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Desnudo a la intemperie.
Exijo correr los riesgos
del estilo y de la convicción.
Grito, aullo mis milagros,
lo miserable que me siento
al no encontrar la palabra justa,
presiento la desesperación
y sin embargo nos inunda la suerte.
La pureza de correr a ningún lado
de no mirar, de no observar
es como el criterio de los locos
al seguir diciéndonos
que van por nuestro camino.
Después de todo.
De acariciar, de lamer el metal,
de llenar nuestro paladar de aluminio,
nuestra nariz de impurezas,
nuestro sentido de odio,
los gritos detrás de las puertas,
las sombras detrás de las luces.
Los ambar, los azules,
los iluminados y sus iluminaciones,
los cantos, las voces,
las canciones y la melodía dulce.
Vuelven para dar letras,
guiones de comedia,
lágrimas de tragedia.
Escondido en la intemperie,
en lo que se cree lejos,
en lo que se ha dado por silencio.
Inundo las raíces,
las ahogo como siempre,
me quito los sueños
para poder dormir,
me corto los brazos
para no reclamar al cielo,
me corto los ojos
para verlos sangrar,
para después incendiar mis oídos.
Lo que ha sido ausencia
ahora es anhelo.
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el semen que te traes colgado
que pensaste
que venía de regalo con el amortadela (no puedo decir amor porque el amor es muy simple)
tiene consecuencias
lo sabias
tiene consecuencias
que te traes colgando ahora
unas sabanas
un colchón inflable
un cogiendo en el aire
el destete de que te anden queriendo.
que modifiquen el contenido los conceptos los elementos
de ser puta
y no serlo
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12va FLIA

domingo 6 y martes 8 de diciembre

en

COOPERATIVA GRÁFICA PATRICIOS

av. PATRICIOS 1941, Barracas – La Boca


Acá las fotos de las dos jornadas por Fernando Bonsembiante:




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¿Cuándo dejaré de ser la estúpida al pendiente de un encuentro de recuerdos en los vagones de los trenes? La que aguarda por divisar algún fantasma en las paradas al costado de la ruta. La que los sospecha de reojo al subir a los colectivos.
Locura, el haberme topado con uno al fin y no sorprenderme. Locura, mi serenidad. Locura, la ausencia del peso del tiempo. Locura, sentir brotarme una mirada nueva, no planificada, como quien contempla el rostro de un insospechado hijo perdido. Locura, sus tímidos gestos de ternura, tardíos. Locura, lo tan conocido como el proceso de respiración. Locura, de unos minutos, de pequeñas sonrisas vírgenes evocadas por dos descarnados.
¿Cuándo dejaré de ser la insensata que, tras caer en las redes del azar, olvida la obsesiva espera por las proyecciones para ir a buscar el cuerpo? La que vaticina sus errores y no hace nada para prevenirnos. La que acepta su dejarse arrastrar, con desparpajo.
Qué hastío el de entregarme a preguntas ajenas, qué hastío la cordura, hastío de una obviedad que no comprende que los viejos caminos siempre se me cruzarán.
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Guido Garcia