escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios




indefinible


una noche cualquiera
me no-pronunciarás
certeramente


es que
no se trata
de asirse
mutuamente


sino de
rozarse
irracionalmente
en los bordes


moebianos


allí donde
entrar o salir
es un juego
y ya no sólo
de palabras








[http://es.flavors.me/giordanomalta]
0 comentarios



A veces algo inquieta al sentir
amenazando poner en jaque el dia.
La mente se encuentra inmersa en fantasias.
Inalcanzables por momentos, proximas a vivirse en otros.

De las muchas sensaciones que aparecen
puedo quedarme con el anhelo
del reencuentro con lo mas puro que habita
en estos huesos pretenciosos.
Eso que desconozco,
amo y odio a la vez.

Esta vez, me he permitido ir a su encuentro,
para al fin conocer en profundidad.
Conocer la luz y la sombra
que luchan por imponerse a diario en este cuerpo.
Darles a cada una, su oportunidad de expresión
para que ninguna destruya a la otra tratando de ser.
Desatando esas guerras interiores
a veces quimicas, a veces sangrientas.

Todos los acontecimientos o personas en mi vida,
pueden congelarse sin sentido
en algún compartimiento oscuro de mi cerebro.
Pero el corazón cansado de apretar para que nada escape,
se agota o simplemente surge esa fortaleza
capaz de traer entendimiento a aquello que está tan oculto
que no se puede sentir, ni saber así nomás.

El corazón al fin, se declara inocente,
mientras sigue venciendo al Dragón del miedo y la ilusión.
Así descubro quien se esconde
detras de las culpas disfrazadas de tristezas sin causa aparente.
Los miedos desfilan desnudos delante mis ojos,
vistiendo su cruel verdad.
Al verlos, su horror se vuelve hermoso
y de alguna forma se desprenden de mi cuerpo de luz
aquellas sombras que me impiden habitar este cuerpo material.

Sigo en la búsqueda de la mascara de cristal
porque mis ojos aun no brillan suficiente.
Ven, pero no pueden reflejar su luz.
Hoy miro el cielo de mi interior.
El cielo de mi alma.
Todas las ventanas que invento
me muestran todo aquello que provee vida.
Toda la inmensidad de un bosque o un vasto sistema solar.
Hoy encontré todos los mensajes que deja mi espiritu cada vez que aparece.
Encontrando la fuerza y estabilidad que también me pertenecen.
Sus notas, sus huellas, sus avisos
sus migas de pan para que pueda seguirlo...


Escuchá el poema 

_________ ______________________________________

Imagen: Natalia Fernández
Audio: Jasp Galanier
0 comentarios
[La pequeña muerte]



Arrodillada frente a su propia tumba, nada parecía tener sentido. Ni la placa de bronce con su segundo nombre y apellido grabados, ni aquel cementerio sombrío, ni ella en esta tarde de verano. Y sin embargo, allí estaba: entre sorprendida y atemorizada, confundida sin lugar a dudas, estupefacta ante el hallazgo de su propia muerte. Tenía una muerte sencilla, tierna, de niña de tres años; amarilla, preciosamente aberrante. ¿Cómo era posible que algo así hubiera ocurrido? ¿Cómo su muerte, la falta de referencia a su primer nombre, el ocultamiento durante todos estos años por parte de sus padres, el sol de la tarde, ella...?Avasallada ante la ignorancia, se entregó. Las lágrimas brotan ahora de sus ojos y corren rápidamente por su cara, los sollozos van adquiriendo intensidad y a medida que el tiempo transcurre ella va quedándose dormida, presa de la somnolencia desencadenada por toda gran pena infantil. Y en ese sueño, entre ese llanto, ellas se reencontraron. Ellas, su pequeña y olvidada primera muerte y esta, su última y latente vida.


[Calvario]

Hoy
cuando apague la luz
trataré de irme a dormir
algo triste
y hablo de tratar
porque
ciertamente
no doy por seguro que pueda dormir
esta noche
tan desolada
tan vacía
sin aire
sin frío
sin ganas de ser
siquiera noche
conforme con ser
solamente
un intento
de continuidad del día
que todavía no ha acabado
(mal que me pese, decía)

Entonces a oscuras
buscaré
refugio entre mis sábanas
- tal vez algo sucias -
y contendré mis
lágrimas
por miedo a que estas brillen en la penumbra
y te desvelen
y este nudo
que tengo en mi garganta
continuará bien cernido a ella
hasta desgarrarla
callando
algo de verdades
y otro tanto de
dudas
pero serán mis
silencios
los que en definitiva
siempre
se lleven el premio
al mejor papel de
víctima.
0 comentarios
Priscila Vallone
vallonepri@hotmail.com
1 comentarios
Mi idea de tranquilidad en aquel tiempo, tenía que ver con, por ejemplo, no sentir la obligación de ir los domingos a la misa de 10:00 y escuchar los aburridos sermones del padre Augusto, un vasco de sesenta años que se había metido a cura porque lo consideró lo más conveniente dada su incipiente fealdad. Esto no es una suposición mía, él mismo lo había confesado. No en una confesión. Me lo comentó, tiempo después, en el bar de la esquina de la iglesia, también un domingo, en que como todos los domingos después de misa, o como todos los días, no tenía nada para hacer en la iglesia, y se sentaba allí hasta llegado el mediodía a tomar una gaseosa tónica. Luego dormía la siesta y luego solo él lo sabía.
El padre Augusto cumplía con su misión de cura como cualquier hijo de vecino que trabaja porque no le queda otra en una oficina, por un sueldo de medio pelo para abajo. Daba la misa y después si había un Dios o no juzgando o ayudando o perdiendo simplemente el tiempo, era ya un problema que estaba más allá de su preocupación. Lo único que le faltaba era percibir un salario por sus conferencias dominicales, pero eso era mucho pedir, y además sabía que no lo merecía. Sin embargo mientras cumplía su horario laboral de 10:00 a 11:00 era un reverendo hijo de Dios. A menos de la boca para afuera, y sin tener en cuenta que yo me aburría. Porque no toda mi vida estuve tranquilo. Cuando aún no tenía la capacidad ni el suficiente derecho de decidir no ir a misa, mi padre me arrastraba hasta la iglesia como si fuera un gato con una correa. Los perros casi por naturaleza saben lo que es eso. Cuando se las colocan no dicen ni mu, y automáticamente comienzan a caminar cuando sus amos caminan, y se detienen si sus amos se detienen. Para los gatos no funciona de esa manera. Siempre me dio un poco de asco esa palabra. Amo. No me refiero al verbo en presente simple, primera persona singular, esa más bien me dio muchos problemas, sino al sustantivo, y me pregunto con qué derecho el hombre se considera el amo del perro, debe ser que el perro es demasiado bueno o que tal vez no tiene la capacidad de elucubrar planes en su contra, en contra del hombre. Pero volviendo al asunto mi padre me arrastraba y yo era como un gato con correa. No llegaba nunca al punto del berrinche insoportable que sí hacía Tomás, que casualmente se llamaba o se llama, sabe Dios dónde andará ese chico, hoy será un hombre grande, igual que el gato de la historieta, y al que el padre Augusto, con voz menos ronca, más pelo, pero igual de feo, lo saludaba siempre como “Santo Tomás”. Pobre, qué manera de sufrir su infancia. Yo no berrinchaba de esa forma pero dejaba una clara postura de fastidio y semi desesperación. En aquel tiempo el padre Augusto todavía no se atrevía a reconocer nada, por lo que imagino yo que creería un poco más en Dios que ahora, o al menos se mentiría sin darse cuenta o creyendo sus mentiras. Uno cuando se viene viejo se aburre de fingir. Se aburre porque se aburrió de haberlo hecho tanto tiempo, no porque uno alcance la iluminación de la verdad o sepa más secretos que antes, o porque se reconozca a uno mismo. Uno simplemente se convierte en lo que es. También se comienza a añorar, qué estupidez, al hombre que uno era, la virilidad, el poder subir escaleras sin agitarse, el visitar algún club nocturno o practicar algún deporte, el que te mire por la calle alguna señorita, de viejo te miran por la calle con ternura pero porque sos un viejo tierno, o con desprecio pero porque sos un viejo de mierda.
Se termina viviendo con el deseo de ser como uno nunca debió haber sido. Por eso luego de aburrirse de fingir uno quiere volver a seguir fingiendo pero ya no te da el cuero. Entonces uno es uno.