Por Jaime Araya Miranda

La modernidad refuta a la tradición, de la misma manera en que el tiempo crea una nueva tradición en lenguaje poético, la esencia de la modernidad se evidencia en el trabajo literario de tres grande poetas: Baudelaire, Rimbaud y Apollinaire, debido a que no solo ponen en cuestionamiento la modernidad que se formaba en sus épocas respectivas, sino que además de hacer un trabajo que evidencia su realidad, estamos en presencia de los tres autores fundadores de una tradición eterna de la ruptura. La llegada de las vanguardias arrastran toda una tradición de la ruptura inserta por estos tres autores. La modernidad aparece como una fractura o corte profundo en el tiempo.
En los poetas románticos podemos apreciar tres características esenciales a la hora de analizar la tradición de la ruptura asociada a sus obras. Primero, que la melancolía se sitúa como el mal del siglo, un siglo drogadicto y torturante, esotérico y polémico. Segundo, que los románticos, junto con su crítica, van fundando una anti-tradición, o un “no” a la tradición, lo que a la larga va a constituir una nueva tradición. Tercero, que su noción del presente cambia, dejando de ser algo detenido y simple resultado del cíclico devenir histórico, para ser un presente único e irrepetible, fundamentado en el porvenir. La poesía de los románticos, lejos de ser mimesis, va “por delante de la acción”, como afirma Rimbaud, siendo una anticipadora y productora de la realidad; la poiesis desoculta el porvenir y el poeta debe ser un vidente.
Baudelaire, a quien se atribuye la acuñación de término modernidad, plantea que siempre hay modernidad en el arte, aún en las obras que están en función con lo eterno. Lo moderno se identifica con lo propio del devenir humano, lo fugaz, lo efímero, lo transitorio, lo inmanente. Es decir, propone el cambio. La analogía de la tradición imperante era la episteme como eternidad o cimiento eterno; la nueva analogía impuesta por el moderno Baudelaire es el carácter efímero del hombre, el carácter histórico del hombre. Baudelaire es un trasgresor de la tradición, quiere adentrarse “hasta el fondo de lo desconocido”, que es la imagen del Abismo, “para encontrar lo nuevo”, que es el porvenir. A través de la ironía en la poesía, rompe la analogía, por ejemplo, de la belleza en el poema “La Carroña”, o de la propia visión del poeta dentro de la sociedad convirtiéndolo en un anti-héroe identificado con “El Albatros”, una ave cuyo vuelo es sublime porque pertenece al cielo, pero no a la tierra, donde su andar es torpe y desgraciado. Lo bello para Baudelaire está dado por la posibilidad de la belleza, que es tan propia del ser humano ya que es efímera, así como el amor es transitorio. Propio de todas las modernidades, el poeta no pertenece al mundo donde vive, es desintegrador y por tanto es exiliado de la ciudad; sin embargo, como un albatros, vuela por lo desconocido, lo otro, lo nuevo, lo incógnito. Y las figuras retóricas que utiliza Baudelaire para “decir lo otro” son básicamente dos: el oxímoron y la sinestesia, especialmente en su poema “Correspondencias”, en el que podemos destacar la importancia del símbolo o unión de dos mitades, y solo a través de la escisión (ruptura) se puede causar la unión de ambas; en el fondo, a través de la ironía (que separa lo unitario, destruye del cosmos) se propone construir una realidad nueva, pasar del caos nuevamente al cosmos. La poesía deconstruye, pero a la vez construye algo nuevo; éste es el verdadero sentido de la ruptura.
Rimbaud, es quién se opondrá categóricamente a la tradición por medio de lo nuevo, proponiendo que su poesía estaría iniciando esta ruptura. Para él la poesía debe preceder a la acción, el poeta debe hacerse vidente, superar la observación básica a través de los sentidos y utilizar la sinestesia para captar lo que no es evidente, para luego, acceder a la esencia de las cosas por medio de los desarreglos de los sentidos, inclusive aquello que es monstruoso al entendimiento humano, al exceso de los sentidos. La poesía no es algo quieto, sino que es transformadora y creadora de nuevas realidades que van más allá de la simpleza de los sentidos.
Apollinaire es la pieza clave de las vanguardias, ya que se convierte en una visagra entre el romanticismo decadente y el porvenir vanguardista. Es en este sentido, el poeta moderno más demostrativo de la tradición de la ruptura, ya que cambia la visión tradicional del arte y lo sitúa derechamente como una actividad de vanguardia. Su ruptura con la tradición constituye el mejor ejemplo para la formulación de los Manifiestos de los movimientos vanguardistas posteriores, además de ser quien primero acuñó términos como surrealismo, y la poesía – centro del arte – pasa a romper deliberadamente la estructura lógica y sintáctica del poema, lo que podemos observar en su obra “Caligramas”.
En base a los conceptos de negatividad y pasión crítica
Comenzar a hablar de qué es la modernidad nos podría llevar a un debate extenso, se puede decir que en términos generales que la modernidad es el resultado de un vasto proceso que se ha desarrollado en siglos, presentando elementos tanto de continuidad como de ruptura. Es decir su formación y consolidación se ha producido a través de un proceso complejo que ha implicado una acumulación de conocimientos, técnicas, riquezas, medios de acción que han irrumpido en el surgimiento de las clases sociales, la ideología, las instituciones que conforman el nuevo Estado, pero que cada cierto tiempo experimenta la ruptura como una forma de transgresión intrínseca que le permite reelaborarse y reconstruirse constantemente.
La modernidad se trata de un proceso de carácter global, en lo que lo económico, social, político y lo cultural se interrelacionan, generando ritmos desiguales hasta terminar por configurar la sociedad burguesa y el capitalismo. Estas transformaciones han tenido gran repercusión en lo social, incluyendo la vida cotidiana que pierde espontaneidad naturalidad y pasa a ser programada y controlada. Los procesos que dieron origen a la modernidad condujeron a las personas empezaran a cambiar su percepción del mundo. Es así como surgen corrientes como el iluminismo que procura explicar las causas de los acontecimientos sociales y naturales a través de la filosofía. Pero ¿qué elementos nos permiten identificar a la modernidad como una época distinta a las otras?
Para Octavio Paz, la modernidad es la tradición de la ruptura, es en este sentido una época que se come su pasado primitivo para negarlo constantemente. Hay dos conceptos claves que nos permiten identificar de qué manera opera la modernidad: la negatividad y la pasión crítica. De manera que en primer lugar la modernidad se inserta en una tradición occidental para luego instalarse con una actitud de negatividad, en el sentido que esta seduce a la tradición porque es distinta, la modernidad se establece desde una diferencia con las épocas anteriores debido a su negatividad de la tradición. Pero esta forma de negatividad y seducción se debe a que se hace en la modernidad una propuesta novedosa, ofreciéndonos algo distinto a lo ya creado, pero que no necesariamente es algo nuevo. Porque en ella la negatividad y ruptura están fuertemente ligadas en el sentido de que se genera un nuevo estado o sensibilidad moderna, en donde la negación de la tradición le permite que la continuidad y la ruptura tengan una relación dialéctica, que posean además una reciprocidad insoslayable. Ahora bien, la pasión crítica es entonces el afán de incorporarle de razón y ciencia al mundo. Es decir, que el afán modernizador es proveer de tecnología y progreso al mundo que le rodea para así mejorarlo. Hay un fuerte vínculo y ruptura además (paradójicamente) con el tiempo pasado, porque antes de la modernidad la forma de hacer ciencia estaba ligada a la alquimia. Este vínculo con la magia en la etapa anterior a la modernidad es el lado oscuro de la razón, así como es la búsqueda espiritual y material de trascender, en cambio en la modernidad la tradición es absorbida y negada, deconstruida sería la palabra más próxima porque la alquimia no se deja de realizar, sino que esta evoluciona en la tecnología, en la empiria y sobretodo en la razón. La pasión crítica entonces opera de esta manera, así como la negatividad, ambas son las dos formas que la modernidad comienza a establecerse en el tiempo. Rimbaud propone esta alquimia del verbo como la transmutación misma de la experimentación del abismo, con los sentidos y el lenguaje logra el elemento novedoso negando su tradición y anticipando a las nuevas generaciones (como un vidente) el porvenir de la poesía.
Es la pasión crítica la que funciona en la modernidad como una forma de transmutar todo lo pasado para hacerlo novedoso. Baudelaire, Rimbaud y Apollinaire constituyen la decadencia de lo moderno, por eso mismo se convierten además en la ruptura misma con los cánones de la época y además son una ruptura con la tradición imperante, sea esta neoclasicismo, romanticismo clásico o estructuración poética formal. La poesía, como centro del arte, es y debe ser transformadora, en cuanto deconstruye la realidad, formada a través de la mimesis, y construye una nueva realidad, a través de una visión mucho más aguda que observa más allá de lo evidente. Las analogías se rompen, y en su lugar se imponen nuevas analogías, dispuestas quizás a que un nuevo movimiento moderno las rompa y erija en su lugar una nueva poesía que niegue al padre y lo supere.


3 comentarios:

cain dijo...

hay tantas obviedades en la linealidad de este artículo.me pregunto por qué es tan extenso.si se hubiese preocupado en eliminar las obviedades, su extensión habría sido menor. y el efecto totalmente distinto

Anónimo dijo...

Doce desaforismos sobre lo moderno

1.-Lo moderno no puede sobrevivir la época que lo engendró.
R. Lo moderno sobrevivirá a la época que lo engendró, como algo clásico.
2.-Lo moderno hace mucho que dejó de ser contemporáneo, ser perpetuamente moderno es una aspiración estéril.
R. Posiblemente sí, pero es posible ser perpetuamente transmoderno, supermoderno, o ultramoderno, lo que no quita el seguir siendo moderno.
3.-Algunas obras de lo moderno ya son tradición.
R. Todas las obras de lo moderno, no son tradición, pertenecen a la tradición
4.-Si lo moderno se convierte en tradición, intentar ser moderno es inútil.
R. Si lo moderno no fuera parte de la tradición, la tradición sería inútil.
5.-”La Tradición de la Ruptura” es por principio y al fin de cuentas, tradición, no ruptura.
R. La tradición de la ruptura, no es de ningún modo la negación de la tradición: no niega la tradición, la supera.
6.-La consecuencia lógica de “La Tradición de la Ruptura” es romper con la ruptura, es decir, quedarse con la tradición.
R. Sí, tiene usted toda la razón. Usted también es parte de esa tradición.
7.-La ruptura con “La Tradición de la Ruptura” es la forma más acabada de dicha “Tradición de la Ruptura” y su consecuencia es honrar la tradición.
R. “Tradición de la Ruptura” / “Ruptura de la Tradición” / “Tradición de la Ruptura” /“Ruptura de la Tradición”: Tradición crítica renovadora.
8.-La “Tradición de la Ruptura” es un sofisma tradicional.
R. Ningún sofisma puede ser tradicional, en tanto sofisma, ya que un sofisma “no es”.
9.-Cualquier “Tradición de la Ruptura” que no acabe en tradición es falsa tradición, y falsa ruptura.
R. Esto no es absolutamente nada nuevo, simple y llanamente es un lugar común.
10.-Modernidad que no es contemporánea, es un clásico.
R. Modernidad y contemporaneidad no son sinónimos y menos equivalentes.
11.-La única modernidad posible es aspirar a ser un clásico.
R. La única modernidad posible es aspirar a ser moderna.
12.-La modernidad consiste en la reinterpretación oscilante de la tradición.
R. La modernidad no sólo reinterpreta la tradición sino que la supera.
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Anónimo dijo...

Existen ciertos comentarios sobre el artículo de Jaime Antonio que ni siquiera merecen un comentario, pues que son muestra de la más absoluta obviedad

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