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[Sobre Pelos]

"PELOS": sus páginas están habitadas por ilustraciones de algunos seres peludos, piratas, mujeres barbudas, piernas, axilas, bocas embigotadas que conforman este pequeño fanzine.
Esta diminuta publicación esta influenciada por la obra de literatura infantil "Los cretinos" de Roald Dahl y las maravillosas ilustraciones de Quentin Blake.


MINIFANZINE 7 CMS X 5,5 CMS.
Realizado por AZULUNA XATLI 

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por Franco Dall'Oste


Felipe tira la primera piedra. Plac!, se escucha, erró. “Ahora voy yo”, desafía Juan. Él había calculado que como los otros tres tiros se le fueron muy a la derecha, si apuntaba a la izquierda de su objetivo, quizás pudiera pegarle. La piedra hizo una hipérbole perfecta y crash! hizo la cámara, el objetivo fue alcanzado. “Voy ganando, 3 a 2”, le remarcó Felipe, como para que sepa que su nueva victoria no significaba una amenaza para él.

El día era caluroso, el lugar se hallaba en silencio. Unas nubes se veían a lo lejos en el horizonte, parecían hojas de hierro abalanzándose sobre el campo. De la tierra subía un calor espeso, tedioso, que obligaba a Juan a secarse la cara con el brazo a cada rato. La loma sobre la que se hallaban parados era como una montaña para ellos, con sus senderos peligrosos, con su paisaje hermoso, era su lugar preferido en las fronteras.

Felipe agarró otra piedra, y la lanzó con todas sus fuerzas hacia la cámara consecutiva. El tiro pasó apenas a la izquierda, y se perdió del otro lado del alambrado. Pudo escuchar cómo el misil caía por entre los arbustos que crecían del otro lado, hasta que un sonido sordo golpeó el suelo, y el silencio invadió de nuevo el ambiente. El aire estaba quieto, el sol pegaba con violencia en la nuca. Juan buscó otra piedra en el suelo, entre medio de las bolsas, los desperdicios, y al final encontró algo, una especie de pelota de plomo, o algo por el estilo. Lo tomó con la mano, lo pesó sintiendo su presencia en su palma, y finalmente cerró los ojos, llevando el proyectil hasta su frente. Suspiró un segundo. Luego observó con desafío hacia su nuevo objetivo. Tomó carrera, y de un zarpazo lanzó la piedra hacia adelante, evitando por poco caer sobre una pila de bolsas olorosas en el impulso.

“Crash!”, se escuchó nuevamente. “Sí, ¡le pegué!, vamos tres a tres”, dijo con entusiasmo. Mientras Felipe miraba la cámara que colgaba destruida agarrada de un cable, unos pequeños ruidos comenzaron a oírse. Eran chillidos eléctricos, apenas perceptibles. Juan miró hacia el poste anterior, aquel donde estaba la cámara que Felipe había derribado, y observo cómo el aparato volvía a su forma original, hasta quedar nuevamente en su lugar. “Bueno, ya se están arreglando, ¿empezamos desde el principio?”, propuso Felipe. “Dale”, asintió Juan, alegre por poder tener una revancha.

Bajaron por el sendero de aquella loma, y comenzaron a caminar nuevamente hacia el otro extremo del alambrado. El suelo se sentía caliente, la tierra blanca se pegaba a los pies descalzos de Juan. Felipe llevaba puestas unas zapatillas agujereadas, “las encontré allá en la loma”, le contó a Juan cierta vez.

“Mirá”, dice Felipe de repente, deteniendo a Juan con un brazo y señalando hacia el cerco con el otro. “¿Lo ves?”, le pregunta. “¡No! ¿Qué?”, exclama Juan, frunciendo las cejas. “Allá, del otro lado, entre el pasto, ¿no lo ves? ¡Hay una de esas! ¿Cómo se llaman? Esas cosas redondas, como la que se había encontrado tu hermano”, dice Felipe. “Mmmm… una… ¿pelota?” “Sí, eso” Juan se acercó con sigilo al alambrado, mirando atentamente hacia el pastizal. “No es una pelota, es un casco o algo así”, exclamó finalmente. Felipe lo miró con un sesgo de odio, luego dio media vuelta, decepcionado. “Dale, sigamos” le dijo a Juan.

El sendero daba varias vueltas, pasaba por encima de lo que en algún momento fue un arroyo, y terminaba en el río. El alambrado seguía más allá, hundiéndose poco a poco en la profundidad de su lecho, hasta perderse por completo. Hacia el oeste, los postes con las cámaras se repetían, cada diez metros, a lo largo de toda aquella franja. Juan nunca había estado más allá de la loma, pero se imaginaba que el alambrado seguiría de la misma manera, así que tampoco valía la pena aventurarse.

“Bueno, empiezo yo, por que vos empezaste la vez anterior”, dice Felipe, y agarra una piedra lo más rápido posible, para que Juan no pueda contradecirlo. Sin embargo, la tira tan apurado, que el misil no supera la altura del alambrado, y termina por caer antes de siquiera alcanzarlo. “Bueno, ahora sí voy yo”, se ríe Juan. Tira de nuevo, y nada.

El sol empieza a caerse por el costado. Juan se tapa con un brazo, para ver bien su objetivo. Es la tercera ronda, es la tercera vez que intenta derribar esta cámara, sólo lo logró en un intento. “¿Para qué sirven esas cámaras?”, le había preguntado cierta vez a su madre, “para mantenernos acá adentro”, le contestó. Para él solo estaban ahí como un juego. Crash! otra vez vuelve a voltearla, y de paso gana el torneo. Felipe aún sostiene su piedra en la mano, y mira hacia el suelo con enojo. Entonces corre unos metros hacia el costado, en busca de la cámara anterior y lanza una piedra. “Mirá, sigue rota”, dice Juan mientras el misil cae por un costado sobre los pastizales. “No puede seguir rota”, dice Felipe aún resentido. “Sí sí, mirá, hace ruido, debe estar rota”, responde Juan.

El sol comienza a desvanecerse. Un chillido se escucha en el lugar, un ruido eléctrico que parece no cesar. La cámara larga chispas, hasta que finalmente cae en seco sobre los pastizales. El silencio vuelve a reinar el lugar. Los dos niños observan con sorpresa. Miran hacia el poste contiguo, y luego al anterior: ninguno de los dos está mirando hacia ese lugar. Felipe se acerca al alambrado, y mira los restos de la cámara. Luego lo mira a Juan, y le pega en el hombro. “Ahora tenemos que jugar con una menos”, lo reta.
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.


[Autosemblanza

Nací en el ’78, en Mataderos. Me hice actor, escritor y editor (en ese orden). Escribí, corregí y publiqué varios libros. Tengo aversión por los pepinos y me encanta jugar o hablar sobre fútbol con amigos. Trato de ser mejor todos los días pero no, no sale tooooodos los días.

[Micro-excursiones]

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?
Silencio. Y tengo que excitarme. Con la sangre recorriéndome todo el cuerpo puedo empezar a escribir. A veces trato de sugestionarme con música, drogas blandas o alcohol pero casi siempre arranco excitado.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Neo de Matrix.

3. ¿Qué talento desearías tener?
Me encantaría poder cocinar, tener paladar para la gastronomía, saber acariciar con la lengua una cuchara con salsa y saber qué le falta para que esté perfecta.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Una guitarra marca Texas que compré en 1997 con 70 pesos argentinos en la calle Talcahuano. Todavía suena increíblemente bien cuando la agarra uno que sabe.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La discriminación racial. La sufrí, la sufro y la sufren muchas personas. Esta ciudad es una mierda y una de las razones es por la falta de educación que genera una discriminación que me entristece en segundos.

6. ¿Cuál es la cualidad que apreciás más en una mujer?
No es una sola, miro sus manos, el cutis, la mirada (si es pícara). He aprendido a mirar culos y tetas sin incomodarlas. Espero el momento justo. Creo que sería un conjunto de cualidades las que aprecio pero que se definirían en la valentía para satisfacer sus propios deseos (cuando me incluyen, claro está).

7. ¿Cuál es la cualidad que apreciás más en un hombre?
Lo mismo con las mujeres: mis mejores amigos reúnen varias que pueden resumirse en valentía para decir la verdad, mostrarse verdaderos, como son, sin miedos, sabiéndose imperfectos.

8. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
De divague. Sueño cosas. Imagino planes que funcionan. Armo y desarmo sin ningún tipo de conexión con la realidad.

9. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Domingo a la tarde, patio del fondo, asado, sobrinos, hijos, nietos, vino, guitarras, varios porros, abuelos, tíos: la gran comilona italiana un poco rockeada y pensada por Marcos Lopez.

10. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Suelo lastimar a mis seres queridos porque no me sé expresar correctamente. Lastimo con una efectividad horrorosa y las secuelas son tremendas, a veces, ver cómo se le desfigura el rostro a una persona que decepciono me derrota.
Mi miedo es constante: por más esfuerzo que hago, esta característica que me habita no cambia.

11. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Valparaíso, Chile. En dos oportunidades; la primera vez que fui y la última. Es la ciudad donde se encuentran las personas que más admiro y quiero. En la segunda oportunidad fui acompañado y pude comprobar que todos seguían maravillosos: las esquinas, los amigos, las amigas y los perros. A mi compañera le encantó Valparaíso y la felicidad reinante por lo que eso me hizo doblemente feliz.

12. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?
A cuatro manos, de Paco Ignacio Taibo II.

13. ¿Cuál es el peor libro de la última década?
Ninguno: los libros no le hacen mal a nadie. Ni a quien los escribe, ni a quien los publica ni a quien los lee. El que se queja de un libro está en pose y, aun así, el libro le resulta útil para lograr esa pose.

14. ¿Qué texto (cuento, libro o nota periodística) no volverías a publicar? ¿Por qué?
Había uno en el que una niña de 9 años era abusada en un micro de larga distancia. En esa época tomaba demasiado y me creía bastante pija. Lo que ese texto generaba era un tipo de respuesta que no me sirvió para nada. Trato de escribir sobre el mismo tema pero sin tanta torpeza.

15. ¿Qué disco te hace sonreír?
Spaghetti Boogie de Javier Malosetti. Del primer tema al último. De hecho, el último, con el mensaje en el contestador telefónico, es lo mejor.

16. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Salvaría a mi primo Facundo Palazzolo y, si puedo, su banda (Los Toscos). Pero si no puedo salvarlo a ellos... bueh, mi primo toca de todo así que con él la humanidad está salvada.

17. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?
A mi novia: me la morfo cruda.

18. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?
Escribí la frase:

“voy a iluminar mi cementario de pecesitas
para que veas cuánto mar tengo adentro”

Y sí, eso es justo lo que quería decir. Lo curioso es que me haya tomado todo un libro para lograrlo... pero, ahora que lo pienso, no “daba” publicar dos líneas.

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Uso confiesa@gmail.com, escribo en www.funeschi.tumblr.com y tuiteo con el usuario @funes. Facebook es para la familia o amigos lejanos, no hinchen.
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"Escupitojo Monstruos", el primer libro del Colectivo Abismal, en el que participan 85 artistas de diferentes partes del mundo, una publicación independiente con un contenido monstruoso y apetitoso. (Hecho en Bogotá, Colombia)

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Te queda lindo el castellano, cuando sale así de tu boca.

Se mueve rápido, te atraviesa rápido

Y te desespera, ya se.

Quédate tranquila, respira, dale, ahora si, despacio, habla.

-Nuestro idioma tiene eso.

-Muchas palabras.

Me cansa, te cansa, lo cansa, nos cansa, los cansa.

Creo que voy a empezar a usar el ingles.

Además de ser cool es breve, tiene eso de diferente que la gente persigue.

La gente, - que expresión particular.

Suponiendo eso, entonces, puedo decir algo así como:

No, la verdad que no quiero café, i will prefer a mate instead.

O puedo alternar con el  francés.

- Qué idioma. Si, con el acento mayúsculo en la é.

El francés, otra estetica, otro nivel.

“au revoir”
 suave, elegante.

El francés, la realite.

El castellano, en cambio, no es asi. 

no pretende, no exige 

No se presta a monadas.

solo fluye por las bocas, voraces, insensatas

De quienes lo traicionan, a veces, con otras palabras.


[Sobre la autora]


Mariana Prieto (San Carlos de Bariloche, 1990) Es estudiante  de la carrera ciencias de la comunicación y aficionada en el arte de la filosofía. Devota del mate, la buena música y el cine de autor.

En 2006 participó del certamen nacional de poesía (APOA) en la ciudad autónoma de Buenos Aires

En 2012 colaboró en el libro de Covers literarios de Valeria iglesias, editado bajo la  editorial de Covers  Ediciones.

Actualmente vive en el barrio caótico de Villa Crespo y escribe en su blog