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Pobres mendigos dormitan en medio del tráfico de la sociedad mendocina, esta noche puede ser la última o la primera del resto de vida que les queda. Cuántas horas faltan todavía para que el sol de la mañana caliente las cobijas fragosas, cuánto vino malo hará falta para adormecer sus cuerpos tullidos antes que la escarcha de la mañana los sorprenda, cuánto más hastío hará falta para que definitivamente la muerte haga su trabajo.
Desprendidos de la historia y alagados con la fantasía popular que supone a un millonario, un actor o un exiguo científico en cada linyera que golpea la puerta, estos desgraciados no entran en las categorías sociológicas más que como un subgrupo marginado del sistema productivo, inactivos sin hogar, sin profesión, sin ascendencias ni descendencias, que no buscan trabajo ni reciben planes sociales, y que efectivamente no emitieron su voto en las últimas elecciones. Homeless, desclasados, sin techo, descalzados, sin vento, hambreados y harapientos.
Con su carácter ultra-ultrajado, durmiendo desmayados en los cajeros electrónicos, en las puertas siempre cerradas de las iglesias, en los bancos de las plazas y de las calles, esos seres sin nombre ni lugar, sin memoria ni futuro están ahora agonizando sus calores sobre las anchas avenidas de las ciudad, a orillas de los canales, debajo de un puente, o quizás en medio de los cañaverales.
La literatura los ha adoptado como mascotas entrañables, siempre fieles a sí mismos, respetuosos y sin honorarios. Simpáticos personajes nocturnos, entre misóginos y alegres, burlescos y demoníacos, ellos completan las historias fantásticas con escenas recortadas de su devenir cotidiano y de su hábitat subterráneo. Quiénes son sino esos seres mitológicos de los cuentos urbanos que aparecen y desaparecen de la escena -mientras una chica rubia sube a un taxi u otra morocha con un lunar encima de la boca cruza las piernas-, que pasan lentamente con sus harapos y sus eternas bolsas del supermercado, mugrientos y hediondos, sin que nadie se percate de ellos.
Los que escribimos esos cuentos urbanos, donde una chica sube a un taxi o tiene un lunar encima de la boca, nos creemos vagabundos de la noche y de la literatura porque hemos recorrido las calles en invierno tanto como en verano, y sin buscar demasiado hemos conectado dos o tres palabras con estos seres extraviados del universo, y ellos nos han dejado sus legados grabados para siempre. Para recompensar sus migajas de existencia, les hemos dedicado al pasar dos o tres líneas de nuestros relatos noctívagos, como decorativos, como testigos de un crimen innombrable.
En la mitad de nuestra neblina intelectual y de su miseria offside, al borde de todo y sin nada que perder, le hemos convidado con un cigarrillo y un trago de alcohol. Ante su lisergia bucólica hemos festejado y delirado con su locura inmunda, burlándonos del mundo que gira estúpidamente. Desafiando la ética de la razón consumista y barata, nos hemos envenenado con sus licores de sobriedad extrema, dejándonos llevar más allá de las conductas y de los márgenes.
Descolgándonos del hemisferio izquierdo de la “verdad humana”, mofándonos del tótem de la cultura occidental y de ese homo politucus insaciable que nos domina, los literatos y los roñosos nos hemos prometido una hermandad mentirosa y efímera, para volver después de cada noche trashumante, los poetas a sus musas y los mendigos a sus mugres.

[ Publicado originalmente en Desvío Cósmico ]
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difusionA/terna ediciones | plaquettes 2011

difusionA/terna ediciones es el proyecto editorial de escrituras.indie pensado para difundir escritores contemporáneos que buscan medios alternativos para hacer circular su obra. Una experiencia de edición colectiva y autogestiva de plaquettes de autores independientes. Con este trabajo editorial materializamos nuestro propósito de construir nuevas formas de difundir literatura independiente, a través de una dinámica abierta y colectiva que mantenga al proyecto en constante crecimiento, sumando nuevas obras y autores.

equipo editorial

dirección general | nadia sol caramella
edición, diseño y correción | cristián franco
prensa | joel vargas


alberto de mari - otro mundo
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almendra estradallevato - lorreal

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Señor tiene que traerme: el primer orín de la mañana, y venirse en ayunas ¿sí? A lo sumo café, mate o té, nada de sólidos, menos en su estado. Y no se olvide el carnecito de la Mutual y la papeleta roja a la que le va a tener que adherir una foto 4x4 en el cuadrito que tiene en la parte superior. Si es antigua mejor. Mírela un poquito para tener presente cuál era su cara antes de todo esto, se puede llevar una sorpresa. El Formulario de Admisión lo pide en el segundo piso, tercera puerta a la derecha, pregunte por Liliana. Los días y horarios que puede retirarlo son: martes, miércoles y viernes de 12:45 a 13 hs. Por favor, complételo sólo con sus datos, no nos interesan los de su ex.

Déjeme decirle algo, en realidad, tampoco deberían interesarle a usted… ¿Quién soy yo para darle consejos?, me va a decir ¿verdad? No es que una quiera opinar así por opinar nomás, pero sinceramente, podría cambiar esa caríta, que como su caso, se imaginará que hemos visto miles, y a la final, como dijo la Mora Furtado, el tiempo lo cura todo. Ya va a ver. Además es joven, pintón … tiene toda una vida por delante.

Ahora que lo veo en detalle, hasta desahuciado parece atractivo. Que llamativo ¿no?

Esto que yo le digo es un pálpito, porque el diagnóstico se lo va a dar el dotor cuando vea los resultados de los análises, pero no le doy mas de dos o tres añitos de duelo. Es lo normal en estos casos.

De todas formas, eso es harina de otro costal.

Sigamos.

Además de la papeleta roja, el Formulario de Admisión, el orín y la fotito 4x4, tiene que traer: las cartas que nunca le escribió, las fotos de esos viajes no hicieron nunca, y si tiene alguno de los correos electrónicos que se enviaba con el otro, del que tampoco nos interesan los datos de filiación, y por lo tanto denominaremos durante todo su tratamiento como El Tercero, ¿esta claro?. En un sobre papel madera, debe adjuntarme los TDK60 esos que me dijo que le grababa con música que le gustaba sólo a él.

Después, con todos los resultados de los analises, me llama y saca un turno para el dotor. Dígale que viene a cerrarse el plexo.

Que lo dejó su chongo y que no para de llorar. Descríbale lo síntomas, más que nada lo que me contó a mí. Supongo que si le aclara que llora cada vez que ve una foto de Baby Etchecopar, lo interna sin preguntarle tanto. Y déjese de moquear mijito, que ya se va a poner bién.

Una última cosita. Al dorso de este formulario va a encontrar unas palabras que escribió nuestro primer recuperado. No las tome muy en cuenta, porque tampoco es tan real que se haya recuperado recuperado. Preferimos decirle así, sino se nos vienen encima los de la Auditoria del Ministerio de Salud a preguntarnos que qué hacemos con nuestros pacientes, y no es cuestión. Hay muchas familias que comen de estos subsidios, ¿me entiende?. Así que sin chistar me lee todas esas palabritas inspiradoras. Es una simple formalidad, la psicóloga seguramente le pregunte algunas cositas del testo.

Que tenga buen día. ¿Familiares de Robledo? 



Ya no quiero leerte…

o en todo caso, descifrar que.

caer en la cuenta que

no tenerme es

como empastillarte para no desear,

no vaya a ser cosa que te lo permitas y el INADI te sancione por puto. 
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CURRICULUM
 
Maldita loser
De las avenidas orinadas
Paseando en la edad de la inconsciencia
Como “La” como “Él”

¿Y qué más le puedo decir?

Soy tan buena
Voy por la calle prestando mi hombro

Soy tan amigable
Me dicen hola
Les doy la fe

Soy tan romántica
Dejo mi amor sobre la mesa
Y miro con ojitos de quiltro
Esperando su respuesta

Soy tan fiel
No tiene que ponerme una correa
Yo corro a su lado meneando la colita

Soy tan alternativa
Voy al cementerio a beberme la sangre de Chinaski

Soy tan especial
Me morí en abril y desperté en diciembre

Soy tan sensible
Lloro por todos los que lloran en el mundo

¿Recomendaciones?



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Por Jaime Araya Miranda

La modernidad refuta a la tradición, de la misma manera en que el tiempo crea una nueva tradición en lenguaje poético, la esencia de la modernidad se evidencia en el trabajo literario de tres grande poetas: Baudelaire, Rimbaud y Apollinaire, debido a que no solo ponen en cuestionamiento la modernidad que se formaba en sus épocas respectivas, sino que además de hacer un trabajo que evidencia su realidad, estamos en presencia de los tres autores fundadores de una tradición eterna de la ruptura. La llegada de las vanguardias arrastran toda una tradición de la ruptura inserta por estos tres autores. La modernidad aparece como una fractura o corte profundo en el tiempo.
En los poetas románticos podemos apreciar tres características esenciales a la hora de analizar la tradición de la ruptura asociada a sus obras. Primero, que la melancolía se sitúa como el mal del siglo, un siglo drogadicto y torturante, esotérico y polémico. Segundo, que los románticos, junto con su crítica, van fundando una anti-tradición, o un “no” a la tradición, lo que a la larga va a constituir una nueva tradición. Tercero, que su noción del presente cambia, dejando de ser algo detenido y simple resultado del cíclico devenir histórico, para ser un presente único e irrepetible, fundamentado en el porvenir. La poesía de los románticos, lejos de ser mimesis, va “por delante de la acción”, como afirma Rimbaud, siendo una anticipadora y productora de la realidad; la poiesis desoculta el porvenir y el poeta debe ser un vidente.
Baudelaire, a quien se atribuye la acuñación de término modernidad, plantea que siempre hay modernidad en el arte, aún en las obras que están en función con lo eterno. Lo moderno se identifica con lo propio del devenir humano, lo fugaz, lo efímero, lo transitorio, lo inmanente. Es decir, propone el cambio. La analogía de la tradición imperante era la episteme como eternidad o cimiento eterno; la nueva analogía impuesta por el moderno Baudelaire es el carácter efímero del hombre, el carácter histórico del hombre. Baudelaire es un trasgresor de la tradición, quiere adentrarse “hasta el fondo de lo desconocido”, que es la imagen del Abismo, “para encontrar lo nuevo”, que es el porvenir. A través de la ironía en la poesía, rompe la analogía, por ejemplo, de la belleza en el poema “La Carroña”, o de la propia visión del poeta dentro de la sociedad convirtiéndolo en un anti-héroe identificado con “El Albatros”, una ave cuyo vuelo es sublime porque pertenece al cielo, pero no a la tierra, donde su andar es torpe y desgraciado. Lo bello para Baudelaire está dado por la posibilidad de la belleza, que es tan propia del ser humano ya que es efímera, así como el amor es transitorio. Propio de todas las modernidades, el poeta no pertenece al mundo donde vive, es desintegrador y por tanto es exiliado de la ciudad; sin embargo, como un albatros, vuela por lo desconocido, lo otro, lo nuevo, lo incógnito. Y las figuras retóricas que utiliza Baudelaire para “decir lo otro” son básicamente dos: el oxímoron y la sinestesia, especialmente en su poema “Correspondencias”, en el que podemos destacar la importancia del símbolo o unión de dos mitades, y solo a través de la escisión (ruptura) se puede causar la unión de ambas; en el fondo, a través de la ironía (que separa lo unitario, destruye del cosmos) se propone construir una realidad nueva, pasar del caos nuevamente al cosmos. La poesía deconstruye, pero a la vez construye algo nuevo; éste es el verdadero sentido de la ruptura.
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Fernanda Zentner
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Con el paso de los años se produjo lentamente, sin que yo percibiera el proceso, la homogeneización de mi departamento. El living y la pieza, a pesar de estar divididos físicamente por una pared (ya bastante destartalada), se fueron unificando en un espacio único y uniforme, cuya abertura de separación pasó a ser un detalle burgués, un ornamento barroco que entorpecía mi andar. Tanto era así que en el último tiempo no la utilizaba de forma consciente: uno se da cuenta de que hay una puerta cuando la atraviesa, cuando es uno mismo quien transita y conecta las zonas que ella delimita. Pues bien, desde hacía varios meses, yo sólo atravesaba la puerta gateando, arrastrándome a tientas para manotear el cenicero, algún libro a medio leer, una media o, si hacía frío, una frazada. La cocina (en tanto que ambiente), simplemente, dejó de existir. Inconvenientes relativos a la instalación de gas me obligaron a deshacerme del artefacto, las alacenas empezaron a resultarme poco confiables ante la invasión de insectos de toda clase y la heladera había pasado a formar parte del amoblamiento básico del living. El baño era lo único que se mantenía medianamente fiel a su función prefijada, más que nada por los cuidados que le brindaba Marina las pocas veces que venía -cuando me enojaba con ella, siempre le terminaba gritando que quería más al baño que a mí y que podía probarlo sometiendo a cualquier desconocido a la prueba de mirar el fondo del inodoro, por un lado, y mi cara, por el otro.
No siempre viví de esta manera. Tuve trabajos, estudié una carrera, tuve novias con sus padres vivos. En fin, fui un hombre decente hasta que una sucesión de supuestas tragedias me fue llevando, paulatinamente, al hacinamiento. Debo confesar que, a pesar del aislamiento inevitable del que viene acompañada, la pobreza es liberadora. Por lo menos para mí que, al menos, tenía un techo.
Repisas, bibliotecas, mesas, sillas, cama: vendí todo. Sólo me quedaba la heladera, un colchón y el televisor con una vieja videocasetera; todo a mano, en el living. ¿Qué había entonces en la pieza? Más desorden y otro colchón. El sueño sucedía tan escasamente que, si no lo aprovechaba en el momento justo en que aparecía, lo perdía hasta quién sabe cuándo. Innumerables ocasiones me había invadido el cansancio en la pieza y, cuando llegaba al living para recostarme en el colchón, la modorra se había ido para no volver. Me cansé  de no dormir y me conseguí un colchón adicional, gentileza de Marina. Cuando el sueño sucedía, fuera en la pieza o en el living, me arrastraba hasta el colchón correspondiente y lo dejaba invadirme.
Por eso me costaba tanto salir; me había acostumbrado a vivir por debajo de los ochenta centímetros: me la pasaba sentado, de rodillas, acostado y, si por alguna razón de fuerza mayor necesitaba trasladarme, lo hacía a tientas como los chicos, arrastrando la ropa cada vez más deshilachada (se atoraba con clavitos e impurezas del piso o de los zócalos, que mi anfibio andar no evitaba en lo más mínimo).
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El sonido de la batería me ha provocado pensar en ti, y en aquella noche calurosa del mes de abril, y en el aroma de tu pelo. Pero sobre todo en ti, en eso que te hace sobresalir de la multitud: tu lejanía, tu misterio, el saber que estás, sin saber dónde ni por qué. Extraviada. Sola en medio de la muchedumbre.
El concierto había sido organizado para celebrar tu cumpleaños. La chica desconocida más notoria entre la gente; al menos esa noche parecía ser así. Y yo sin conocerte a ti, y tú sin conocerme a mí. Pero eso sí, pásame otra cerveza bien fría.
No, lo peor es que se me acabó el dinero, lo que traía en el bolsillo lo invertí en abastecerme de mota, ya ves que luego la erizés está de a tiro muy fea y, eso no se lo deseas ni a tu peor enemigo.
Bueno, bueno, si se van a poner en ese plan mejor me largo. No, si para pinches fiestecitas jodidas mejor me quedo en casa. Aunque allí a nadie le parezca la idea. Y el cielo siempre se oscurezca sobre el rostro desencajado de papá, furioso por tu irresponsabilidad y ausencia de expectativas, “¿A qué futuro aspiras siendo así? Recapacita, busca un buen empleo, forma un hogar. ¡Carajo! Haz algo con tu pinche vida”. Y si para mañana no eres otro, te buscas una casa donde te aguanten tus jodidos sueños quijotescos, ¿está claro? Sí papá, mañana me largo a primera hora. 
Siempre existirán las noches perfectas que se recorren L-E-N-T-A-M-E-N-T-E para descubrir en ellas, igual que sobre el cuerpo de una mujer desnuda, lugares inhóspitos, durante las horas en que la ciudad es otra, distinta a la de las 10 de la mañana o la de las 3 p.m. La ciudad que sueña ser recorrida por aquellos a los que papá te prohibió terminantemente dirigirles la palabra. Y tú, en cambio, intercambias con ellos 15 pesos por un bonito día soleado. Eso los hace felices a ambos. Ríen. Esconden su secreto envuelto en papel de estraza, en el bolsillo. Continúan su camino.
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Fernanda Zentner
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Su mano temblorosa apaga el cigarrillo en el cenicero desbordado. La botella y una de las copas acababan de caerse y reventar en mil astillas de vidrio. Todavía resuenan en las cuatro pobres paredes de la habitación los ecos astillados por millones. Pero ella, ni una palabra: sus ojos se pierden en las vueltas del humo azul que brota de la colilla, vuelta a encender por la brisa, como una antorcha que la turba abandonó antes de la madrugada.
Parece mentira que el silencio ahora lo inunde todo tan voluptuosamente, cuando hace instantes nomás, el griterío incesante del instinto en las arterias lo colmaba todo. Una multitud de voces y gemidos revolucionarios habían sido mundo hace un segundo y ahora ya no eran ni los ecos de los vidrios de la copa rota. Ella seca una lágrima salada, prende otro cigarrillo y empina su copa exhausta ya hace tiempo. Sus manos abrazan el vidrio cálido y sus piernas se cruzan, se enciman y se vuelven a cruzar, indecisas.
Ahora dejó la copa en la mesa y va a cerrar, botón a botón, su blanca y finísima blusa. No hubo pintor que se haya animado jamás a dibujarla con su blusa abrochada, tanta es la potencia de sus pechos, que ante la sola idea de cubrirlos (aunque más no sea con esa fina blusa de lino) cualquier artista enloquecería, se arrancaría todo el pelo del cuerpo para precipitarse al vacío. Así y todo, ella cubrió sus pechos, botón por botón.
Él, por su parte, tiritando de frío, desnudo y flaco, apenas puede protegerse los hombros y un poco de la espalda con el manto rojo y harapiento, bandera desdichada. Sentado en el suelo, abraza sus propias rodillas heladas, inmóviles. Lee una y otra vez el falso mapa, repasa el recorrido, revisa su memoria con algo de vergüenza infantil. Suda y se pregunta porqué inútilmente. Sabe que es tarde, y no se atreve a mirarla. Sus ojos parecen querer, pero su corazón se lo impide. El corazón lee una y otra vez el falso mapa.

Hay un reloj de pie, aún en pie, a unos pasos. El péndulo va y vuelve sobre sus propios pasos. La brisa abrió la puertita de vidrio que lo cubre y el humo del tabaco se acerca y baila al ritmo. Ella mira el reloj. Sigue con los ojos el vaivén, de extremo a extremo, y cada extremo está inmóvil, estático por una fracción de segundo, para volver luego a acelerarse buscando la otra cima. Muy adentro, en su más profundo anhelo, ella desea que aquél péndulo se detenga, que un silencio quieto inunde la habitación y hasta el humo se solidifique.

Los pies de él sangran. Uno de los vidrios lo ha herido. Tal vez sufra su orgullo y sangre también. Hierve el sudor en su frente helada. La quiere: trata de mirarla pero no puede. O no quiere. Apenas unos segundos atrás, habían estado a punto de entreverarse en un arrebato de pasión, y ahora no podía ni mirarla. Ay, el paso atrás. Adónde fueron las voces de la rebelión. Adónde, y hasta cuándo.
La habitación se hace cada vez más fría. Las rejas de la ventana abierta de par en par parecen estalactitas de una caverna ártica. La puerta, entrecerrada, deja pasar una brisa enana que sopla por debajo de la mesa, roza y enfría los vidrios rotos, enfría la sangre de él, quien desde el suelo mira sólo el suelo. Arriba de su cabeza despeinada, el humo azul forma un velo que divide la habitación en dos estratos verticales, dos realidades apiladas.
Ella ha quedado en el piso superior. Mira por sobre el velo de su propio humo. Él ya ni intentará mirarla, aunque ya no pueda verla más.
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Proyecto acústico formado por Ivana salas (voz) y Matias Ardiles (guitarra) en diciembre del 2009. Recorren melodías simples acompañadas por una dulce voz que llega al corazón, ritmos desde alegres y pegadizos hasta acordes melancólicos que se traducen en sinceras canciones.

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Yo esperaba que el fuego me de las alas que necesitaba para
sobrevolar el otoño.Me peleé con el ruido, en mí todo era un
espacio que vibraba. Mis ojos blancos escalaban figuras de
sombra opaca.Yo buscaba congelar las palabras hasta que se
produciera una ruptura que me estremezca.Yo anhelaba el
sentido y direccion de mis caóticas palabras.
Desesperado por el tardío aterrizaje de las aves, invoqué la
tormenta, rellené las tumbas con luz. Buscaba detener la
separación, hallar la perfecta concordancia sonora entre
el ángel y la bestia.
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Fotos: Lucho Furio
Por Nadia Sol Caramella


“La música es el arte de combinar sonidos y silencios” lo oí decir muchas veces, entonces inmediatamente tendí a preguntarme por la letras de las canciones, claro todos tiramos para nuestro lado, el interés de un estudiante de letras o de un escritor son las palabras, que en este caso dejan de serlo en el sentido de mero signo escrito para ser, en primer instancia, sonido, pieza e instrumento de la canción. Pero como todo, el sonido comunica y tiene formas diversas, y ahí de nuevo aparece mi preocupación: las letras en “el arte de combinar sonidos y silencios”. Entonces no me quedó otra que empezar a transitar un camino complejo, recogiendo y re escribiendo palabras de otros. Guiada por mis inquietudes, me acerqué a algunos músicos, quién sino ellos para aclarar el asunto de las letras y el sonido.
El primero en recoger este “guante existencial” fue Guillermo Beresñak, cantante, compositor, músico diverso y productor de la zona oeste del Gran Buenos Aires. En medio de unos días bastante agitados, entre grabación y grabación, Guillermo tuvo la amabilidad de contestar nuestra entrevista. Este artista multifacético si lo hay, integrante de Le microkosmos, ex Yenifer y Antú, ya va por su segundo disco con Burbujas Amarillas, lo está grabando en Del Cielito Records, el nuevo disco se hizo esperar todo un año y un poquito más, muy pronto lo disfrutaremos, mientras tanto podés escuchar algunas de las canciones de “En busca del Beso mágico” (2009) en su My Space.

La entrevista a Guillermo Beresñak y sus respuestas entre irónicas y originales, nos abrirán una ventanita por donde escuchar y dilucidar que pasa con la combinación de letras y sonidos (y silencios). También le preguntamos por la cuestión de la independencia en el arte y la autogestión. Buen provecho ¡Qué la disfrutes!




1-¿Cuándo paras de escribir la letra? ¿O es más bien es algo espontáneo o improvisado? La misma pregunta va para la parte musical, ¿cuándo dejás de componer una canción, o acorde pasan los años la vas
puliendo?

No tengo una manera unica de escribir las letras. La mayoria de las veces, las compongo al piano, me siento, y sobre alguna armonia que va surgiendo, de manera improvisada, producto de la emotividad que abraza, me pongo a cantar.
Si tengo el pulso espiritual creativo corriendo por las lenguas, entonces lo que digo se hace cancion. Lo que sale del llanto suele ser verdad, asi también de la euforia se obtienen sentimientos sinceros que juegan por encima de la realidad establecida para detener el tiempo por un instante y lograr la calma de las almas ausentes que merecen, como siempre, nuestra maxima sinceridad. He aquí el universo.


2-La pregunta anterior me lleva a preguntarte por el momento de la composición: ¿empezás con una base; acordes, una melodía y luego avanzas con la letra o al revés?
¿Cómo te viene una canción o una melodía a la mente? ¿qué te llega primero?


Primero me llega la magia, luego el conejo.


3-Si tuvieras que definir en una canción, cuan importante es la letra y cuánto hay de importancia en la melodía, sonido y demás, ¿dirías que es un 50% y un 50%? ¿En tu trabajo de productor cómo resolvés estas cuestiones?

Ambas son muy importantes. Cuando compongo trato de esforzarme en lograr lo mejor posible en ambos terrenos. Cuando produzco no me meto tanto en las letras y si penetro más en la música. (Me la garcho)


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Pueblerina andanada de los aterrados jovencitos por las pasarelas de la vacante estacional. La mano de obra ennegrecida por las cenizas de los formularios del alta que arden en la hoguera de la promesa de sus empleadores, marcha, mecánicamente, por los bulevares de la explotación travestida de oportunidad laboral. Cuando febo azota, desfilan los muchachitos por la pantomima de las primeras entrevistas, a sabiendas de la precariedad miserable de sus futuras ocupaciones.

Allá van, esos son, los señores que vienen de la ciudad capital con sus heladeritas portátiles, sus diarios con titulares catástrofe y los lentes puestos, como parapoliciales a los que les han apuntado las armas sin registrar. Arrastrándose por detrás, las domésticas empleadas babean su deseo de conocer por fin el océano, aunque para ello tengan que untar la mayonesa de oferta en el emparedado veraniego del patrón, vestidas con las remeritas que mandó a estampar la “Señora de la Casa” en impúdica letra molde, con la leyenda : “la chica que me ayuda en casa”.

Allí vienen, colgando como guirlandas del brazo materno, los niños hiperactivos que irán a perderse en medio de la aglomeración populosa que se embadurna el bronceador vencido por encima del sudor del relajo. Y allí estará mamá,  desilusionada con el bañero rescatista de su criatura, porque no se parecerá al david jaseljof de beyguach, ni se le distinguirá la zunga debajo de tanta grasa gestada durante el sedentarismo invernal del aquaman.
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¿Qué pasa cuando te pones de espalda y dejas que te metan el dedo en el culo? Pensé que iba correr caca entre la mano, pero mientras más la movía y más adentro llegaba, los residuos de caca se fueron juntando con un líquido viscoso y blanco que lubricaban y chorreaban por su mano. Yo sólo sentía un calor dominante y ganas de cagar -que controlaba para que el placer durara más-, un orgasmo anal forma parte de mis colecciones más preciadas por su escases. Pienso que la escatología ha sido desdeñada como si la limpieza y pulcritud fueran parte del sexo, nada más lejano a las delicias de sudar, ensalivar, mojarse y eyacular en el cuerpo del otro; más si mientras lames y hueles puedes hallar recuerdos de todos los otros cuerpos que pasaron antes que tú por ahí, una orgía que no para desde el principio de los tiempos. Penes y clítoris duros, orgullosos y erectos esperan ser engullidos para que cese la punzada brutal que recorre el cuarto, abrir las piernas es liberador y doloroso porque exige una respuesta precisa, movimientos de lengua y labios que sólo pueden ser guiados por las manos en la cabeza que acercan o alejan, apuran o enlentecen la maniobra para quienes someten y son sometidos. Los ritmos los crea la necesidad y en esa ceguera dónde sólo se siente el palpitar y bombeo de sangre en las fibras más sensibles no hay más instrucciones que buscar. Con la garganta seca busco la cerveza que dejamos cerca, te pregunto si quieres y me miras con tu cara empapada así que sigo bebiendo yo y tú vuelves justo donde te quedaste para provocarme un escalofrío que me recuerda que tengo más cuerpo del que estás usando. Entre los últimos sorbos recobro el aliento y vuelvo a tomar tu cabeza porque no hay mejor lugar donde poner mis manos y porque es mía hasta que acabe.
Dije “sigue” mientras me apoyaba en un rincón, con todos los impulsos cruzados respiraba desde su pelo lo que podía alcanzar, y ¿qué va con mirar? La mejor parte es observar cómo se mueve su cuerpo entero mientras te comen, esos movimientos que no están acompañados de música, sino que sólo son reflejos primitivos del ritual sexual. Te mueves, te apareces y desapareces entre mis piernas, también quiero lamerte, quiero abrirte y saborear todos los jugos que corran de ti, creo que voy a explotar en tu cara y cuando te lo digo más intenso sigues girando tu lengua. Ahora es cuando veo ese momento venir, cuando lo sublime deja sin palabras y los gemidos son la única forma de comunicación permitida, los segundos caen más lentos y buscas estrujar hasta la última gota de humedad que haya en el cuerpo para seguir. Luego viene ese beso lleno cansancio, donde saliva, sudor y jugos se mezclan en las bocas, así te veo venir, porque no tienes que preguntar si llegué, lo sabes por la hinchazón y soltura que provocaste.
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Devengo marica cursi,
emplumada,
llena de lágrimas de tinta
que no podré chorrear en la carilina.

Devengo en inseguridad encorsetada,
atragantada a la tráquea.

Devengo lugar común,
canción lacrimógena escrita
por el peor de los crooner's 

Devengo castración freuidana
falo parteno capitalista
simposio de lugares comunes
en la tesis con otros hacen
acerca de mi cuerpo.

Devengo rabiosamente triste,
devengo vecina en chancletas,
cantándole a la imagen del televisor.

Devengo puto viejo que pasea
el caniche toy en la única plaza del pueblo.

Devengo nenito al que le dijeron
los primos mas grandes,
que Papá Noel es una farsa.
y llora mientras arranca
el papél glasé de los regalos.

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Las once de la noche
Esta casa
Esta vida
Duele.

Mi madre.
Todo lo que no es
Todo lo que no se da
Marca
La piel
Y las huellas
Existen.

La falta de palabras
Para expresar
Algo que se siente.
Y sobran
Las que nombran
Todo lo que no.
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Estaba sentado frente al televisor, mirando hacia el vacío de una pantalla hueca que intentaba desesperadamente llamar su atención sin conseguirlo. No, no veía nada de lo que aquel rectángulo grasiento y lleno de polvo le estaba vomitando a la cara. Ni siquiera veía los cuerpos hermosos y semidesnudos de aquellas chicas que desfilaban frente a él incitándole a que comprara un nuevo desodorante que, bajo sus sobacos, pondría en celo a toda hembra que se cruzase en su camino. No, aquellas chicas desfilaron en cueros ante sus ojos y él ni se enteró. Una pena, porque llevaba mucho tiempo sin comerse una rosca y aquel desodorante podría haberle venido de perlas. Tampoco se enteró de las ventajas de contratar una linea adsl con una compañía que parecía estar verdaderamente preocupada por el bienestar de sus clientes. Como preocupados estaban, pero por el medio ambiente, unos fabricantes de coches cuyos automóviles no solo no contaminaban, sino que además eliminaban residuos de la atmósfera. Y eran coches muy baratos, que además se podían pagar a plazos, con una financiación realmente atractiva. Él siguió sin reaccionar. De repente un yogur, aunque no un yogur cualquiera, era un yogur con no sé qué bichitos que eran capaces de salvarle a uno la vida, pues te curaban el colesterol y, además, mientras lo hacían, a las chicas le ponían el cuerpo de Raquel Welch con 18 años y a los tíos los ponían cachas que te cagas. Y él sin prestar la más mínima atención. Una consola, un móvil, una colonia, otro coche, una cuenta bancaria, una película, unas zapatillas, un libro, un tercer coche, una cuenta bancaria distinta a la anterior, más yogures, cereales para hacer bien de vientre, una pastilla que te quitaba todos los dolores... Pero nada de nada, él siguió mirando sin ver, escuchando sin oír, dejando que todas esas cosas, diseñadas expresamente para satisfacer todas sus necesidades vitales, escaparan pasando por delante de sus narices. Y todo por estar pensando en otra cosa. Aquello era un ultraje, un insulto, una falta de respeto. Entonces un olor extraño le aguijoneó las fosas nasales. Era un olor agrio y cálido que le dejaba un gusto amargo en la punta de la lengua. "Ah, pero si soy yo", pensó tras resoplar aliviado. Luego se levantó y caminó hacia la nevera. La abrió y tras echar una mirada se dio cuenta de que había poco que mirar. Cogió medio tomate y se lo comió de un bocado. El tomate explotó entre sus dientes y su jugo le chorreó por la barbilla. Caminó hacia el sofá y se sentó en él de nuevo, bien repanchigado. Su carne blanda, casi viscosa, se esparció por el tresillo como el aceite sobre la sartén. Mientras, la televisión seguía mostrando el mundo tal y como era fuera de aquellos muros: perfecto. Aunque él continuaba ajeno a todo.
     De repente sonó el teléfono. Tardó varios segundos en reaccionar, y cuando lo hizo fue lentamente, moviéndose despacio, sin prisa, como saliendo de un largo letargo.
    
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Mercedes Galperin
(oleo s/tela)
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El chicle
se me ha pegado al zapato
otra vez
otra noche
¡otro chicle, señor Curita!
Señor Sacerdote
otro chicle
Señor
que nada lo cura
ni siquiera el pegote
el trastorno trasnochado
ni quita
con sus manos sagradas
esta goma de mascar maldita
que sus fieles escupen
y me clavan
a mí
(pobrecita de mí)
¡ay pobrecita de mí!
en el stiletto barato
que pagué en cuotas
y obligó a esta boca
ese chicle
de arroz brusco
que no se traga
ni con hectolitros de agua bendita.

Señor Sacerdote
se me ha pegado, le digo
la escupida de los otros
que no entienden
la resaca que llevo
por la acidez en cajita
ni la hambruna mía
que su fe no sacia
que sus salmos no se atreven
a multiplicar
como panes y peces
el chicle se me ha pegado al zapatito
y llorando pensaba
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Estuvo lloviendo tres días seguido, lapso en el que solo me levanté de la cama por cuestiones inevitables. Cuando paró de llover, salí al patio y me quedé observando el aspecto de la calle, vi pasar a una mujer que caminaba con el paraguas abierto, como si no se hubiera dado cuenta que ya no llovía. Me quedé pensando en qué envolventes pensamientos estarían atravesando su mente, para abstraerla de semejante forma. Y sentí envidia, deseos de que en mi cabeza aflorase algún pensamiento así, que me hiciera huir del ahora.
Busqué al perro con la mirada, pero no estaba por ninguna parte. Lo imaginé deambulando por el barrio, bebiendo el agua que la lluvia había dejado en las canaletas, porque su dueño, yo, no se había dignado a cargarle el balde en tres días.
Caminé hacia la hamaca de madera que colgaba del árbol de paraíso. La había construido yo mismo, cuando mi hija cumplió dos años, ése fue mi regalo, que ella disfrutó bastante hasta antes de separarme de su madre. Ahora esa hamaca quieta y enmohecida me parecía el objeto más triste del paisaje casero, pero no me atrevía a desarmarla, porque muchas veces mirando esa hamaca podía volver a ver a mi hija aventándose, sonriente, hundiéndome en tiernos ensueños.
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Mercedes Galperin
(Oleo s/tela)
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Hacia Dos Veranos es un grupo de rock psicodélico instrumental formado en 2005, e influenciado por Felt, The Clientele, the West Coast Pop Art Experimental Band, el jazz modal y los dibujos animados de los años 30. "Fragmentos de una tarde somnolienta" (2005) es el nombre de nuestro EP debut. En junio del 2007 editamos nuestro primer LP "De los valles y volcanes". Acabamos de editar nuestro segundo LP, llamado simplemente "Hacia Dos Veranos", y disponible en http://haciadosveranos.bandcamp.com/




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Mercedes Galperin
(Oleo S/Tela)
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Por Jaime Araya Miranda


“Un náhuatl mira melancólicamente hacia las nubes. La noche derrama sus negras lágrimas sobre el cielo de México, y los engranajes del calendario celeste, con su caligrafía congelada, solo le confirman aquello que su estirpe sabe hace décadas: la matemática ha tropezado consigo misma, los números “Un náhuatl mira melancólicamente hacia las nubes. La noche derrama sus negras lágrimas sobre el cielo de México, y los engranajes del calendario celeste, con su caligrafía congelada, solo le confirman aquello que su estirpe sabe hace décadas: la matemática ha tropezado consigo misma, los números están fallando, la realidad agoniza.”


(Baradit, Ygdrasil, p. 7)


La literatura actual en el mundo ha sufrido algunas modificaciones con relación a la tradición literaria que la academia ha cultivado por décadas. La época en que vivimos está rodeada de nuevas formas de información, por lo que los medios de comunicación han sido un eje fundamental en la construcción de nuestra sociedad contemporánea. La cultura de masas y el Capitalismo son dos puntos clave para comenzar a entender los guiños que nos realizan los escritores del hoy. Dicha situación afecta también en la literatura, pues en las últimas décadas se ha experimentado una nueva forma de introducir la obra literaria, ya no solo viéndola como un objeto artístico e intelectual, sino que más bien como un producto cultural que opera bajo algunas políticas de gestión cultural para insertar la obra dentro de un mercado. Cada libro que accede a nuestras manos ha tenido un proceso de comercialización, por ende no debemos oponer una ingenua resistencia a tratar este tema porque es algo que está ocurriendo en nuestra realidad. Para Baudrillard [1] el objeto cultural ha sido desplazado de tal manera que se ha convertido en un producto que requiere de una compraventa. La literatura funciona así, no podemos negar que de por medio hay un valor económico que opera junto con los otros valores del objeto cultural. La obra es un producto artístico y cultural, pero que no deja de ser ajeno al mercado.

La pregunta inicial es ¿por qué hay un gran número de académicos que se resisten a integrar el componente masivo en la literatura? Generalmente hay un fuerte prejuicio en catalogar a las obras actuales de carácter masivo de ser poco serias o livianas en peso cultural. Estamos en una sociedad en donde el consumo y el deseo de adquirir objetos nos han llevado a tal extremo de armar complejas redes de información y políticas culturales que operan sobre las editoriales y la distribución de libros. Los objetos para Benjamin [2] poseen un aura pese al proceso de masificación, por lo que una obra literaria al momento de ser distribuída no perderá su aura o su esencia en el mensaje artístico-cultural, sino que debe más bien adaptarse a los nuevos lectores y a las necesidades de los sujetos actuales. Resulta lógico pensar, entonces, que si estamos en un sistema Capitalista neoliberal, la cultura también rozará este horizonte en donde deberá adaptarse a este sistema para así sobrellevar el arte. La industrialización del arte es algo que no podemos negar, sin embargo el aura es lo que no se pierde porque es algo que traspasa el objeto. Ahora bien lo que hay detrás de los objetos materiales, de la mercancía es el fetiche y el deseo de adquirir un producto cultural. Por lo que aura y fetiche son los componentes que le otorgan dinamismo a la literatura de masas. Ticio Escobar menciona que el aura permanece y que cada sector lo administra a su modo. La cultura de masas usa como un recurso de marketing el fetiche del deseo para generar una situación de consumo cultural.