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[1

Quizás en aquel circo de Rumania la mujer barbuda -adivina ad-honorem entre acto y acto- tiene razón. Quizás la trapecista sí perdió su sombra cuando el hombre lanzallamas trató de impresionarla e hizo su prueba más peligrosa: no quemarse él mismo al decirle que ardía por dentro cuando ella se perdía en la oscuridad.

[2

"Te juro que no es mi sombra", dice, y me pregunto entonces qué es lo que se está colgando de la mía hasta dejarla arrastrándose un jueves, cielo despejado, mientras el sol alumbra mi cara desconcertada al no ver mi figura en el pavimento.

[3

Falta un pedazo de la historia: ese donde la sombra de King Kong desde el piso se casa con la sombra de la mujer, trabaja en una oficina de 8 a 14 y tiene un Renault 12 y una casa con balcón. 
Quizás algún día, en el BAFICI, ojalá.

[4

¿Alguna vez viste una sombra explotar? No, yo tampoco. Papá dice que lo hacen cuando no las ves. ¿Me clavarías estos palillos en los ojos?

[5

y la sombra dice: suave suave nena, yo te quiero mostrar luces de la noche

Sombra de la noche negra - Pescado Rabioso

Está desnuda en mi cama. En diagonal, ocupándola toda. La sombra de la persiana la cubre de rayas, deja su ombligo y un pezón a la luz. Parado al borde señalo la curiosidad. Se ríe, se ruboriza y cierra la cortina. 
Después son todas luces.

[6

Dicen que en algún tiempo eran los humanos quienes seguían a sus sombras, hasta que un día alguien hizo girar la tierra al revés y todo se dio vuelta.
Me pregunto si alguna vez pasará eso entre vos y yo, mientras tirado en el suelo oscuro te veo correr. 
Y te sigo, siempre te sigo.


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Micro-excursiones es un cuestionario que va en busca de comiqueros e ilustradores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los comiqueros e ilustradores.

Autora: Flor Huerga
[Mini-Bio o Auto-semblanza]

Mi nombre es Florencia y soy dibujante no solo porque lo disfruto muchísimo, sino porque es una de las pocas actividades en las que me desarrollo con constancia.
Actualmente curso mi último año de Artes Visuales, podría definirme como una obsesiva de los bichos y plantas.
Creo que todos tenemos "monstruitos" dando vueltas por la cabeza. A mí personalmente me gusta sacarlos a pasear: si no los dibujo y ridiculizo, se instalan y no se van más.


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te pongas a dibujar?
Buena onda y tranquilidad a mi alrededor

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Cualquier personaje de la vida moderna de Rocko

3. ¿Qué talento o superpoder desearías tener?
Telequinesis y teletransportación, especialmente cuando salgo de un recital.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Mis libros de arte!

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
El egoísmo, es lo peor

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en la humanidad?
La capacidad de crear, especialmente música.

7. ¿trabajas con guionistas? En el caso afirmativo: ¿Cuàl es la cualidad que aprecias más en un guionista?
Nunca me crucé con uno.

8. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Mi mente suele ser Caótica!

9. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Hacer lo que me gusta sin preocupaciones. Y disfrutar con mis amigos.

10. ¿Cuál es tu mayor miedo?
La nada misma, el aburrimiento, la inconstancia, o lo peor quedarme sola.

11. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Acá y ahora.

12. ¿Qué libro gráfico, historieta o ilustración que hayas adquirido últimamente te hubiera gustado dibujarlo vos?
Bicicleta sin Frenos de la editorial Jelly Fish y también me gustó mucho Regalitos Semanales de Vero Gatti

13. ¿Qué historieta, ilustración  o caricatura no volverías a publicar? ¿Por qué?
Mis grabados en metal de 2º año de la facu, son horribles jajaja

14. ¿Qué disco te hace sonreír?
Unos cuantos, el otro día escuchaba Little Joy mientras dibujaba y la pase muy bien.

15. ¿Qué otras ramas del arte estimulan tu trabajo?
Todas, pero la música es casi una necesidad.

16. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
The magnetic fields!

17. Si después de muerto volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
Uh, me mataste, probablemente a Milo, mi perro,  para que sea mi compañero zombie de aventuras. Creo que debería dibujarlo antes, para ver cómo queda.

18. En tu última obra ¿encontraste la imagen o la forma justa para expresar lo que querías?
No,  pero eso también está bueno, que esté incompleto te hace seguir buscando y surgen otras cosas.

[ Mini-muestra]


[Contacto]
(Es un buen lugar para encontrar algunos adefesios extraordinarios…)
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por María Ibarra


Mi papá me llamó cerca de las nueve de la noche diciéndome que fuera a verlo porque se iba a morir. Le pregunté qué le estaba pasando y me repitió a gritos que se estaba muriendo y que era mi padre, qué otra razón necesitaba escuchar.

Más vale que vengas, concha de tu puta madre, me dijo y cortó.
Dejé pasar dos o tres colectivos antes de decidirme. Subí y el chofer me dijo hola. Me descolocó porque era la primera vez que un chofer me saludaba y me dio mala vibra contestarle. Mientras buscaba asiento lo oí quejarse: Maleducados de mierda. Todos.
Fui escuchando Crystal Castles. Pensando en el bien y el mal, los mundos invisibles, el dolor de los muertos. El viaje duró una hora.
Es un barrio feo y son diez cuadras desde la parada hasta la casa de mi papá. Había luna llena y gente sucia paseando en medio de la calle, entre los autos. Caminé concentrada en mis zapatillas hasta dar con la puerta. Llamé varias veces y no respondió nadie, solamente por eso usé mi llave.
Mi papá estaba sentado en el living comedor, con la cabeza volcada en un plato de arroz con pollo, roncando. Le toqué un hombro, la espalda, no se movió. Su piel despedía olor a alcohol y grasitud corporal. Fui hasta la cocina, abrí la puerta y salí al patio.
El perro llegó corriendo y me saltó pidiéndome que lo acaricie. Poto, le dije. Le apreté el hocico para enojarlo, él me mordisqueó y me lamió los dedos. La oscuridad del jardín venía cargada de vibraciones monstruosas. Tantee la pared buscando la llave de luz pero no la encontré y corrí para adentro, perseguida por el perro.
Entré en la habitación de mis diecisiete años y me quedé ahí con Poto. Miré el colchón sin sábanas ni almohadas, cubierto de polvillo. No daba más de cansancio así que me tiré igual, vestida, con las zapatillas puestas. Poto subió y se hizo un bollo entre mis piernas. Dejé la luz encendida. 
Me dormí y soñé que me ardía el bajo vientre. Me lo acariciaban tres manos gordas. Unas nenas corrían a mi alrededor empujándome para que me cayera. Iba al baño en presencia de otras nenas más chiquitas. Me sentaba en la taza pero no podía orinar porque no dejaban de mirarme. Volvía con las nenas que corrían, ellas se transformaban en cubos azules, me seguían empujando.
Me desperté a oscuras. Grité de miedo y Poto se bajó de un salto, aullando. Busqué al perro en la oscuridad, lo agarré del cogote y fui con él hasta el interruptor, apretando los párpados y la mandíbula, con el corazón explotándome de miedo. Prendí la luz.


Mi papá me pegó en la cabeza y me desperté de nuevo. Era de día.
¿Qué hacés durmiendo acá?, me preguntó
Nada, es mi pieza, le dije.
Te dejé mi pieza anoche. Te dejé la cama grande. Acá te dije mil veces que no entres, esta pieza no es para dormir.
Es mi pieza, duermo mejor acá.
Y el perro. Dormiste con el perro.
Fui hasta el baño seguida por mi viejo.
¡Dormiste vestida y con el perro! ¡Con las zapatillas puestas! ¡Voy a tener que tirar el colchón! ¡Dejá de caminar cuando te hablo!
Cerré la puerta. Mi papá siguió gritando.
Mirá lo que hiciste. Ese colchón todavía servía y ahora no sirve más. Había que sacudirlo un poco y listo pero ahora vos lo arruinaste con esas zapatillas llenas de mierda. ¿Cómo lavás un colchón? ¿Para qué te dejo la cama grande? Para que duermas donde se te canta el forro.
La taza del inodoro estaba vomitada. Oriné en el bidet.
¡Te estoy hablando, carajo!
Dejé que me agrediera sin contestarle. Al rato se cansó, no lo oí más. Me quedé sentada encima del bidet. Tenía migrañas y sensación de asfixia. Miré el techo. Había una nubecita gris, difusa, como de fumata.
¡Nos incendiamos! grité.
Abrí la puerta y lo vi a mi papá, esperándome.
Fuego, dije en voz baja.
No es de acá, es de afuera.
Me apuntó la cara con un dedo.
Te sangra la nariz, ponete algo.
Palpé la humedad con asco.
Es tóxico este humo, no lo aspiremos.
No hace nada, dijo mi papá. Exagerada de mierda, igual que tu madre.
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[Sobre el autor]
Javi Punga

Javi Punga. Joven multitalento e hiperprolífico que ha construido una carrera intachable a base de creatividad y esfuerzo. Siempre siendo el más original de su camada, en su etapa como chico noise quilombero en los seminales Ned Flander, y desde allí sorprendió con un centenar de obras de arte conceptual y efímero. Música, plástica, historieta, poesía, periodismo, Javi no conoce límites entre disciplinas. Un artista popular, de culto. 

[Contacto]

Mail: javier.punga@gmail.com
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Ojalá no vieras lo quieta
que estoy, mirá.
Inmóvil,
con los ojos abiertos
(eso es importante),
observo los mensajes
que deja la humedad
en paredes linderas.
No muevo nada,
lo juro,
(parpadeo, quizás
un poco / es cierto)
pero mis pupilas
son estanques
donde nadie arroja
una sola piedra.
Fijate, respiro
(eso es importante)
despacio, apenas,
el restito de menta,
de la sal del clima,
que traía tu frente.

El suelo absorbe
una ausencia de pasos,
y trae insectos
para espantarme. Y no.
La luna asoma sólo una
de todas sus piernas.
Y no.

El mínimo desplazamiento
hará estallar
los dispositivos
de tu recuerdo.

Cuento, con latidos
segunderos, todos
los pulsos del tiempo,
el tiempo que hace
y deshace mil cosas
mientras me crecen
las ganas, el amor;
las uñas, el pelo.

[Más de la autora]
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.
 
 
ph: Natmotorizadafotospulenta
[Mini-Bio o Auto-semblanza]
 

Un tipo a punto de responder un cuestionario, ex vendedor de golosinas, ex joven..
 
1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Tengo que sentir que voy a tener suerte
 
2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
El Takeshi Kitano con tic en el ojo, trajecito y ganas de matar a otros mafiosos
 
3. ¿Qué talento desearías tener?
Estaría bueno aprender a cantar algún día. O poder fumar puchos sin que me hagan mal… puchos con vitaminas estaría bastante bien
 
4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
El cuerpo! La libertad! Mis amigos! Pero nada nos pertenece, nos morimos y chau
 
5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
Mis zapatillas             
 
6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
Con que no sean fachos y resentidos me conformo
 
7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
En este momento por las respuestas que estoy dando creo que es casi nulo
 
8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Una tortilla babé en la parrilla de cucha cucha, alguien que pase sonriendo mirando para ningun lado…hace poco soñé que iba caminando por la calle y de pronto escuchaba la campana de una iglesia y un tipo que gritaba “está ocurriendo!” “el día llegó!” de pronto el piso comenzaba a desaparecer y dejaba ver debajo nubes que inundaban todo y de pronto estaba volando y me daba cuenta de que el suelo siempre había sido el cielo, me desperté llorando de la risa. No entendí nada.
 
9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Esa pregunta es una trampa, si yo te digo que mi miedo es que me corten al medio con una motosierra capaz alguien muy al pedo viene y me corta con una motosierra. Es muy rebuscado, pero no se, no me gusta esa pregunta. A ver que sigue?
 
10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Ah, esta pregunta la respondí en la ocho.
 
11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
So wat`cha want, temaso, de los beastie boys.
 
12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Loco y malo supongo, es mas que nada un chiste que grabé para un amigo con el que estabamos de vacaciones, el afro. Afro! Un saludo si lees esto.
 
13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
El de lou reed con Metallica?
 
14. ¿Qué libro te hace sonreír?
El guardian entre el centeno
 
15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Daniel Johnston! El 8 de marzo tenemos que tocar pase lo que pase. Pero en la realidad no estoy apto para salvar a nadie, sobretodo si hay que nadar llevando a otra persona. No cuenten conmigo.
 
16. Si después de muertx volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?
A Harpo Marx...
 
17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Si, lo que no se es cual es el ultimo. El doble con mariano nos dejó satisfechos, fue un proceso largo pero quedó como queríamos. El de los boleros está en camino y el de los espiritus todavía no salió, pero con todos estoy contento
 
 
[Contacto]
 
twitter/ @maxiprietto
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[En cámara rápida y para atrás]


No se necesita mucho,
quizás un auto viejo
en un estacionamiento con palmeras,
algo que desafíe el discurso del tiempo
y el espacio,
mirar por la vidriera
y sentir la burbuja,
tan frágil
intensa
y viva,
condensando los colores en reflejos
aislando y sometiendo;
quizás el mismo perro,
repetido,
en cada esquina,
en el juego de fingirse otro,
distraído,
rompiendo una bolsa de basura,
ladrando a los autos,
-suicida
en
velocidad-,
oliendo el culo
de otro perro,
poniendo una maquiavélica expresión de tristeza
para recibir las caricias
de una minita
de la que podría haberme enamorado
de tener mejor corazón
(yo)
hasta que descubre
(él)
que te diste cuenta,
y guiña un ojo
y lo dejas de ver
porque a veces el error es un error
y a veces es un mensaje
y por mucho que estés más cerca
descubrís que hay una cortina,
transparente,
que nunca se corre
(ni se va a correr);
quizás un niño
bloqueando tu camino
en el pasillo de un supermercado,
desafiante,
haciendo que tiemblen las botellas
que se vuelva lejano oeste el instante
la vista muy fija,
desenfocada,
tanto que quizás no lo estés viendo
o no te vean,
el capricho furioso
de: "lo hago porque puedo",
o la conspiración latente:
"podemos salvarte
a menos que
nos salves",
la trampa que sostiene con vida
la incertidumbre
de nunca saber si cuando fui chico
miré tan directo a los ojos
a un tipo de barba
tan drogado
separados por unos centímetros
que podrían desdoblar al mundo
y dejar de ser
conciencia-espectador
perder la trama
para verlas todas
perdiendo el consuelo
de
volver:
romper las cervezas
correr
acercarse y hablar
pedir ayuda
asesinar;
un proyeccionista pasado de merca
cambiando mil carreteles
en perfecta sincronía
y en la pantalla,
imperturbable,
ese pequeño,
estirar la mano
y
tocar;
quizás un graffiti
que dialogue con otro graffiti
que se luce,
solitario,
en la otra punta de la ciudad;
quizás las poesías inconclusas de los baños
porque todos los borrachos con fibrones
forman a un único escritor
y
quién sabe
si no sos vos;
quizás el mensaje codificado
en las poses de yoga
de esa rubia
en esa plaza:
¿cómo concentrarme en la lectura
si se adivina
una ajustada
tanga?;
quizás el disco
estallando en los auriculares
nombrando la calle que atravesás
la calle que tiene mi nombre
sin que sospeches que tu vida
puedo
cambiar;
quizás unas enfermizas líneas
que hablan de lo poco que se necesita
transformando la lista de compras
en la mejor
de las
mercancías:
la magia
jamás
está dividida.
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“Canciones para rodar por la alfombra”, el último compilado del proyecto Amo descubrir canciones, es un compendio de nuevas melodías que rompe con el anonimato a pura descarga gratuita y calidad. Otra batalla ganada a las grandes discográficas.

Por Gastón Malgieri

Canciones para rodar por la alfombra cover artArranco esta crónica con dos puntos de partida prometedores:

Uno: el link que me ceden para acceder al material me lleva a un sitio encabezado con la imagen de una lámpara y la leyenda “Amo descubrir canciones”.
Dos: el disco que contiene las 12 composiciones sobre las que intentaré dar cuenta, se llama “Canciones para rodar por la alfombra”, y se me figura como toda una invitación lúdica que no recibía desde mis tiempos de plastilinas y papel glasé, en la seguridad artificial del jardín de infantes.

Pongo orden en los objetos que tengo al alcance de las manos. La taza de café, el encendedor, un block de notas que sirve solo como adorno. Quiero disfrutar este momento. Y sí, además tengo algunos síntomas de TOC (trastorno obsesivo-compulsivo).

Tercer reglamentario L&M encarnado en la comisura izquierda de los placeres (siempre), doble clic, auriculares desproporcionadamente enormes, un ventilador que no oigo y no apacigua el fuego serrano de mi Córdoba natal y la certeza de que algo bueno está por sucederme. Y para un pesimista crónico eso es éxtasis.
Pulso play.

Una respiración agitada marca el pulso y lentamente se escucha el punteo de una guitarra. Me sonrió. El ventilador gira inútil. Suena “Vaporcito” del zaragozano Bigott. Su pronunciación del inglés me recuerda al actor Sacha Baron Cohen. Pero la canción no es en clave “parodia” de nada, sino la picardía típica del español dándole belleza al comienzo del viaje.

Me propongo no adelantar los temas, ir desmenuzándolos con la lengua y transmitir esos acordes sobre la pálida blancura del documento de Word. Ahora sí tengo un plan de trabajo y tiene su propia banda de sonido. Un aparte no menor: descubro que el disco está producido bajo una licencia Creative Commons y que navega por diversos puntos del continente americano. Lo celebro bebiéndome todo el café que tibiamente se mezcla con la algarabía.

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 Hace unos días, Delia Iglesias y Chun Li inauguraron la muestra “Mundos que no vemos”, una isla de seres exóticos que se suma al tono silvestre del Patio del Liceo.

Por Nadia Sol Caramella

ph: Nat Motorizada
Como un voyeur en vacaciones. Una ciudad ecléctica y el sol porteño en lo alto invadiendo de naranja y amarillo el cielo. Las ilustraciones de Delia Iglesias y Chun Li escapan al escepticismo del verano. Esas criaturas de papel sobre las paredes de la galería Áurea impactan para bien.

El nombre de la exposición es sugerente, apto para curiosos, una invitación a rescatar esos mundos que se pierden en la ceguera de lo cotidiano. La mirada y la imaginación son tierra fértil para nuevos encuentros, por eso estas obras, que si bien son disímiles logran hacerse compañía. Juegan al mismo juego y se ve reflejado en la armonía con la que conviven de un lado a otro de las dos paredes que ocupa la muestra.

 “Ver la naturaleza tal como es en mi mundo ideal", reza la inscripción en la vidriera de la galería. Y por qué no, estamos a tiempo de salir de la jaula de la razón y de todas las doctrinas que nos hacen menos libres. Esta serie engendra la semilla de la imaginación como vía de conocimiento, uno distinto, menos rígido. Se trata de plasmar montañas, cielos, plantas y seres orgánicos que no existen pero que aun así habitan el imaginario de las almas creadoras, que en un gesto generoso se animan a darles vida. Al exponerlos a la mirada ajena, la chispa se enciende. Y esas criaturas que nacieron en la intimidad, encuentran por fin nuevos espacios en que nacer.

La obra de Chun Li se caracteriza por el uso de colores atrevidos y alegres, sus personajes parecen anclados en tiempos de carnaval, dialogan con una infancia pérdida, de la que apenas quedan algunos trazos: vestigios de los cuadernos de la niñez. Delia Iglesias, por su parte, va habitando el espacio de manera reflexiva, es notoria la comodidad con la que dibuja negro sobre blanco, una propuesta sumamente madura y con proyección: “La esencia de lo que quiero transmitir cuando creo personajes, es primordialmente el amor y la valentía hacia lo que no se conoce. No porque me crea muy valiente, de hecho no lo creo, pero siempre me sentí cómoda rodeada de lo desconocido” asegura Delia.  Otra de las aristas sobresalientes de su obra es la recurrencia a los venados como motivo poético, una obsesión para nada superficial: “La saga de los Confines de Liliana Bodoc me hizo entender la figura del venado como algo social. En  este libro mágico el Venado es el pueblo unido y a la vez un guerrero que acepta su destino, sea cual fuere, con valentía. Entonces sentí que mi misión (si es que cada uno tiene una) es la de generar conciencia de unión, mediante lo que hago. La figura de un animal al que le crecen ramas en la cabeza, no es más que un hermoso símbolo de unión, de humildad y valentía, como lo es un pueblo unido.”

Un buen creador busca la armonía. La muestra refleja las ansias con las que estas artistas buscan nuevas expresiones y formas de comunicar, con gran lucidez Delia continua: “Los mundos que uno no ve, pero que están dentro, latiendo, esperando ser encontrados son los que nos van a unir en un futuro. El hombre, desde el principio de los tiempos, era puro hasta que las diferentes "jaulas" (religión, escuelas, trabajos, ropa, banderas, etc) lo etiqueta y convierte en producto y productor y los sueños o las fantasías, quedan relegadas a "pasatiempos" o terapias... me niego profundamente a ver al arte como tal. El arte es lo que nos mueve todo el tiempo, es la esperanza de todo cerebro quemado. Mi deseo con esta muestra es que aún nos reunamos, que juntemos lo que nos queda de los sueños y les volvamos a dar cuerda”.

A veces la ciudad es un cuerpo dislocado y fragmentario que confunde los sentidos. Por suerte, la conquista generosa del blanco de una hoja y el arte como enlazador de mundos, da pequeñas treguas a las jaulas que nos mutilan con sus etiquetas. La voluntad de manifestarse más allá de lo invisible, siempre intuyendo como un voyeur en la oscuridad, se presenta como única salida para los que todavía creen que lo esencial escapa a los ojos de la doxa, la religión, el facebook, la tv, las modas. “Mundos que no vemos” es una opción arriesgada para los adictos a la razón, pero es tierra fértil para los que todavía creen en el poder de la imaginación. 

[Sobre la muestra] 
Áurea - Galería Patio del Liceo - 
Sta Fé 2729, 1er piso, Loc 52, Cap Fed.
Lunes a sábados de 17 a 21 hs.
Entrada libre y gratuita
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por Franco Dall'Oste


Una mujer de lentes, remera rayada y pelo corto, me mira desde aquella sala. Me acerco con sigilo, y ella reacciona con una mirada desinteresada. Parecía estar charlando con aquel muchacho de remera amarilla y bermudas beige. Le entrego mi entrada, un papel que dice “$10. CineFreak”, con un diseño un tanto austero. Ella mira el boleto con una expresión rutinaria, como por inercia, y luego lo rompe en dos, pasándome uno de los extremos. “Gracias”, me dice, sonriendo.
Adentro unas diez filas de butacas se erigen enfrentando a una vieja pantalla de cine. Los asientos son suaves, de un terciopelo carmesí, vestigios de un pasado glamoroso, aquel viejo teatro devenido en cine, aquel auditorio en que en 1995, en medio de la lógica neoliberal autodestructiva, fue reclamado y reinventado por un grupo de jóvenes con ansias de cineastas, que decidieron darse el gusto de ver como Dios manda las películas que los obsesionaban.
Los murmullos se escuchan vagos en aquel lugar, la acústica es buena. Oigo algunas risas, la gente se impacienta. Pronto un crujido hace que algunos se den vuelta, luego otro más: los postigos se cierran, y las luces comienzan a decaer. Una luz pálida sale disparada desde algún lugar de la pared y se vuelca con sigilo en aquella pantalla. Un sonido, una presentación y mil imágenes para armar otra historia más: esta noche “Eraserhead”, de David Linch. 

• 

El Pasaje Dardo Rocha se erige con firmeza en aquella noche calurosa. Afuera la ciudad se siente viva.
Las paradas de colectivos se llenan con los últimos regresos, es la hora de la cena, hora de volver a casa para los que tuvieron que trabajar hasta tarde.
Un puñado de adolecentes pasa en rollers rodeando plaza San Martin, luego otros más, hasta que me doy cuenta que no es solo un puñado, debe ser un grupo grande.
En las escaleras del “Dardo” (como se lo llama comúnmente), la gente comienza a amontonarse: chicos con sombreros tangueros y ropas modernas, chicas con looks ochentosos y auriculares, skaters, y hasta adolecentes escolares. La jungla de la juventud pasajera, con ansias de arte, palabras e imágenes que invadan su mente.
Unas chicas se sacan fotos al otro extremo de la escalera, riendo, yendo y viniendo por aquel lugar. Más cerca de mío, unos pibes toman cerveza y charlan sobre la facultad. Uno me convida unos tragos. “Acá venimos bastante”, me dice, “pasan buenas pelis, cosas que quizás no veas en otros lugares”. Le creo.  
El “Cine Freak” comenzó en el año 1995, y desde un principio su intención fue ofrecer algo distinto, ese gustito a cine de culto que las salas convencionales no ofrecían. Estos “cinéfilos” de la era del neoliberalismo eran Jorge Gil, Roberto Mallo, y Federico Mutinelli, quienes “deleitaron a muchos de los platenses que estaban ávidos por ver algo más que lo le que ofrecían las 2 o 3 salas sobrevivientes que le quedaban a la ciudad (recordemos que todo esto pasó mucho antes del arribo de las multisalas y el pochoclo)”, reconocen en su página web.
La verdad es que la mayoría viene porque sale barato y pasan buenas cosas. En esta, la era de Cuevana, ir al cine es un gusto extra, casi un lujo, por eso si hay que ir, es preferible un clásico del cine de diez pesos, que una comedia de vampiros de cuarenta. “Yo soy estudiante de cine”, me dice un hipster típico: chupines violetas, lonas rojas, chalequito, bigote y sobrero bombín. “Okey”, le digo, y sigo mi camino. “Me parece que estos espacios son esenciales para poder acceder a otro tipo de cine con la calidad de una buena sala”, me declara una chica en la entrada, mientras fuma un cigarrillo y salta de un grito al ver un insecto caer sobre su pierna. De alguna forma la gente parece querer declararme cosas espontáneamente.

• 

Ya la cerveza se termina en las manos de un adolecente, que procede a tirar lo que queda y guardarla en su bolso.  Otro apaga su cigarrillo y se dispone a entrar, siguiendo como en transe la fila que asciende hacia el primer piso. Es la hora.
Adentro del pasaje, en el hall central, los guardias de seguridad se impacientan sentados a que su día termine, mientras un televisor muestra las distintas cámaras del lugar. Enfrentado a ellos, un hombre canoso y de bigote gris vende las entradas. “¿Te puedo dejar una entrada y una amiga pasa a buscarla en un rato?”, le pregunta una chica de unos veinte años y apariencia divertida. “Pero mirá que en diez minutos yo me voy”, declara el hombre, un tanto impaciente ante el pedido.
“Hace dos años la entrada estaba a 3 pesos, ponele”, me comenta uno de los guardias. “Pasa que este año la municipalidad les quitó parte del subsidio que tenían, por eso tuvieron que subirla a diez”, me dice, brazos cruzados.
Es cierto que los tiempos cambiaron a lo largo de los últimos 17 años, el público, y hasta quizás la razón por la cual la gente sigue viniendo. Quizás sea una mezcla: títulos exóticos o clásicos, el carácter social del evento, y ese fetiche por el cine, con sus butacas y sus olores, esas ganas de disfrutar lo analógico en esta, la era de lo digital. O muy probablemente sea por esa masa de hipsters ávidos de chupines y comentarios elocuentes acerca de las más relevantes obras del cine contemporáneo, sí, debe ser por eso. Igual Eraserhead me está comiendo la cabeza.

• 

La gente sale despacio, uno a uno van dejando la sala. Unas chicas aún se ríen de alguna escena perdida en el inconsciente de David Linch, otros hablan de que los lunes están dando Reservoir Dogs, de Tarantino. Las películas se repiten en el calendario: por un mes, todos los lunes un título, todo los martes otro, y así.
Afuera de la sala por fin respiro, aflojando los pulmones y la temperatura, luego de estar encerrado en un día tan húmedo y caluroso. El Pasaje Dardo Rocha está tranquilo, fresco. El piso abajo se ve como un inmenso ajedrez, y la gente recorre aquella galería comentando la película aún, deseosos de volver a casa, y entregarse a sus sueños.
Afuera la ciudad goza de un viento fresco: por fin el calor se ha ido. También la gente parece haberse escapado: los rollers, los skates, las chicas sacándose fotos, todos desaparecen en la noche platense. Arriba la luna ilumina con sigilo, como aquel proyector que baña las paredes del Dardo Rocha todas las noches, en busca de ese “algo más” que nos da el cine.
Miro hacia atrás, el guardia deja salir a la última persona del edificio, y procede a cerrar con traba aquellas inmensas puertas de vidrio. Dos crujidos metálicos, luego un tercero. Ahora solo pueden escucharse los autos que pasan por avenida 7, la noche nos reclama, ya es hora de volver. A menos que…

No posta, ya es hora de volver. 


[Más del autor]
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Laura 

en la escalera de la iglesia
pudimos besarnos
y no lo hicimos

en la plaza
cinco de la mañana
cinco cervezas
pudimos no habernos besado
y lo hicimos

seis años
desde que nos descubrimos

un catálogo de poemas de patético ardor
contuvieron pobremente la frustración
desde el primer “No” al último beso

ese beso

de regalo
que fui a buscar
por burocracia de certificado

nuestro amor fue
un reproche cívico
un ademán entre dudas
una pendejada para la monogamia

nuestro amor fue
siempre lo no dicho
murió cuando lo forzamos
a la convención del contrabando

en una palabra
otra victoria del capitalismo


Daniela 

en el mundo de Daniela
caben lugares pequeños
encierros amistosos

se juzga al árbol por sus frutos
mi causa es con la raíz

el árbol es tiempo
habilidades del silencio

espera

Daniela cabe en un árbol
su promesa un fruto podrido
y raicillas en expansión


I touch my serlf • 

una bombacha rosa
abierta en flor
corona una montaña
de ropa sucia

mi pecho trota
la mano obra

un cúmulo torpe de
procedimientos poéticos gastados
para significar
una parafilia ordinaria


[Sobre el autor]

Walter Godoy nacido en Buenos Aires en 1984, es Periodista, productor, conductor de radio y poeta. Publicó los libros de poesía “Cuando Éramos Jóvenes” (2008), “El Mercado de la Carne” (2009), “Los Proselitistas del Rock” (2009), todos por la Editorial Casi Incendio La Casa; “Las Aventuras de El Señor Apatía” (Curcuma Ediciones 2009), “Libro para los poetas que cortan versos como porciones de pizza” (Fanzine Luddita 2010). Fue incluido en la antología “2017 Nueva poesía Contemporánea” (2010, Milena Caserola) y fue uno de los 5 autores editados por el Slam de Poesía Oral en 2012.
En 2008 realizó, junto al dúo de música experimental Libitones, un EP con relatos musicalizados: “Cuando Éramos Jóvenes”. Desde 2011 organiza junto a la banda Enviada el ciclo de poesía y música en vivo “El encanto de Once”, que se realiza en diferentes bares y casas abiertas de la ciudad.

[Más de Walter Godoy]
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Chori - 08​/​12: cinco años de canciones hechas en Córdoba demuestra que existe una escena musical interesante más allá de Buenos Aires. 


Por Joel Vargas 




República Federal Argentina es el nombre oficial de nuestro país, por lo menos así lo dice la Constitución Nacional. Una patria que nació de una guerra civil interminable entre dos bandos bien marcados. Donde triunfaron, supuestamente, los federales sobre los unitarios según indica la historia oficial. Pero seamos sinceros, no es  tan federal, todo está centralizado en Buenos Aires. No me refiero a la Provincia, sino a la Ciudad y al Gran Conurbano Bonaerense. Ya van 200 años en los cuales todas las cosas “pasan” en la Capital. Obviamente que la difusión de las producciones culturales no escapan a esta lógica centralista, solo salen en los grandes medios las bandas de Buenos Aires. Pero en la era de Internet estas barreras se empiezan a quebrar de algún modo. Chori, un compilado de bandas cordobesas, recoge el guante de romper la centralización capitalina y bonaerense.

Como en toda selección, siempre hay una persona que oficia de curador, que la elige, le da un orden particular y trata de formar una identidad homogénea (la escena) y heterogénea (por los estilos) teniendo como resultado un pantallazo de una movida. En Chori, el que hace el recorte es El Servicio Postal, un blog cordobés que pertenece a Juan Manuel Pairone y Santiago Garrido. La decisión principal que tomaron fue hacer un recorte temporal: solo canciones que salieron entre los años 2008 y 2012. El disco cuenta con una edición física muy interesante, a cada una de las veinte canciones les corresponde una ilustración de Lucia Moras y tiene como resultado un trabajo integral, un caleidoscopio sonoro y visual.

En el álbum uno puede encontrar diferentes climas pasando desde la oscuridad introspectiva de Benigno Lunar con “Tobogán en espiral”, la alquimia popera de Esencia con “Suspenda”, la dulce melancolía de un día perfecto para el pez banana en “México”, la rabia contra la máquina de Árboles en llamas con “Bosques”, el melodrama confesional de El hijo de mi padre con “Isabel”, entre tantas otras. Chori está ahí, al alcance la mano para aquellos que les gusta romper con el centralismo capitalino y demostrar que existe una escena musical rica, interesante y versátil más allá de Buenos Aires.