Es sábado, tarde noche, lugar: teatro Gregorio de Laferrer, Morón. Un flaco lee un poema con tono monocorde y las palabras que suelta de apoco caen al piso del escenario y ellas saben muy bien, que no quisieran volver a nacer, no así, no de nuevo de su boca. Luego siguió una mujer de unos cincuenta y tantos años igual de monocorde, pero esta vez, las palabras indignaron a alguien del publicó que desde el fondo empezó hablar, su voz era potente y femenina:
Basta de poesías dinosaurio que hay revivir con electroshocks de palabras “preclaras”, “vacíos” y “nadas” con puntos suspensivos al final, a mí esa poesía me chupa un ovario, sabés por qué, porque no dice de mí. Yo, yo tuve miedo al ver a amiga desandar un camino obsesivo de la cama a la puerta de la casa y contar los billetitos violetas para ese aborto, porque a él que todavía no era, no le podía dar nada, sólo culpa.