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I


hay un desierto
naciendo entre lunas
bajo mi lengua


a Artaud




II


en mí, cerca mío
en las aguas ocultas
alguien lloviendo




III


de sortilegios
siembra el alba tu voz
entre fulgores




IV


ella hablará
de lo desvanecido
en el viento




V


en la música
fulgura una grieta
al otro lado


a Lucas




VI


sobre las llamas
al borde del silencio
algo huérfano

[ extraído arbitrariamente de Luces y silencio, El Péndulo ediciones, 2007 ]

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“canciones que son ventanas hacia la unidad”
(Tao de los de los acordes, disco Impecable A.B.)


El domingo 6 de septiembre Adrián Bechelli presentó el disco “Impecable” junto a su banda La Tezcatl orquesta mística: Luciano Paez (vientos), Gonzalo Martinez Valea (percusión) y Natalia Forastiere (voces), en el centro cultural Pachamama.
La presentación fue más allá de lo convencional. La escena brilló por la música y la poética de Adrián Bechelli, un autor de “espíritu tan libre como creativo” (en palabras de Pablo Grinjot) y por sus invitados, que lograron crear climas únicos.
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Lamemos la puerta en vez de golpearla.
Con sangre de perros,
mi lengua trabaja sobre la madera.
Y quiere y canta y goza.

X. V.



Dicen que toda poesía está hecha de intimidad. Intimidad de quien la escribe. Intimidad de quien la lee. Intimidad del texto replegado en su sustancia indecible. Es un caso extremo y maravilloso de esas intimidades silenciosas y complementarias la poesía que Xoana Vélez reunió en su primer libro: En la punta de la lengua.
Los de Xoa son poemas que al recorrerlos nos hacen resonar siempre en un lugar diferente, inesperado, palpitante; su escritura no se conforma -como es tan habitual en estos tiempos- con disfrazar lo obvio de lo cotidiano con oropeles baratos, ni sorprender con ingeniosas banalidades o procacidades inútiles, sino que trabaja deteniendo en el lenguaje el fluir de la experiencia para transmutarla y mostrar sus aristas secretas, esas que todavía se conservan preciosamente afiladas y peligrosas. Poesía hecha toda de materia vital, donde ella va, transcurre, está como un líquido volcándose. Poesía que sopla como todo lo que es mundo; que intenta encontrar traductores para el hambre.
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No cabe duda que la lluvia me conmueve,
como la noche,
como a esas lágrimas de polietileno.

No he encontrado poesía en los libros,
no he encontrado un significado
mas que la única forma podrida y corrupta
de poder darle forma
a lo que sólo existe
en ese mundo de delirio
unipersonal.

Saliendo a caminar bajo el tiempo (ese tiempo que no se gasta), tratando de querer encontrar una sola manera de pisar este mundo con la fuerza suficiente para despegar. Y volver, contar, mentir y exagerar ¡Y salir a la calle, diciéndole a Santi, queriéndole mostrar, señalando con el dedo para que observe, para que mire que belleza!; mirándo a Jime, haciéndole señas con los ojos, gestos con la cara, como para que me ayude a convencerlo (a convencerme), de que hay belleza fuera de este continente que nos rodea. Vistiéndonos de Dios para que sus pequeños ojos vean lo que le queremos mostrar. ¡Hay, si! Dios existe aún... para alguien...

No cabe duda de que estamos fritos, amigo.
No cabe duda de que caminamos bajo el mismo sol.
¡Y como quema! Hasta en las sombras...
Porque siempre hemos tenido delgada la piel.

Y aqui en la tormenta que nos conmueve de otra forma
encontrar de una vez la identidad,
tan solo por una noche poder caer en tus brazos,
para descansar sin temor a dormir y a despertar.