yo estoy destinado a perderme, manuel
mi vida es una fuga y todo lo pierdo 
y todo es del olvido.
Todo, menos el peronismo, dijo Borges 
y de pronto sacó un vino.
Brindemos -dijo sonriendo-
por ese gran argentino
que se supo conquistar
a la gran masa del pueblo
combatiendo al capital.
Recuerdo luego el silencio
y nuestros ojos hipnotizados 
por la ciudad. Fue todo un sueño 
sin embargo no sé 
quién de los dos lo ha soñado 

EL RAYO

Al mirar por la ventana 
vi un rayo caer sobre la calle
incrustarse en el asfalto
y ya no desaparecer. Como 
congelado en una fotografía 
un hilo gigante de luz azul quedó solito
ahí, tendido desde las nubes hasta el suelo
flotando estático en la noche
alumbrando los insomnios
o por lo menos el mio. 
Pensé: si hoy 
el cielo le soltó la mano 
¡qué momento horrible 
para quedar huérfano! 
Pero vi al barrio pronto llegar 
escuadrones de gentes con paraguas
rodearon al rayo como si de un accidente 
o un animal exótico se tratase.
Se preguntaron 
claro que se preguntaron
qué hacer con eso que toda la vida
llegaba y partía como en un parpadeo
y ahora resistía la muerte 
y ahora desafiaba a la tormenta.
Un chico quiso tirarle una piedra 
de inmediato lo frenaron hombres 
para quienes el miedo era 
mayor a la curiosidad. Confieso
haber vuelto a mi cama. 
Lo que afuera podría suceder
era para mi historia vieja 
debates del pasado:
si el rayo se iría con la lluvia
o se quedaría para siempre en la avenida
si la quietud lo volvió inofensivo
o habría que arriesgarse a sentir la descarga
si habría que ayudarlo a volver para arriba
o habría que explotarlo como atracción turística
si sería su presencia un castigo
o sería en cambio un milagro
si habría llegado el fin del mundo 
o sería el comienzo de uno nuevo
si sería una soga por donde bajen los dioses
o una escalera donde suban los mortales   


YA NO HAY MÁS CIELO                                    

Ya no hay más cielo 
me lo comí
fue un atracón
un hambre violenta 
un impulso infrenable 
y me lo he comido todo, ¡todito! 
Y miren que panzadas en 
mi vida he tenido varias
¿pero un cielo?, ¡jamás! 
Fue tan sencillo como 
estirar la mano y agarrar 
unas cuantas nubes
después la luna
un manojo de estrellas un 
parcito de planetas
para luego masticar como un chicle 
esa infinita tela celeste. Así fue 
que me comí un cielo
en realidad “el” cielo
porque cielo que yo sepa 
hay uno solo, ¿no?
La cuestión es qué hacer ahora 
con eso en la panza ¿Saben 
lo que se siente albergar en el estómago 
semejante cantidad de astros? 
Se imaginarán: ¡si algo me falta es hambre! 
En realidad me pregunto 
qué sería tener apetito después de esto 
para qué sirve tenerlo o si acaso 
volveré a experimentar esa sensación 
¿Y si se formara otro cielo? 
Quizá no vuelva a comer 
hasta que eso suceda 
como si me haya convertido 
así de pronto 
en un cielodependientec 
como también me pregunto 
qué quedó arriba nuestro
si la nada
o no sé qué cosa rara 
o si la gente me odiará 
por no dejarla encontrar 
formas en las nubes  
si me tendrán rencor
por habituarlos a no levantar la vista  
por miedo al vértigo, al vacío 
o al aburrimiento. Tal vez así
malacostumbre a todos a buscar
las estrellas en las lamparitas 
las luces de los autos
las chispas de los encendedores
a encontrar la luna 
en la luz amarilla de algún semáforo
los dientes blancos de alguna fiera 
la mirada ingenua de algún niño 
a topar con la neblina en una ducha bien caliente
a reconocer la lluvia
en el llanto triste de un par de ojos 



| sobre el autor |

Manuel Iván Duarte (mane) nació en Buenos Aires en septiembre de 1993, en el barrio porteño de Villa del Parque. Se encuentra pronto -cree- a recibirse de sociólogo en la UBA. Integra actualmente el colectivo de resistencia poética “+ Poesía”.
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ilustración de femimutancia 


por Ariel Luna

Mientras esperaba que lleguen les demás Víctor sacó un frasquito que guardaba en su riñonera. El calor húmedo de enero era inaguantable. Hacía un mes que no llovía y el vapor parecía acumularse con especial interés en aquella zona del bajo de Boulogne. Era el mes de la sequía, sin lluvia y sin sustancias. Los tranzas viajaban a la costa y el barrio quedaba dividido entre les prevenides que se acordaban de guardarse algo y les colgades que andaban dando vueltas para ver si alguien les giraba alguna tuca. Victor tal vez quedaba afuera de esas dos categorías, así como de tantas otras.

  En el pequeño frasco llevaba un pedacito de prensado, que por nada casual había encontrado en la billetera de su hermano Sergio, cuando lo que buscaba en principio era algo de guita. Reivindicar plata de su familia era algo que le causaba especial satisfacción. Su relación con elles por momentos se tornaba hostil. Víctor era el menor de tres hermanos. Su madre era trabajadora municipal y su padre se había borrado hacía varios años. En ese momento Carlos, el hermano mayor, comenzó a hacerse cargo de la economía familiar y se adjudicó el rol de “onvre de la casa”, adoptando comportamientos autoritarios y mezquinos. Sergio, el hermano del medio, trabajaba en una fiambrería del barrio. En apariencia era independiente, pero su madre le hacía absolutamente todo. Sin embargo, ese privilegio pasaba inadvertido; no para Victor. A él le tocaba recibir órdenes y reiterados reproches por no ajustarse a la dinámica familiar. 

  Sentado en unas de las escaleras intentaba picar el porro que estaba seco y duro como la estima hacia sus parientes. Desde allí observaba las construcciones de los monoblocks. Sus pasillos laberínticos eran símbolo de la condición en la que se encontraba, desorientado y sin tener muy claro qué dirección debía tomar. Ante la duda se armaba uno. En el patio del complejo unos pibes jugaban a la pelota. Victor miraba con un poco de envidia a dos de ellos que estaban en cuero. Ese sentimiento le resultaba incómodo, pero más incómodo aún era el binder que llevaba puesto. A pesar de las altas temperaturas él prefería usarlo, la faja pectoral le producía una comezón insoportable. Se había imaginado incontables veces andando sin remera, con la misma libertad que los pibes que a menudo se paseaban por el barrio con el torso desnudo, sin pudor, sin miedo, sin disforia. 

  La lengua humedece la seda, el cigarro se materializa al enrollar el último tramo de papel. Magnifico cilindro relleno de hierba cortada con las más finas porquerias. Luego de realizar la importante tarea aseguró el faso colocándoselo en una oreja. Al levantar la vista reconoció inmediatamente a Luquitas, que se acercaba sin prisa y cargando al hombro una especie de bulto con forma de balón.  - ¡Que onda turro!, traje una sandía.- dijo Luquitas al intercambiar saludos. - ¿Tenes para cortarla? - Preguntó Victor, y adivinando la respuesta, se adelantó a sacar un cortaplumas de la riñonera. - Ni filo tiene, pero puede andar.- Y le facilitó el instrumento para que proceda con la incisión. Solo faltaba Ayelen, que era la más colgada y siempre caía tarde. Victor y Lucas aguardaban su llegada comiendo la enorme y refrescante fruta. -¿Empezaron sin mí? -Dijo Ayelen con tono irónico cuando al llegar los vió sentados en la escalera celebrando aquel festín. -Te esperamos para el postre.- Contestó Victor señalandose la sien, indicando orgulloso el preciado estupefaciente. Agarró el porro y se lo giró a Ayelen para que lo encendiera.

   El humo era una buena carnada para atraer manijas, desafortunadamente esa no era la intención. Aun así, en efecto se acercó rápido uno de los pibes que estaba jugando al futbol. -Ey wacha, me convidas una seca de eso. Dijo el pibe dirigiéndose a Victor que pitaba pausadamente mientras sostenía la mirada penetrante sobre los ojos del pibe que empezaba a impacientarse. El misgendreo había quedado resonando en la cabeza de Víctor, y sin demostrar su enojo le pregunto: -¿Y vos que nos das a cambio?.  Por la expresión en la cara del pibe, Victor supuso que su intención de sacarlo de foco estaba dando resultado. -¿Tu hermano sabe que fumas esa mierda?. -¿Y vos que sos policía o el gato del gil ese? El pibe no supo que contestar, confundido se dio vuelta para ver a sus compañeros como buscando algo en ellos que pudiera negociar. Con un aire de resignación volvió sobre Victor esperando que él le facilitará la cuestión. -Ya se. Juguemos un partido. Nosotros tres contra ustedes cinco. Si ganan ustedes se quedan con el porro. Si ganamos nosotros nos compran una coca. ¿Qué te parece?. Al pibe se le dibujaba una sonrisa bolasera. Pensaba que la apuesta era buena, y fue a contarles a sus copañeros sobre ella. Mientras se acercaban a los pibes que seguían jugando, Victor con carpa puso al tanto a sus amigues sobre su plan.

   Sergio jugaba con el grupo de pibes cuando vio que se acercaba su hermano. Sintiendose molestado fue a encararlo. -¿Y vos que haces acá? -Vengo a enseñarte a juegar al futbol, y al gil esté a que respete los pronombres. -Como somos menos sacamos nosotros, dijo Ayelén agarrando la pelota y les tres se fueron cerca de su arco. Sergio discutía de forma caprichosa con sus compañeros porque no quería jugar con su hermano. Lo que no sabía era que su deseo iba a hacerse realidad. 

   Victor, Luquitas y Ayelen se habian alejado lo suficiente y sabían que era el momento indicado -¿A la cuenta de tres?- Propuso Luquitas. Y al unísono todes pronunciaron. -Uno, dos, ¡tres!. Fue entonces que salieron corriendo tan rápido como pudieron. -¡Se llevan la pelota!- Gritó uno de los pibes atónito por lo que veía. -¡Volvé acá lesbiana de mierda!. Gritaba embroncadisimo él que había hecho la apuesta. -¡Te re cabió, chongo pelotudo!. Fue la respuesta que recibió junto con eufóricas carcajadas. Sergio en principio quiso perseguirles, pero ya era demasiado tarde. Pudrirla resultaba gozoso. Escaparse con el botín, corriendo como criaturas cuyo espíritu aún no ha sido domesticado, les dió la vitalidad que hacía tiempo no experimentaban. 

   La tarde empezaba a caer sobre el baldío que se encontraba en las afueras de los monoblocks. Allí les pibis jugaban a la pelota y fumaban del porro que tambíen había sido robado. Víctor sonreía cuando pensaba que la situación podría ser aún más ideal. Así que se sacó la remera, luego la faja, y con sus tetas de pibe al descubierto sintió por fin la libertad que había deseado durante mucho tiempo.


| sobre la autora |

Ariel Luna (1995) es escritora, música y activista trans no binaria, anarkista y conurbana. Desde los 16 escribe diarios como modo de supervivencia. A los 20 comenzó a leer sus poemas en varietés y ciclos artísticos. Actualmente se encuentra incursionado en el mundo del fanzine. En septiembre de este año editó su primer plaqueta de poemas basada en su blog “amor activista”.
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MASTURBACIÓN


Quiero
llegar a mi casa
y masturbarme con

restregar el clítoris
con un trapo viejo
inundar el piso
con flujo resbaloso
transparente blancuzco

frotarlo
con un banco de plaza
puesto estratégicamente
a la altura de las caderas

abrir la puerta
del departamento con la concha
angustiada de excitación
usar el picaporte el agujero
de la llave los tornillos sin manos

una vez adentro
que haya un vaso de agua
volcarlo
lenta
mente
sobre mi órgano
completo de sangre
latente
brillante

acunar
con labios vaginales
la tormenta
los rayos todos
cada uno de los truenos que sacuden los ventanales de las casas
los troncos caídos que interrumpen el tránsito
la inquietud que provocan
las nubes negruzcas opacas espeluznantes

quiero
llegar a mi casa
y masturbarme con
los minutos muertos
de una línea de producción fordista

qué mejor que los tocs
y las neurosis
insistentes
insistentes
para dejarlos que pasen
una y otra vez
una y otra vez
por esta concha baboseada agitada expectante

la biblia dice
que los apóstoles
llevaron el mensaje de dios a todo el mundo
porque una lengua de fuego
les enseñó todos los dialectos

yo digo que es mentira
una mentira imprescriptible
hasta que esa lengua de fuego
venga y me chupe la concha.



PÁJARO NIDO


esa que podría ser nuestra y mirarnos
con anhelo
mirarnos construir algo hermoso

los pájaros migran no porque no tengan
capacidad de echar raíces
difícilmente son opuestos
a las plantas que crecen al costado de las vías

los pájaros migran construyendo
nidos en sus vuelos
nidos en bandada
nidos en el norte
nidos en el sur
en este sur que hoy los vemos
en el descanso de la tarde
en el balcón de un domingo

traemos ramitas en el pico
y traemos paciencia
las apilamos con la ternura de quien prepara un mate a la hora de la siesta
y decimos es nuestro

en la soga cuelga la ropa del vecino
nos mira armar un pájaro
que abre las alas sembrando flores dulces
madreselvas damas de noche
nos mira con el anhelo de despegarse
de esa soga y salir
disparada con el viento y retornar
trayendo en el pico
algo nuevo y hermoso


Ahora que vivo en capital
cuando llueve no hay goteras no hay 
barro en los pies los zapatos no
se ensucian lo perros no
enchastran la ropa de alegría.

Ahora que vivo en capital
cuando me preguntan de dónde
soy dudo no lo sé
doy la respuesta larga:
me crié en moreno pero vivo
en parque chas villa ortuzar por ahí.


Ahora que vivo en capital
trabajo en oficina ropa formal peinado a la moda
50% de descuento en la segunda unidad
llego a mi casa a través del subte y un ascensor
y debajo del asfalto hay cloacas.

Ahora que vivo en capital
no tengo patio pero puedo ver
el paraíso y el ceibo en la vereda
igual que en mi casa
cuando me levantaba para ir
a trabajar a la verdulería.
El negocio de Carmencita tiene la mejor calidad
- y así sale también – dice mi mamá
pero bueno a lo de Carmencita van a comprar
los que viven en capital y tienen
una casa quinta en el barrio
son señores y señoras altas
de piel clara y sana.
A veces me preguntan que si soy la hija y yo
un poco me molestaba porque
si yo no soy boliviana hasta que un día
me vi en el espejo
la cara las manos morochas y llenas de tierra y dije
sí soy.

Ahora que vivo en capital
en un barrio de capital
me gusta pensar que este ya es mi barrio
que ya sé que la chusma de la esquina le va a contar a todos
que salgo con una chica
y a veces con un chico
y cada tanto otro
y que por eso debo ser fácil que no se sorprendan
si un día le caigo a mi mamá embarazada.

Ahora que vivo en capital
pongo el lavarropa semiautomático
los domingos a la mañana
mientras tomo unos mates dulces
y me acuerdo cómo era
charlar con mamá y que me diga
que su patrona es buena cuando está de buen humor
pero que no cría a sus hijos:
que Benja llora cuando mi mamá termina de trabajar
y que a la suya la saluda contento
o que me diga
me duele la rodilla alguna pendeja debe estar preñada
y que venga Alicia a contarnos las buenas nuevas del barrio.


Sobre la autora |

Kari L Ardizzone (1990) creció en La Reja, Moreno.  Desde 2013 vive en Capital. A partir de 2017 comparte casa con García, tremendo gato hecho de caos y amor. Ardizzone escribe poemas y le gustaría no trabajar turno mañana nunca más. Actualmente forma parte de +Poesia - COLECTIVO DE RESISTENCIA POÉTICA y asiste al taller de Osvaldo Bossi.

|  más de la autora |


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|Sobre la autora|


Lucía Paula Noel
03/03/1997
San Cristóbal, Buenos Aires, Argentina.
Publico generalmente en mi cuenta de instagram: @luciapnoel