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Qué útil nos sería este fresco.
Este maduro atardecer incoloro.
Esta noche apaciguada de tanto azote.

Cómo aprovecharíamos las maravillas climáticas si…

Qué inútil se nos hace este silencio
muerto pronto en un poema.
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No quiero competir a ver

quién es la perra real,

ni que el premio sea dolor.

Para sentirme sola estar sola

y no en tu casa,

no tu uña en mi garganta,

ni ladridos a los cielos.

Alguna vez agarrarte la mano y andar,

alguna vez comunicación es piel

y va a ser mi tiempo, tu tiempo.

Ahí si, piernas abiertas

y no arañas que nos tejan la carne.

Una noche caen iglesias

mientras nosotras nos abrazamos.

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¨ Entonces aquí termina mi viaje, aquí donde termina mi país y donde termina mi desierto, aquí en Arica, en este puerto ubicado en la punta más septentorial de Chile¨

Memorias del desierto, Ariel Dorfman, 2004.


Un afán por hacer hablar a una tierra desértica comienza a producir un gran despliegue discursivo lleno de recursos literarios e imágenes poéticas que están llenas de palabras y significantes profundos y sinceros en la pampa chilena. Dónde la simple ilustración de un mapa nos ubica en la posición geogràfica del desierto de Arica, en el extremo norte de Chile; es el Desierto un escenario de los inicios de una identidad no solo chilena, si no también de un alcance mayor, mas universal porque él guarda los orígenes y la vida misma. El silencio del Desierto es su propio síndrome, dice:

¨Es como una mujer-había dicho Miguel-. Seduce, atrae… Cuando lo vez por primera vez, el desierto ofrece muchas tentaciones y luego te las va negando lentamente, repite la misma oferta, cada día te da otra vez más, casi con desesperación, lo que ya te ha dado ayer. Siempre igual en su monotonía. Y uno empieza a darse cuenta de que realmente jamás se te entregará.¨[1]
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¿hace ruido

el caer

de la letra escrita

en el verso

que nadie lee?



aquí difiere

el hombre

del árbol




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Verano

A pesar del calor
voy a chuparte todo

tus partes saladas me van a dar sed
y no te va a quedar otra

que cederme un poco de tu agua

porque sos un oasis en mi heladera,
una birra fría para aguantar el verano de buenos aires

sos amigo de las chicharras y de los ventiladores de techo
un pez en el agua de mi vereda
agua que antes fue río enlatado en el patio de mi vecino

Sos la imagen y la brisa fresca que necesitaba
Entre los mosquitos y el asfalto caliente
Tu torso desnudo es una montaña
Agarrame de la piernas
Ayudame a subir
Voy por aire fresco y
algo más…

y después de todo
a seguir calientes
porque todavía
le quedan meses al verano.


Foto familiar

A través de las visitas, la mujer iba mostrando al extraño sus partes más sensibles, él armaba la figura de ella, todos los días al llegar a su casa, la completaba en el recuerdo de lo vivido.
El trabajaba en la construcción de una casa vecina a la de ella, con la plata que ganaba mantenía sus vicios, a su esposa e hijo. Pero la vecina, lo excitaba demasiado, tanto que era casi imposible rearmar algunos rostros como los de su familia en el retrato de su vida diaria. Esto no era un engaño, sólo un juego indecible.
Pronto seria un engaño. Tenia que pasar.
Al pensar en eso, sacó su miembro del pantalón, puso un preservativo azul sobre su pene y comenzó la acción. La mujer gemía con gritos estruendosos, él por un momento tuvo miedo. Ella despertaría a su pequeño hijo si él estuviera ahí, poco a poco la cara del nene tomaba forma, un ojo, rojo, la boca, ella gemía, otro ojo, seguro lo despertaría. La cara casi está completa, el hombre termina el acto en un orgasmo tembloroso y mudo.

El coito estaba consumado y su hijo volvía completo en una imagen. Luego del sexo qué sentido tendría esta aparición o esta foto de su familia que se reamaba con cada prenda que volvía a cubrirle el cuerpo.