escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios
ilustración de Wenyi Geng


Retrato de una inundación que ocurre en otra casa

Una gotera marcó, durante pocas noches, el tiempo de esta casa.
La escuchaban con las medias puestas.
Salían de la cama y caminaban dando brincos como los gorriones
pero las medias se enfriaron y les agarró fiebre.

«Chicos, la inundación se llevó nuestra casa. Ahora está en un lugar mejor».
Hay que volver a comprar camas, tomar fotos para los portarretratos (lo peor de una inundación, perder las fotos).
Pero la mente es amante de los rincones que permanecen oscuros.
No importa elegir entre un sillón verde o gris. Ya no se almacenarán los últimos cambios.
Los adultos de la casa no tenían su fe puesta en los objetos,
y sin embargo…

Pocas cosas de verdad quedan.

El gato duerme sobre la lámpara que fue necesaria para encontrarlo.


Una ciudad en silencio

Y agarró la bola de nieve del living, la sacudió y dijo: así es la guerra.
Yo solo veía los copos artificiales algo agitados y molestos,
pero no por eso menos dulces.
Una vez, un adolescente del hotel donde estábamos
puso explosivos en un balde con sapos y nos hizo mirar.
Agarré la bola para dejarla sobre el mueble de madera. Decía: Neuquén.
Neuquén, quiero que estés en silencio ahora, y en tranquilidad.
Cubrí la superficie con un trapo, como si fuera un animal después de la anestesia que no puede recibir luz.
Qué aburrido, una ciudad en silencio—dijo él, riéndose.
Debe estar llena de viejos.


Colón, Entre Ríos

Era tal como sigue pero con una taza.

Con el tiempo convertido en una paloma entre sus manos, mi abuela nos explica sus dolores:
«tengo un florero roto
en los pulmones. Algo húmedo y pinchudo a la vez.»
Caminábamos, hilos sobresalían
como maravillosos momentos de otra especie en nuestro abrigo de invierno.

El viento estaba limpio, el río sin peces, todo había sido lavado, y ahora sé bien En esos años
las palabras se habían inclinado a nuestro favor
indicándonos las formas para referirse al dolor, aquel objeto tan privado.

(Me conmovía
este signo: los pichones hambrientos y el pan).


En Entre Ríos, mi hermano sacó del agua un tronco que al principio pareció
la terrible yarará.

Recuerdo
para reconocer lo que es discontinuo, como las cascadas soy profundamente reflexión
sobre el hueso de mi historia, escribo y pregunto desde siempre de dónde surge nuestro río 
abuela
me miro en lo que pienso del río
   mi rostro es lo que la víbora al tronco.




| Sobre la autora |

Florencia Madeo Facente nació en 1992. 
Está terminando el profesorado en filosofía y actualmente trabaja como profesora de español para extranjeros. Asiste al taller de Paulina Vinderman. Pronto aparecerá su primer poemario Una ciudad en silencio en la antología de poesía joven «Celofán» (La Carretilla Roja Ediciones, 2018).

0 comentarios
por Milagros Corcuera

Escribo en un cuaderno golpeado, hecho percha, guerrero, que seguro se perdió en el fondo de mi bolso al lado de mi bufanda, atrás de la cartuchera, entre mis monedas, dos libros, la yerba y el mate. 
Las tapas tienen tatuajes de vidas pasadas, manchas de alcohol y café, arrugas de lluvia y trajín. Sé de donde vienen mis cuadernos. Regalos o ferias, casualidades o robos. Todos tienen una filiación algo esquizofrénica y distintos tamaños: en ellos, los diarios de viaje se mezclan con las cuentas y puntajes de una generala o cualquier juego, al lado de un poema está la cita del dentista o un número telefónico. La vida, qué más da, no separa las cosas en tarritos ordenados y yo tampoco planeo hacerlo. No tengo un lápiz favorito, si no el que tenga más a mano –leer sí, se hace indudablemente con un lápiz negro, pero para escribir cualquiera que tenga tinta me sirve-. En emergencias sirve el celular, si es que realmente tengo que escribir, si el poema lo pide y hace su pequeña explosión. 
Chispea una imagen, resuena su murmullo y comienzo tirando del hilo a ver qué pasa; el misterio de qué forma toma: muchas veces me sorprendo sin saber de donde sale, otras soy consciente de mi construcción y busco palabras mullidas, suaves, que hagan nido y contengan esa imagen vibrante frente a mis ojos. Me gustan los cubiertos con filo, las palabras precisas y sustanciosas que saben mezclarse con las otras que esperaban en la parada de un bondi a que llegue yo.
A veces me quedo quieta frente a una puerta mucho rato sin entrar a la casa, porque tengo el hilo en la yema de los dedos y si entro temo que quizás lo pierda. Suelo escribir sola. Anoto en la calle, en el subte, frente al sol en una terraza; las palabras corren de un tirón, cada tanto tacho un poco, o me detengo a contemplarlas. 
Hace rato que no se aparecen los poemas tristes, mojados, y a mí, como a Gabriela, escribir me alegra; veo el dibujo del hilo que puedo recordar en otros días; sirve para amuletos y embrujos, para compartir con amigos, para enunciar una crítica. Me sonrío con lo que me rodea y agradezco en forma de poema. Pienso en forma de poema, guardo poemas como figuritas de un álbum que es mi pequeño collage de mundo recortado. 

Si todo ha terminado, si encuentro el cuaderno golpeado, si siento que puede madurar su fruta, los versos encuentran su cauce en las teclas y se transcriben a un lugar menos físico, más imperecedero, para acumularse en una carpeta virtual. Sé que les resulta incómodo, sé que es frío como un condominio donde todos los portales son iguales, pero ubicarlos me da una dirección a la cual mandar postales y donde es más fácil recibir visitas. 


*Este texto forma parte de su libro, Trasandina (Ediciones Letras en la Arena, 2018) que fue escrito y publicado en Valparaíso.


| Sobre la autora |

Milagros Corcuera (1993) es poeta, pelirroja y porteña: nacida y criada en la ciudad de Buenos Aires.  
Durante el primer semestre de 2018 vivió en Chile, como estudiante de intercambio de Letras (Universidad de Buenos Aires) en su otro puerto, Valparaíso. Es Integrante del Taller de Poesía de La Sebastiana 2018 dentro de la Fundación Pablo Neruda.

Publicó Un paso afuera, plaquette de poemas ilustrada (Buenos Aires, 2017). Junto a la fotógrafa Nadia Díaz montó la exposición fotográfica-poética Instantáneas (Buenos Aires, 2015). 

Además, es docente, bibliotecaria y narradora.

Cree firmemente que de sus padres biólogos aprendió a mirar las cosas con detalle, y que la poesía es una de las mejores maneras de relacionarse con el mundo. 
2 comentarios









| sobre la autora |

Julieta Alvarez es Diseñadora Gráfica graduada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (Universidad de Buenos Aires). Siempre le gustó dibujar y mientras estudiaba descubrió la ilustración. Continuó formándose en talleres para desarrollar su lenguaje y dedicarse a esta profesión. Durante dos años participó con ilustraciones editoriales para la Revista CHOCHA y actualmente es parte del colectivo Liquen de ilustradoras que autogestionan sus proyectos.

| contacto |

mail 
0 comentarios


| Sobre la editorial |

Ausencia editora es una editorial de encuadernaciones artesanales que reúnen experiencias poéticas, dirigida por Guillermo Villani

| más de la editorial |

0 comentarios



Estoy solo porque no estoy seguro

estoy solo porque
no estoy seguro
me choco con el borde
de las escaleras al pasar
el viento que corre en la vereda
es fresco y reconfortante
tiene su propio andar y yo
me uno por un rato

hay desiertos
que de tan amarillos se vuelven
blancos e intocables
y quienes lo recorren una vez
no vuelven

las horas muertas de esta noche
son mis enemigas

no hay desiertos ni mareas
están la calle y los semáforos
mal sincronizados están solos

todo el tiempo


Lo importante

sé que es importante
levantarse temprano 
o por lo menos ocuparse
de las cosas pendientes

sé que debería
limpiar la cocina
llamar a mamá
afeitarme y pasar un trapo
por arriba de todo
lo que está sucio

estoy en una casa
con comida y agua
la muerte parece lógicamente lejana

debería estar tranquilo.



Game over

te subiste
a una montaña
muy alta y empinada
no es tan lejos realmente
pero la vuelta
se hace difícil
hay bastante viento
y estás sólo

pensás
en realidad
el que se sube al lugar equivocado
soy yo
y contar la historia como si fuera alguien más
no me va a servir
es así
estoy en un bosque oscuro
sin espadas ni magia
a diferencia de los héroes
de mis videojuegos favoritos

se hace de noche
y nadie viene a salvarme
el silencio es dueño de mis pasos
¿seré un personaje secundario?


| sobre el autor |

Julián Forneiro (o Forne, como le dicen sus amigos) nació el 11 de junio de 1994 en Lomas de Zamora. Creció en el barrio La Perla, Temperley.

Es estudiante de la carrera de Historia en la UBA.

Obtuvo el Segundo Premio en Poesía en el Décimo Concurso de Literatura Juvenil en el año del Bicentenario organizado por la SADE Seccional Surbonaerense (2010).

Fue publicado en la antología de El Rayo Verde (2017).

Junto a un grupo de escritores coordina el ciclo de poesía y música Big Yur Festival, realizándose en el conurbano sur desde el 2016.

También es editor de la revista virtual de dicho ciclo, dedicada principalmente a difundir artistas de la zona. (www.bigyurfestival.com).

Se interesa por las pequeñas grandes cosas como las plantas, el amor y la justicia social.
1 comentarios



Enojate hermana


Enojate, hermana, pero como yo te digo.
(me indica)
Una vez, ser morocha era manchar la silla.
Una vez, ser mujer era ser color rojo y negro. 
Un buen día obedecer no fue más opción: 
“Preferiría no hacerlo”, leímos 
(y obedecimos).
Enojate, hermana, pero como yo te digo
(insiste)
Yo soy ese lunar antiestético en el medio de tu mundo, hermana,
voy a hacerlo todo mal por el bien de las dos. Lo juro.
No pariré a sus hijos, tampoco haré selección de personal,
no estaré orgullosa porque a la mucama le pago en blanco: 
voy a limpiar mi propia mugre, hermana. 
Voy a mentir, voy a cojer con la persona equivocada y me voy a salvar (sola), 
voy a exigirme ser única, 
voy a ser una puta vestida con un kimono bordado de cangrejos (cobre o no)
y si me obligas, también voy a enojarme con vos, hermana. 
Caminaré en pose y también me voy a desarmar. Por puro gusto.
Sí, 
estoy haciendo las cosas mal 
y de eso se trata: 
definí
maldad, 
acá, 
mirándome a la cara. 
Recordando. Porque de eso se trata. 
Esto no es enojo, 
esto es reventar 
y convertirme en mi propia mujer. 
Se supone que de eso se trata.

de Este libro no es un rehén, Dolo Trenzadora (Bipa, 2018)




Trenzo mi pelo, cae un rayo

En este pueblo no había espejos
                  ni ventanas
nos mirábamos en las paredes
sucias de los desastres sin origen
con raíces enredadas en látigos
aprendimos:
cada movimiento puede ser el último
respirar, tajearnos la espalda
vimos nuestra cara en las telarañas
nos balanceamos con cuidado
entre los nudos
                apretamos la boca
el aire justo que deja entrar
insectos raquíticos
una mínima luz de proteína,
crecimos como espigas encorvadas
por el verano de los ojos dentados
sanguijuelas succionando
                  nuestra marcha
arrancadas en lo más tierno
               por manos limpias
de sangre hasta las muñecas, así
nos enseñaron el gesto de la margarita
lánguida, blanca, se abre, da
se abre, se desnuca: se queda calva
el cuello disecado en las yemas
              de los predadores.

Fuimos enviadas al desierto
         a amamantar a las hienas
a pescar anguilas con hachas
ahí nos vimos, en el filo
los ojos brillantes
nuestras lenguas rojas
uñas perforando el eco del estanque
                 nos reconocimos,
ya habíamos besado tantas veces
con los labios curtidos
de otras, que éramos nosotras
observándonos a ciegas
         en las fallas del muro
-todas fuimos nuestro espejo-.

Una mujer grita en una fiesta
una mujer cosecha en la montaña
una mujer canta al pie de un abismo
una mujer se cubre la boca y la nariz
con un pañuelo
una mujer acaricia un colibrí
una mujer prende fuego las cruces
que le colgaron
una mujer cabalga de espaldas
saluda a un puma detrás del monte
una mujer hace un círculo de sal
y mira las estrellas
una mujer arroja al agua un manojo de
células
que no tienen el nombre de su deseo
una mujer astilla mil pantallas
una mujer abre una ventana
una mujer cierra una puerta
una mujer baila desnuda
una mujer entra en el río
una mujer conjura las mareas
una mujer abraza el peso de su cuerpo
una mujer trenza su pelo, cae un rayo.

Hermana,
la tormenta que se aproxima
somos nosotras centelleantes,
estamos en camino.

de Tundra, Gabriela Clara Pignataro (Años luz, 2018)



Legítima defensa

every man I knew went to bed with Gilda
and woke up with me 
-Rita Hayworth

tener en el cajón 
de los forros
al lado, un cuchillo
filoso, pequeño, maleable
por si a mi amante se le ocurre
algo que yo no quiera
y aprender a cortar
que es lo que más me cuesta
no fui hecha para amar entre puñales
no deseo encarnar la pesadilla
prefiero la blancura de las lunas en mis sábanas
en mi imaginación, mi cama es el mar
y yo soy una sirena mitológica
siempre soñé cantar melodías más dulces
para que puedas naufragar en mí
quiero olvidar que guardo un arma entre mis cosas
pero mis uñas no me dejan tranquila 
si ellos piensan que sólo están para pintarlas de colores
un cuchillo
si ellos creen que yo no diré nada
un cuchillo
si ellos osan eclipsar los astros de mis noches
un cuchillo
y prepararme en la modestia del alba para el amor
y la guerrilla
si guardo un cuchillo cerca no duermo sola
el color metálico invoca a la legión fantasma
de mis hermanas muertas con todo su brillo
desear como sirena es metáfora
transformarme en femme fatale es un imperativo


de Femme, Florencia Piedrabuena (inédito)
0 comentarios







Sobre la autora |

Laila Ekboir es ilustradora licenciada en letras de la Universidad del Sur de California (2010).
Estudió ilustración en el taller de libro álbum de Mónica Weiss,  el taller de ilustración de Daniel Roldan y el taller de ilustración y libro álbum de María Wernicke. Dictó clases de ilustración en la Bienal de Diseño FADU 2015 y 2017. Desde 2013, ilustra para diversos medios gráficos incluyendo revistas extranjeras, proyectos independientes y  juegos educativos. Ha participado de numerosas muestras grupales en el Centro Cultural Recoleta y el Museo de Ciencias Naturales de la Plata, entre otros. Desde 2017 es miembro fundadora de Liquen, un colectivo de ilustradoras que busca alternativas de la publicación auto-gestionada, como el fanzine y los productos ilustrados, poniendo énfasis en el proceso editorial y la exploración de formatos y materiales alternativos.

| más de la autora|