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Tengo dos pasiones: la música y la fotografía. Y es la comunión entre ambas lo que me genera un éxtasis infinito, algo especial que me transporta a otro mundo. En él sólo existen los artistas, las melodías, mis ojos y mi cámara: una burbuja gigante donde me siento invencible.


La fotografía y la música son como la Coca y el Fernet; la combinación perfecta. El escenario donde las luces, las sombras, las expresiones y los movimientos juegan de manera única haciendo que experimente climas y sensaciones que rozan lo místico. 


Podrá sonar exagerado lo que digo, pero cada vez que voy a un recital a sacar fotos, siento que se cierra un círculo. Algo se completa. 


Un gran artista dijo una vez: “Sin música no hay universo” y no hay nada más cierto.

Lito Vidaurre
                                                                                                                            
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“Carne”, tiene esa perversión algo elegante, en verdad, creo que suena así por la furia contenida, por ese control del contexto, el metacontrol, incluso en las imágenes trastocadas, en el continuo trastorno del narrador, en ese hablante que denota espanto, hastío, miseria humana, dureza emocional, esa que es profunda hasta el colmo, sobre todo en las escenas cotidianas, con remates aún más penetrantes, que dejan flotando la duda, no necesariamente sobre el desarrollo del texto, sino que sobre el cuestionamiento humano, esa especie de salida de una suave golpiza.

La ira que se desplaza hacia la sociedad, el desgano, se posicionan tanto en los títulos, como en el transcurso de la obra. Por otro lado, el humor ácido alcanza cabida en los episodios más coloquiales, como en “Combo Breaker”, sobre todo en la escena de las 8:42:27

El libro, en sí, es un osado, por las temáticas, por el desenvolvimiento violento de los personajes, del hablante lírico, esa desnudez en la que vierte su interioridad, por el ejercicio, la experimentación, como ocurre con Educación Sentimental I a V, donde Rojas Pachas, envía mensajes literarios a Boris Vian, Dostoievsky, Kafka, entre otros.

La presencia de diversas referencias, confeso, hacen indagar un buen rato en google, no sé, tal vez sea demasiada ignorancia al enfrentarse como lector a los textos o Rojas Pachas hace muy suyo el universo de “Carne” y nos desafía a que no sigamos tan estáticos.

En los aspectos más íntimos e intimidantes, que por lo general abarcan aspectos de relaciones más cercanas, hay una simplicidad que supongo es la que genera un recepción más nítida.

Rojas Pachas, es un ladrón de momentos, no sé si cabe en la clasificación de “Grandes tarados sin sentimientos” que Vila Matas menciona en uno de sus artículos, donde despotrica, contra esos que convierten el mundo y lo que a él respecta en un oficio para llevarlo al texto y se deshumanizan torpemente, pero creo claramente que se apodera de las situaciones, del ego, del existencialismo que deja en su libro.

Cuidado, en este momento puede ser que el autor, esté tomando notas mentales, burlándose un poquito de esto, de todos.

Kamila López
Antofagasta 2011

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Si bien seguramente no pase de ser una cuestión en buena medida banal, la discusión en torno a la “literatura independiente” y sus inmediaciones parece ser (a dios gracias) un debate todavía abierto. ¿Qué es?, ¿para qué sirve?, ¿dónde está?, ¿con qué se come?, ¿quién la conoce?: oscuros enigmas que una y otra vez se reiteran cuando sale a la palestra ese álgido tema que nos preocupa a unos cuantos y deja indiferentes, inertes o bastante desinteresados al (aprox.) 99,99% de la humanidad.
No está mal, sin embargo, —si acaso nos interesa rescatarla de las tinieblas y la vacuidad en las que suele encallar con preocupante frecuencia— darse una vueltita por algunos de los usos y abusos a los que solemos someter esa incierta categoría, aunque más no sea para rozar algunos de los problemitas que quedan tapados cuando, sin demasiada precisión ni cuidado, hablamos de “literatura independiente”.


Seamos independientes, que lo demás no importa nada…

Entiendo que, actualmente, en sus acepciones más difundidas el concepto “literatura independiente” no pasa de ser, por lo general, una etiqueta adherida sin demasiada discreción a una gama bastante heterogénea de productos literarios ubicados en lo que podríamos llamar, de una manera algo rimbombante, márgenes de la industria cultural[1]; para peor, no es poco habitual que se trate, además, de una auto-etiqueta; o sea: temeroso de que dentro del enquilombado zoológico de la literatura lo vayan a meter en una jaula que no sea la que le corresponde, es el escritor mismo quien, presuroso y previsor, se estampa en la frente el cartelito de “independiente”, solidario así del trabajo de aquellos que se solazan en la rotulación y cuidadosa demarcación de los accidentados terrenos de la literatura. Tampoco es raro que, complementando lo anterior, este rótulo funcione como una especie de bálsamo auto-justificante (y auto-exaltante): a cualquiera que escriba cualquier cosa le bastará con anexarse el mote de “independiente” para así, de inmediato y como por arte de magia, hacerse acreedor del derecho a pertenecer a una especie de imprecisa y sediciosa cofradía dedicada a infringir los difusos límites de los cánones literarios en boga[2].
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Revista EL6A - Arte Independiente  n°4 Edición Septiembre – Diciembre 2011 número 4, año 2 ISSN:0718 — 9540 Edición Digital Revista EL6A [Arte Independiente es una publicación de Editorial Los Seis Antonio y se encuentra bajo licencia Creative Commons: Reconocimiento-Compartir-Sin obra derivada, bajo Licencia 3.0, Legislación Internacional.]
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La decisión ya estaba tomada desde tiempos inmemoriales. Quizás desde dentro del vientre materno. Su angustia crónica y su desdicha eran signos recurrentes de que las puertas hacia la tragedia estaban abiertas de par en par. Nunca quise nacer, por qué carajo vine al mundo si jamás disfruto la vida! Esa idea se repetía en la mente de Mauricio todo el tiempo. Siempre estuvo convencido de que su existencia no tenía sentido. Podría borrarse del mapa cuando quisiera que nadie lo notaría. ¿Quién me extrañaría? Nadie, pensaba. Por todo esto fue que, aquella tarde de octubre cuando el sol calcinaba la terraza de su edificio, envalentonado se propuso acabar con todo su sufrimiento.
Desde allí se percibía el más absoluto vértigo. 17 pisos, como vaticinando la desgracia, componían aquel vástago de concreto ubicado en Nicolas Reppeto y Rivadavia. Los incesantes sonidos de los autos tan habituales, a aquella altura eran casi imperceptibles. Mauricio, seguro hasta los huesos, se acercó hasta la cornisa. Ráfagas de viento intermitentes teñían la escena de un crudo suspenso casi haciéndolo tambalear. Levantó la mirada hacia las nubes, y sintiéndose uno con el cielo infinito se percibió feliz, satisfecho con lo que estaba por hacer. Se despidió de sí mismo, la única entidad de la que podía despedirse, cerró los ojos y cuando estaba a punto de flexionar las rodillas y dar el salto hacia la eternidad, algo lo detuvo. Su celular, que nunca entendió bien para que lo había comprado pero que alguna fuerza superior lo había impulsado a tener uno, comenzó a sonar. En un principio, su sonido histriónico e irritante lo alteró, tanto que casi lo revienta contra el piso de cemento, pero luego, comenzó a pensar quién sería el que lo estaba llamando, si desde que se lo compro, solo lo habían llamado una vez confundiéndolo con un radio taxi. No importa, ya no hay tiempo, pensó. Pero luego, preso de una curiosidad insólita, se decidió a atender la llamada sin siquiera fijarse cual era el número entrante. Hola, dijo Mauricio seco y tajante. Desde el otro lado, una voz automática y casi robótica retrucó el saludo.

-Hola, buenas tardes, mi nombre es Marco, me comunico de Servicios de Atención y Extensión a los y las clientes de Telecomu, ¿Con quién tengo el gusto?

Mauricio estaba a punto de batir records olímpicos de lanzamiento arrojando su celular a cielo abierto cuando de pronto, vaya a saber uno por qué, contestó tímidamente, como un acto reflejo de su soledad absoluta reclamando una voz humana:

-Mauricio.

-Que tal Mauricio mire, le comento, estamos ofreciendo un paquete de beneficios múltiples y variados para su línea a un muy bajo precio, esto sería, llamadas gratis a todo el mundo, 15000 mensajes de texto gratis por un día, 8 números free, servicio de internet, GPS, póker online, biblioteca virtual, películas y música a descargar de forma gratuita y aumentar su abono al doble por solo $150 por mes, ¿Le interesa?