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El fantasma de J.D. Salinger sobrevuela las canciones pop melodramáticas de SUBA, álbum debut de la banda cordobesa Un día perfecto para el pez banana.


Por Joel Vargas

La primera vez que escuche el apellido Salinger fue en la secundaria, rozaba los trece años donde uno es más mutante que nunca. Los labios del profesor Daniel Fara pronunciaron SA-LIN-YER. Todavía ese recuerdo se repite: Fara estaba parado al frente de la clase, gesticulaba de manera caótica. Sus manos escritas por birome azul, que hacían las veces de agenda, iban y venían. Fue ahí cuando escupió ese nombre y al ratito dijo Nueve Cuentos. Ese era el libro que nos iba acompañar gran parte del año. Daniel tenía la gran cualidad de incentivarnos a leer, uno de sus métodos era contarnos un relato. En esa oportunidad eligió “El hombre que ríe”. Su voz describía el mundo de un antihéroe, convertía a las palabras en imágenes paganas. Esa fue mi introducción a J.D. Salinger, la narración oral como en la época pre-galaxia de Gutenberg.

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En Efímero la busca de una mascota sirve de disparador para dar lugar a una reflexión sobre la finitud existente, pero difícil de reconocer, en las relaciones que mantenemos con nuestros seres más queridos.

por Nicolás Gallardo 

Luego de un simpático llamado a la solidaridad para apagar nuestros teléfonos celulares, las luces de la sala del CELCIT se apagan para dar comienzo a la función. Podemos oír un maullido felino y, acto seguido, un conjunto de sucesivas pisadas y zapateos. Pareciera que un grupo numeroso está intentando alcanzarlo.

Entran doce mujeres a la escena. Todas comparten la cualidad de llevar el mismo atuendo: sobretodos marrón claro y zapatos que destacan por sus suelas estrepitosas. Una de ellas, Lunar, está guardando sus pertenencias, acompañada por su vecina que le aconseja que llevar consigo. Todo indica que va a transitar un largo viaje. Hablan sobre un gato llamado Efímero, del que Lunar es dueña y al parecer ha desaparecido recientemente. Está preocupada por su partir, inesperado y sin la posibilidad de poder haber dicho adiós. Tanto es que le importa su gato que decide salir con poco equipaje: una mochila con su muñeca de la Mujer Maravilla colgando detrás.

Conforme el desplazamiento físico de Lunar iremos descubriendo a otras mujeres de su mundo. Mozas, lustra botas, prostitutas, peluqueras y hasta su propia psicoanalista serán las encargadas de hacer que la travesía de la protagonista también sea emocional y de aguda reflexión. Todas ellas han sufrido pérdidas, añoran a distintas personas, analizan el campo sentimental desde perspectivas bien distintas; lo que desembocará en una deconstrucción de la mujer –y por qué no, del hombre- en lo referente al apego experimentado en las relaciones humanas más profundas.

El recorrido estará acompañado de una modesta pero eficaz iluminación (a cargo de Fernando Díaz), que enfatizará los aspectos más relevantes de cada escena, y un más que logrado trabajo de musicalización en vivo desarrollado por las mismas actrices, como Lucía Snieg y Ornella Steffanazzi. Con tan solo un ukelele, bombos y bidones de agua mineral se consigue un acompañamiento preciso a canciones que hablan sobre la pérdida y el amor en general. Cierra el conjunto el pintoresco acordeón, interpretado armónicamente por Flor Lamas.

Cabe destacar que la interpretación de Lunar en esta obra es móvil, es decir, a medida que la obra va avanzando la mencionada mochila va cambiando de propietarias. Pareciera que la intención de la directora, Claudia Quiroga, al tomar esta curiosa decisión es poder demostrar que todas las mujeres en ese mundo han ocupado distintos roles a lo largo de su vida, tanto el de despechadas o miserables como el de mujeres maravilla. Lo logra con creces, y permite que el papel protagónico de alguna manera se democratice y demuestra el potencial de todas las actrices.

Esta adaptación del texto de la peruana Mariana de Althaus tiene el poder de dejarnos pensando. Al transcurrir los minutos dentro de la sala escuchamos un interesante planteo acerca de la pasión: es efímera. Lo que nos llevaría a afirmar que la pareja ideal no existe, y mucho menos en forma permanente. Pero también se da a entender que son esos momentos fugaces los que tienen la capacidad de otorgar mayor significado a toda relación que nos resulte valiosa, dejándonos inolvidables recuerdos, y haciendo que la misma fugacidad pase a ser duradera.

“Efímero es bueno y astuto. La primera vez que vi sus ojos de gato astuto le entregué mi corazón” dice Lunar. Tiene miedo de perderlo, extraña su permanencia y no quiere volver a depender de nadie que no sea él. La libertad implica un comienzo, y eso la paraliza. Si en verdad llega a desaparecer, necesita despedirse, darle un cierre a una etapa tan significativa. Es ante declaraciones como éstas que el espectador se da cuenta de que Efímero no es sólo un gato, sino que puede ser cualquiera: un amor, un amigo, un pariente cercano o hasta un ídolo que nos deja; pensándolo nosotros como inalterable. “La vida es una distracción permanente que ni siquiera permite tomar conciencia de aquello de lo cual distrae”, bien supo escribir Kafka. Hasta que ‘aquello’ nos abandona, podríamos agregar.

[Funciones]
Efímero se presenta los sábados a las 23:00 hs., en el CELCIT (Moreno 431). Entradas generales sin numerar a $80. Jubilados y estudiantes, $50 (presentando certificación vigente). 
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.



[Autosemblanza]

Me llamo Sebastián Goyeneche pero no uso mucho mi primer nombre. Viví hasta los 9 años en Ituzaingó, Corrientes. Luego me mudé a Almagro, Buenos Aires. Al año de haber arrancado la secundaria, comencé a escribir cuentos. Empecé a estudiar piano y duré 9 años con la profesora Laura Ramírez. Los impulsos que generaban cuentos fueron mudándose hacia la síntesis que sólo logra la poesía. Por un momento creí que mi oficio iba a estar ligado al cine o la publicidad, aunque luego de hacer una tecnicatura en dirección de cine descarté esa idea. Luego descubrí la tarea de editor y me aboqué de lleno gracias, en un poco más que la mitad del impulso, a Grau Hertt, poeta anarquista y amigo que admiro mucho. Con él fundamos la editorial Nulú Bonsai que lleva publicados muchos libros principalmente de poesía y narrativa. Actualmente tengo pensado dedicar mi año 2013 a la editorial y a empezar a terminar la carrera de Licenciatura en Letras.

[Micro-excursiones]

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?

Ya se dieron, ya empecé a escribir. Las condiciones se dieron en este mundo y en esta época. Este es el cosmos que vino hasta este lado, cuando le tendieron la mano, para cruzar la avenida de lo humano. Este es el cosmos en el que todo se dio, no hay otro. De eso hablan los caracteres con fondo blanco, inversos a lo que ve un cielo de noche. De eso habla la historia de la música, la melancolía de todas las canciones por aquel momento en que no existían las palabras. De eso hablan todas las palabras, aunque lo hacen a medias. De eso habla casi todo y, más que nada, el imperio de lo invisible.
No voy a parar de escribir por el momento.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Buster Keaton, porque no necesitaba más que un cuerpo para crear historias infinitas.

3. ¿Qué talento desearías tener?

El talento de cocinar.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

Puedo mencionar una 1a edición de En la masmédula de Girondo, la entrada del último partido de Huracán que fui a ver (Huracán-Sarmiento en el Ducó), ciertas prendas, toda la música que acumulé durante los últimos 15 años (250gb), el I Ching que nos regaló Julia, algunos de los libros que edité para Nulú Bonsai, pero sobre todo el trabajo que requirieron esos libros y el trabajo puntual, hecho energía, puesto ahí, que ahora son libros que no me ponen peajes. En ese sentido, entre mis posesiones más atesoradas están la amistad que se generó con Gavril, Gris y Minner que se generaron en relación a libros maravillosos.
Coleccion también otras cosas. Me gusta guardar objetos por su sentido simbólico, incluso creo que alejados de la trama personal que les incrustamos no significan nada. A lo sumo esos objetos significan algo para quien estuvo inmerso conmigo en el acto que les dio su sentido simbólico. Tengo una colección de botellas en mi antigua casa, pero no son botellas que me llamaron por su forma o su procedencia. Son botellas que recuerdo con quién y en qué situación fueron vaciadas. Una especie de continente que llora simbólicamente un contenido que ya no significaba. A veces, el significado no es lo que pesa de las cosas. Otro objeto preciado: el piano que desde que tengo memoria estuvo en mi casa.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

Pedir, cuando todavía quedan fuerzas para no pedir. Cuando la miseria se elige. O cuando la gente miente a propósito.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en una mujer?

La fuerza. Todas las mujeres tienen una fuerza única que muchos hombres llorarían por tener.

7. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en un hombre?

La constancia. Los hombres son seres en el fondo simples, por eso se dejan llevar por cualquier cosa. Pero si hay algo importante en este mundo y logran verlo, algunos optan por la constancia. Lo importante es no perder el foco. Nunca perder el foco. Y siempre que se pueda, correrse de la soberbia.

8. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

Receptividad y orden. Intento tranquilidad, pero casi siempre ansiedad.

9. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

Hacer algo. Hacerlo porque querés. Y hacerlo bien.

10. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Que ciertas personas nunca despierten. Que cosas mal hechas se vuelvan históricas. Los castillos que se caen. Perder las manos.

11. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

Río Paraná. Orilla. Ituzaingó, Corrientes. Enfrente de las islas Apipé Grande y Apipé Chica. A pocos kilómetros de la represa de Yaciretá. Corriendo por las calles. Pateando paltas en el colegio, frente al río. Jugando con mi gato negro sin saber lo que era crecer. Tirado en los sillones a la tarde, en el patiecito, cuando los sacábamos con Juana para limpiar el líving y Sun me acompañaba en no hacer nada. Sun pasándome entre las piernas.

12. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?

El Ferdydurke de Gombrowicz. Es un libro que se va develando de una forma maravillosa, en la forma perfecta en que un libro te tiene que ir soplando lo que sigue y a la vez improvisando maravillosamente. El libro se escribió solo y Gombrowicz fue un testigo muy privilegiado. Viajó con este baúl pesadísimo y cruzó el océano, se agarró de la baranda y tuvo que esperar muchos años y muchos procesos para poder verlo concluido. Tuvo, antes que nada, que aprender a vivir en otro país y aceptar que no iba a poder volver al suyo. Ese libro puede ser la historia de cómo tienen que escribirse los libros: ni más lento ni más rápido que como va naciendo y creciendo una verdadera obra.

13. ¿Cuál es el peor libro de la última década?

No sabría decirlo. Sí sé que cuando me propongo leer un libro, lo termino, sea bueno o sea malo. El último libro malo que leí fueron 128 páginas que valieron la pena únicamente al final, cuando el poco hábil narrador-autor (era tan malo que nunca se establecía una diferencia) arroja una metáfora que vale la pena. Una metáfora que ya leí en muchas partes encima: que si lo que vemos de las estrellas es un brillo que ya quedó en el tiempo, que si incluso vemos brillo de estrellas que ya murieron en su lugar, las acciones que realizamos también son fotografías que en otro lugar y a una distancia, se están produciendo en tiempo presente. Somos fotografías en movimiento.
Y si lo que busca la pregunta es un dedo índice, puedo decir que seguramente el último libro publicado de Benedetti, los ecos sin caverna de Eduardo Galeano, todos los libros que alguna vez vayan a publicarle a esas personas que hacen libros nomás porque hay un público que los compraría: Ari Paluch, Stamateas, etc. Todos libros que no leí. El peor libro de la última década es ese que apenas lo ves o lo tenés cerca, sabés que nunca vas a necesitar ni querer leerlo.

14. ¿Qué texto (cuento, libro o nota periodística) no volverías a publicar? ¿Por qué?

Algún poema de mis primeros fanzines o alguno que haya salido en la revista Blasfemia, una iniciativa que llevamos adelante con Sebastián Basalo en nuestra adolescencia. Igualmente siempre fui muy consciente de mi obra y rara vez me apresuré a publicar cosas que no estuvieran trabajadas. Ninguna obsesión es infalible, pero la realidad es que descatalogar con conciencia también es una tarea hermosa. Limpiar el catálogo de uno mismo es como limpiar el fondo de una pileta.

15. ¿Qué disco te hace sonreír?

La mayoría de los discos de Sr. Chinarro del 2005 para atrás, especialmente No-sé-qué-no-sé-cuántos y El porqué de mis peinados. Otro disco que me hace muy feliz es Leaves turn inside you de Unwoud. Luego los de Comus, Agitation Free, la banda sonora de Sacco y Vanzetti y muchos más.

16. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

A Prietto. O a Palo Pandolfo. Aunque conociéndolos un poco a los dos, seguramente Palo, de estilo hermitaño, huiría con su familia a un monte en Córdoba apenas pudiera. Prietto es más proclive a quedar atrapado en un flash encandilante producido por la visión del monstruo. Como los conejos. Sí, lo salvaría a Prietto.

18. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?

A Macri, así se pone a buscar cerebros. Es la persona con menos cerebro de la ciudad. Después a Rodríguez Larreta porque seguro estaría al toque y porque esa pelada debe ser hermosa de morder, debe ser como echarse de cara contra una torta de coco y dulce de leche. Le mordería los ojos. Después lo buscaría a Niembro, si es que no está en Europa chupándole el culo a cualquiera que gana 2 euros más que él.

19. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?

Lo que uno quiere decir se va moldeando con la obra. Siempre, o casi, la última obra es lo último que uno quiso decir. En el momento hay más o menos suerte, más o menos talento, más o menos trabajo. La gran parte de la literatura y la poesía pasa por el  trabajo sobre uno mismo. Ahí está la palabra justa: trabajo.

[Contacto]

goyeneche@outlook.com
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[Sobre TRANSita rápido]
Tras dos años de poner el cuerpo con más de 60 trabajos artísticos, cada cual con exposición y entrega de toda su energía, en Enero de 2012, Effy decidió tomarse unas vacaciones y volver a sus bases de la infancia: el dibujo. Se propuso hacer un comic por día de manera rápida y compulsiva basándose en vivencias personales que rozan la risa incómoda o la sorpresa absurda de la vida cotideana de ella, una chica trans. El resultado: 31 dibujos que parecen salir disparados con trazo rápido en TRANSita rápido.

[Sobre Effy]
Elizabeth Mía Chorubczyk más conocida como Effy o effýmia. Artista conceptual, performer y transfeminista queer, nacida en Israel y traida por sus padres a Argentina. Actualmente cursando la carrera de Crítica de Artes, tras varios de estudiar Artes Visuales en el IUNA. Escritora y asesora conceptual de artistas de diversas disciplinas.

[Más tiras]


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por Matías Oniria

Al final de la historia mato a mi mejor amigo.


Sacó el celular y, sin detenerse, marcó un número. Tuvo que bajar la cabeza para hacerlo. Casi se mata al tropezar con un pedazo de vereda que asomaba burlona, levantada por culpa de un árbol que la había violentado con sus ramas viriles, invasivas, fuertes, llenas de savia.

Puteó, después se llevó el teléfono (grande, nada de última generación para él) al oído. Un timbrazo… Dos…

Dobló en una esquina, agitado, dejándose llevar por un impulso. Su sombra quedó adelante.

Sus pisadas levantaban ecos en la noche silenciosa. Se tentó: “Los perdí… Es probable que los haya perdido…” (era un pensamiento en frecuencia baja… Su cabeza era instinto puro, supervivencia. La ecuación era: ESCAPAR- LLAMAR A PERCHA… El resto era un decorado vertiginoso).

—¿Sí?

Escuchó la voz al mismo tiempo que escuchaba resurgir a la vieja Chevy. Se aproximaban.

—¡Me descubrieron! —gritó.

—¿Eh?

—¡Me descubrieron… pelotudo!

Volvió a doblar, confiando en su oído, alejándose del motor que avanzaba, implacable. La transpiración le empapaba la frente, la espalda, las pelotas. Las piernas le dolían, el estómago le dolía, la cabeza le dolía…

Recordó que una vez había leído en un foro muy estúpido que una persona había muerto al consumir cocaína y luego presentarse en una maratón. Dos kilómetros y el corazón había reventado. El tipo (lo afirmaba alguien que parecía tener autoridad en el foro) estaba con el pene duro como una roca; una sonrisa enorme; todos los músculos agarrotados.

A las tres y cuarto de la madrugada, con la cien palpitando furiosa, dos líneas de coca encima y un miedo gigante, el foro ya no parecía tan estúpido.

—¿Palo?

—¡Sí!

Otro de baja frecuencia: “¿No tenés identificador de llamadas, forro?”.

—Pero… ¿Qué…? Escuchame, ¿dónde estás? —sonó preocupado. Eso hizo que Palo se tranquilizará. Su madre solía decir: “No es bueno contagiar el caos, pero tampoco es  bueno ser el único alterado”.

—No tengo idea de dónde estoy…

—¿Te están siguiendo? —su alarma crecía.

—¡Sí!

—Sos un boludo… Te dije que tuvieras cuidado…

—Percha, la puta que te parió…

—Te dije… ¡Te dije! —parecía al borde del llanto.

—Percha… —de pronto le estaba costando mucho llegar a la próxima esquina—. Ayudame, por favor…

—Pero…

—No se puede… tomé precauciones… Es imposible… No podemos hacerlo a nuestro modo… Me van a hacer mierda…

La esquina, incluso, daba la impresión de alejarse. La Chevy, no habia lugar a dudas, adivinaba sus pasos: el rugido crecía.

—No, no, no, no… —Percha, ahora sí, lloraba.

Una imagen fugaz: Percha en el primario, llorando en un rincón, porque un grupito de pibes había decidido que no podía formar parte de ninguno de los equipos de fútbol que se habían armado en el patio. Un llanto silencioso, avergonzado… Un llanto con más de odio que de tristeza. Después de eso Percha no había tardado en transformarse en su mejor amigo… Y ya nunca lo había visto llorar. Porque Percha, a pesar de lo que muchos habían pensado esa tarde en ese roñoso patio de colegio, era fuerte.

—Percha…