escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios

Como en un sueño surrealista, entre las oscuridades de la mente y los límites difusos de la realidad y sus álter egos, Paranoia Normal, el nuevo libro de historietas de Pedro Mancini, invita al lector sagaz a sumergirse en un ultramundo apto para valientes y soñadores. 

Por Dario Fantacci


La mayoría de las personas están habituadas a formas predeterminadas de cómo incorporar conocimientos. Cuando leemos un libro, la información nos llega de manera literal, a través de palabras. Uno puede nombrar un auto, un bosque, un sueño. Nombrar es la forma de narrar. Un libro escrito puede ser literal y « especifico » de forma natural. Esto no se da de la misma manera en la historieta. El cine, en cambio, es más cercano porque cada artista explota sus capacidades en busca de un mismo fin. Así los sonidos, los movimientos, luces e infinidad de recursos se combinan para generar una misma expresión. La historieta tiene mucho de eso, leemos, claro esta, la tinta sobre el papel, pero ya no un texto, si no, imágenes secuenciadas combinadas con textos esporádicos. Un historietista, como cualquier artista, es un conductor de conocimientos.

A medida que estudio a Pedro, no deja de sorprenderme su capacidad comunicativa tan extravagante, rara, bizarra. No encuentro en sus historietas de dos o máximo ocho páginas, una señal de redundancia o linealidad. Paranoia normal es un océano de significaciones: miradas frías que ocultan mundos extraños. Cabezas explosivas de las que salen criaturas inesperadas. Sapos que emergen de las bocas de muñecos animados. Cabeza de panda y hombre torso, los personajes más introspectivos al momento de develar sus intimidades.  Frente a esto, la sensación de expansión no tiene límites y, obviamente, donde no hay límites aparece la paranoia. A medida que las criaturas de Pedro abren sus cabezas para el lector, nace el miedo a la exposición, a la realidad. Si nos concentramos en lo narrado es imposible no precipitarnos y sentir cierto terror, fascinación y a su vez desconfianza. Es como salirse del campo de fuerza que nos protege, para tomar y apostar más. Nada es predecible en el ULTRAMUNDO de Pedro Mancini. En ese lugar todo puede ser tan hermoso como terrible, hay mucho de realidad en la irrealidad planteada. Cómo no ser paranoico en un mundo donde todo puede pasar, siempre esperando el golpe en la nuca. ¡La paranoia es normal, hermano! 
   
Quien se anime al juego de Pedro estará frente a un despertar. Cada historia es un infinito posible. Cada momento es único, narrado con dibujos exquisitos, buscando llegar a la médula  sin quedarse en el límite de lo cotidiano. Paranoia Normal es un océano de aguas oscuras y en esas profundidades el espíritu se expande. Mientras, Pedro avanza con pasos seguros, pasos de gigante a un objetivo que nadie más que él conoce. Lo único que nos queda es entregarnos a su narrativa, leer sin más, o dejar pasar el tren. El tren con cabeza de locomotora está en marcha. Sólo si te animás. 

[Más sobre Paranoia Normal]


[¿Dónde se consigue?]

En Espacio Moebius
Bulnes 658, Almagro, Bs As
Tel: (+54 11 4866 6960)
Lun a Vie 13 a 20 hs
1 comentarios

[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.


[Auto-semblanza
ph. Gon De Fazio

Soy El Nica, guitarrista y una de las voces de Los Reyes del Falsete, soy del conurbano bonaerense, estudie algunos años cine, y actualmente estudio filosofía en la UBA.

1.¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?

Las canciones salen en cualquier momento, generalmente más y con mayor potencia si tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo para componer.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito? 

Fatigatti, gran héroe futbolístico nacional.

3.¿Qué talento desearías tener?

Me gustaría poder componer buenas canciones.

4.¿Cuál es tu posesión más atesorada?

La guitarra.

5.¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

Hablar demasiado de los demás.

6.¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?

La sensibilidad.

7.¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

Emmmm la pregunta es si vivo fumado? Un poquito.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

Una fiesta con los Midachi, todos medio desnudos y que Susana Giménez nos sirva Champan.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Estar en una fiesta con los Midachi todos medio desnudos y que Susana Giménez nos sirva Champan, o levantarme y ser Beto Casella, creo que eso seria peor.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

Una vez que estábamos en una fiesta y Dady Brieva me presento al Chino, que no es muy buena onda la verdad y a Miguel del Sel, si mal no recuerdo creo que estaba Susana Giménez.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?

Revolución turra de Calamaro.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?

La verdad es que me gustan todas las canciones que grabamos en los discos, no me arrepiento de haber tocado ningún tema.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?

Supongo que el del Bahiano solista o alguno medio así, pero cuando me imagino que son tan malos ni los escucho.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?

“La guerra de los gimnasios” de Cesar Aira me hace reír muchísimo.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

Trataria de salvar a mis amigos de los Reyes, El Hagabal, El producto, los el mato, los 107 faunos, gente linda y buena que sabe como disparar una bazuca.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero? 

A Beto Casella o a Rial.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?

La verdad es que no creo que exista una manera justa de expresar lo que quiero.
Creo que hicimos lo que pudimos.


DESCARGÁ DIAS NUESTROS,
el último trabajo de Los Reyes del Falsete

[Contacto]
www.losreyesdelfalsete.com.ar
@reyesdelfalsete
4 comentarios

Por   Enrique José  Decarli

…quizá sea ésta la atracción de la leyenda: no el crepúsculo ensoñado de la fantasía desatada,
enamorada de lo que es vago y brumoso,
sino esa diáfana claridad prohibida a nuestra elusiva existencia.
Steven Millhauser.

Puedo hablar por todas porque es algo de todas. Pegajoso. Espeso. Chorrea lento por un hombro o se pierde en la maraña de pelo al caer de lleno como una plomada. Haber sido blanco de una paloma. Ésa es la sensación. Sólo que de noche las palomas duermen en el campanario. Entonces si es de noche, una se da cuenta. Reprime el impulso de limpiar lo que al principio creyó una inmundicia y después no, la mayor bendición. Si voltea rápido la cabeza, con suerte lo verá correr de espaldas, terrazas arriba, la misión cumplida, la campera negra abierta volando al viento: el torso inclinado hacia delante sobre el tejado. Verlo saltar nos anuda el estómago. Cerramos los ojos al pensar en el vacío que lo separa del próximo techo y si tal vez no llega y si calculó mal. Una se lleva las manos al pecho. Desapareció y sabe. Ya nunca más lo verá.
Esa noche se vuelve a casa despacio, acariciando el pegote color tiza. La panza todavía contracturada y deseándole suerte. Mucha suerte. Los hombres cobardes lo odian. Lo buscan, lo persiguen. Lo esperan en las esquinas y en los baldíos, las escopetas siempre cargadas. Esa noche una sueña que un día él vendrá. Se descolgará por la ventana. Revelará el rostro a través de las cortinas y dirá su nombre. Pero eso nunca va a suceder. Lo sabemos. En adelante, más que nunca, habrá que conformarse con el marido que espera por la comida, se queja si la encuentra fría o caliente, mira televisión en la cena, mira televisión en la cama hasta quedarse dormido. Ese hombre incapaz de notar el menor cambio en una y ese otro hombre, anónimo, que de entre todas las mujeres del pueblo, esa noche nos eligió. Agazapado entre canaletas o ramas nos vio venir a la distancia. Midió el instante en que pasaríamos debajo de él. Contuvo o aceleró su ritmo. Apuntó y lanzó el elixir certero. Esa noche agradecemos haber nacido en este pueblo. Único. Sólo por él.
En la cama tratamos de generar la imagen desde sus ojos. Cómo nos habremos visto. Se viene tan distraída, que quién puede asegurar, que ya bajo su mirada, una no haya bostezado o hecho cosas peores. Siempre es igual. Se espera toda la vida. Se crece con la ilusión y cuando llega el momento nos sorprende sin depilar, sin maquillaje, vestidas de entrecasa. Damos vueltas. Prendemos el velador. La una y cuarto, las dos menos veinte. Los ronquidos del marido molestan. Los movimientos en la cama, que son costumbre, molestan. Cualquier cosa molesta esa noche. Una va a la cocina y prepara un té. Se pone el salto de cama y sale al patio. Enciende un cigarrillo y se sienta en el suelo. Mira los techos que la visión permite ver y si es necesario una se para, más allá hay más techos y más noche. Tal vez él salte y podamos guardar un perfil difuso. Un codo anguloso. El tamaño del calzado, algo que recordar. Pero él no salta y el té se enfría. El cigarrillo se consume y el marido en la cama, es la imagen más parecida a un hombre.
La mañana nos encuentra relajadas. A pesar del cansancio por las horas en vela una, definitivamente, es otra mujer. Si el marido pide tostadas hacemos tostadas. Si el marido pide dulce y no hay, una se viste y va a comprar. Dulce. Dos tipos de dulce, total, qué nos importa a nosotras de tostadas y dulces. Lo único que deseamos es que ese hombre se vaya lo más rápido posible para ir a casa de mamá, de alguna hermana o amiga. Ellas entienden. Y no sé. Se notará en los ojos. Porque sólo es vernos llegar y sin que haga falta decir nada nos abrazan, nos besan, nos bendicen, preguntan:
―Dónde fue.
Señalamos el hombro. O la cabeza. Y ellas besan, el hombro o la cabeza. Y vuelven a preguntar:
―Dónde fue.
―Rosario y Santo Domingo ―decimos, por ejemplo.
Ellas toman nota mental en una lista creciente de direcciones. Primero repiten:
―Rosario y Santo Domingo.
Cierran los ojos. Asienten en silencio y memorizan la esquina donde, en adelante, no se lo podrá esperar.
Sentadas a la mesa y pasado el entusiasmo, entra la preocupación. Ellas saben que sentadas a la mesa y pasado el entusiasmo entra la preocupación.
Es qué hay tanto impostor dando vuelta… Imaginate si fue un farsante. Un bromista. Un maridito cualquiera que después tiene que volver a casa y dar explicaciones por el retraso, la agitación y la ropa desarreglada.
Ella se levanta y nos abraza.
―A ver ―dice―. Cómo fue.
―Como el desecho de una paloma.
Entonces ella dice que sí. Que fue él.
―Quién más va a animarse con los hombres y las balas.
Una asiente. Es tarde y hay que irse. Hacer las compras. Preparar el almuerzo. Los chicos y el marido estarán de vuelta a mediodía, hambrientos, sentados a la mesa golpean los cubiertos. Pero antes otra cosa. Porque ahora somos pares y podemos preguntar.
―Contame de vos.
Ella se estremece:
―En la plaza ―dice―. Desde un árbol. Fue pasando de rama en rama hasta desaparecer.
Se levanta y esconde la cara. La vemos de espaldas, secarse en el delantal.
―Era él ―repite.
Ahora sí debemos irnos. Tocamos la fibra más íntima y lo que dijimos es todo lo que se puede decir. Nunca más hablaremos del tema. Lo sabemos. Como el rayo, nunca ataca dos veces en el mismo lugar. 
0 comentarios

“Hoy”, una postal joven de la transición entre lo que fuimos y lo que tenemos que ser.

Por Victoria Caracoche

“Hoy” es una película sencilla. No hay un entramado de conflictos freudianos ni de personajes complejos: es una radiografía de un momento de nuestra vida pre adulta.

Cuenta la vida de Gastón, que trabaja por la noche haciendo de todo en una estación de servicio; un trabajo aburrido, chato. Y sus amigos, quizás también aburridos, se instalan en el bar del lugar mientras él vende cigarrillos, limpia los baños, hace cuentas.

Así transcurren las horas, las madrugadas, hay una rutina grupal para combatir ese no saber qué hacer, como una manera de eternizar la unión de estudiantina de quinto año. Esa noche, sin embargo, tiene algo especial: llegó Celeste, esa compañera que se fue hace mucho pero volvió, y flechó a Gastón con su frescura y su sonrisa.

Todo un retrato de un período crítico de nuestras vidas: ese momento donde no sabemos para qué lado dirigirnos. Cuando abrimos y cerramos con ganas las puertas de la adultez, a medio camino entre estudiar y trabajar, a veces sin muchas opciones para elegir, bailando entre el desinterés y la presión del afuera, sin ganas de que nadie nos apure a decidir.

El director, Luis Díaz, sabe estampar esa sensación con simpleza cotidiana y los intercala con bellos cuadros de cómic, sutilmente sumados a la historia: porque Gastón puede estar avasallado por su inseguridad, o puede no saber muchas cosas, pero sí sabe dibujar, y transfiere todo su imaginario y sus deseos a su lápiz, que maneja con soltura. En ese marco le falta a Gastón el empuje o la esperanza de darle a su talento la importancia que realmente tiene, y que lo hace recurrir –como postal simbólica de esta generación- a un trabajo sin futuro y con un jefe odioso.

Sus amigos van y vienen, pueden estudiar, quizás trabajar, no importa, porque quizás ni a ellos mismos les importe. Pero sí les vale estar juntos, como una forma de sostener un círculo de contención o de diversión que saben que algún día se va a terminar o a transformar en otra cosa. Y así es que dentro de ese círculo, el amor (o cualquiera de esos sentimientos relacionados) está presente, por supuesto. La pareja que se alimenta de sus vaivenes, los consolidados como novios, y el histeriqueo fuerte entre Gastón y Celeste, formulan los centros de conflicto de cada uno de los personajes, revisitando cada una de las formas de relacionarse que ponemos en práctica.

 “Hoy” también puede ser ayer o mañana, no tiene gran importancia, porque todos los días son iguales. Hasta que uno de los protagonistas diga basta y tome las riendas de su vida. Tal como nosotros mismos hemos tenido que hacerlo (o al menos lo intentamos).

[Ficha técnica]

DIRECCIÓN Luis Díaz
CON Roman Tanoni y Mercedes Candegabe.

PAÍS Argentina, 2011
DURACIÓN 75 min.
0 comentarios

Viejo, solo y puto, una propuesta teatral que articula lo marginal desde el cuerpo. La expresividad alcanza su mayor potencialidad en las miradas, en los gestos, para darle espacio a una maquinaria de intensidades, donde lo femenino y lo masculino serán etiquetas vacías,  resignificadas por nuevas identidades.


Por Nadia Sol Caramella

Murmullos en el fondo de la escena, adelante: estanterías con medicamentos invaden el espacio, apenas se delinean unos pasillitos entre las cajas y los estantes. Intuimos que algunas cosas se nos escaparan a la vista. Un hombre toma un trago de cerveza mientras espera. El paisaje es decadente, anclado en un tiempo anterior. El esplendor del pasado asoma como una ironía en el presente.

El bullicio crece, como crece la ansiedad por saber que vendrá. Estamos ante una obra inquieta, poco a poco los personajes van apareciendo en escena y vamos comprendido qué vínculos los unen. Se trata de dos travestís, Sandra y Juliana, un agente de propaganda médica y dos farmacéuticos que heredaron la farmacia de su padre. El hermano menor acaba de recibirse de bioquímico; su hermano y su amigo, junto con las chicas lo esperan para brindar antes de salir al Mágico, un boliche de la zona.

La narrativa de la obra se va creando por yuxtaposición de comentarios.  Los retazos van construyendo el todo. Cada cruce de miradas  propone un encuentro y una nueva situación. El cuerpo sirve de lazo entre los personajes. Las relaciones son asimétricas, de poder, de saber. Dos mundos vinculándose en una sola noche. Por un lado, el saber de la calle, el de las travestís, por otro, el saber de la experiencia del hermano mayor y el agente de propaganda médica y, por ultimo, el conocimiento más metódico y rígido: lo académico representado por el bioquímico. Esta mezcla es posible gracias a los vínculos que se generan en torno a la inyección de hormonas femeninas, que las travestís suelen aplicarse para encontrarse con un nuevo cuerpo que las identifique, al parecer es un funcionamiento cotidiano en el mundo travestí.

El director, Sergio Boris, ha creado una propuesta novedosa porque logra generar una historia sin historia, una especie de suceso, que va adoptando su propia narrativa en la mente del espectador. La obra es una yuxtaposición de materiales heterogéneos, miradas, cuerpos fragmentarios, objetos que van ocultando situaciones al público, que luego deberán reponer o intuir. El cuerpo es el espacio donde van a parar todos las premisas de esta pieza,  la significaciones y el argumento se expondrá desde lo físico, cada cuerpo, cada rose, cada beso, cada postura, nos contará más que las palabras, que quedaran relegadas a un segundo plano. Estos cruces determinan el ritmo de la obra. Los cuerpos ejercen su propia expresión y efectos sobre la puesta. En este sentido se destaca un momento intenso en el que  Juliana, la travestí más vieja, sale a escena sin peluca, con el pelo mojado, el maquillaje encendiéndole la mirada, la ropa apretada conteniendo su figura. Al parecer está herida. Se supone que algo de eso debería ser grotesco, sórdido tal vez, en este momento cierta parte del público se ríe. Pero, lo que pone funcionar este personaje no es una oscuridad decadente o ridícula, todo lo contrario. Cuanto más desnuda y expuesta está, realza su belleza, la pone adelante, más delante que el cuerpo. Es la única que logra salirse de esa métrica propuesta por la obra, ella está siendo otra cosa, devela su fortaleza. Es el mejor personaje, por que está anclada en ese submundo de una manera lastimosa, quizá aun más que su compañera y sin embargo, puede sobrepasarlo. No hay en Juliana vestigios de lo grotesco. Su esencia bifurca miles de interpretaciones, la que provoca risa, sería la más fácil y tonta.  

El paisaje sonoro es tan intenso como las acciones y las miradas. El bullicio, los gritos, los golpes, la cumbia villera son efecto del caos y la violencia exterior que ancla al espectador en ese mundo hostil, que se reinventa en la distancia que ejerce la obra sobre lo contado. No hay valoraciones. El espectador terminará por forjar el sentido de la obra. El juego queda planteado y el Mágico bailable se impone como promesa de una felicidad clandestina, a la que todos quisiéramos alcanzar, pero esta puesta tiene su propia épica y giros. Bastará con relajarnos en ese devenir, viejo, sólo y puto.  

[Ficha técnica artistica]

Actúan: Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss, David Rubinstein
Escenografía: Gabriela A. Fernández
Iluminación: Matías Sendón
Diseño sonoro: Fernando Tur
Asistencia de dirección: Jorge Eiro
Asistencia artística: Adrián Silver
Producción: Jorge Eiro, David Rubinstein
Dirección: Sergio Boris

[Funciones]
Sábados 22hs
Espacio Callejón: Humahuaca 3759
Informes: 4862-1167 / http://espaciocallejon.blogspot.com/
Entrada: $60 y $45