Raúl Perrone no necesita demasiadas presentaciones, le bastan unos 20 años de trayectoria en el cine independiente y una filmografía tan numerosa como influyente:
Bing Bang (1990), con Piero

y música de Fernando Zamalea y el Zorrito Von Quintiero,
Esquina con Andrés Calamaro, del mismo año,
Suave como terciopelo y
Nos veremos Mañana (1992),
Blus y Chamuyando (1993),
Labios de Churrasco (1994),
Jimidin (1994),
No seas cruel (1995),
Graciadió (1997),
Cinco pal'peso (1998), Zapada (1998) con Capusotto y Campi
, Peluca y Marisita (2001), Canadá (2006) y una abultada lista de films que podrán encontrar en su página
web.
Hace unos días atrás nos encontramos con Raúl en un bar de Ituzaingó, de donde es habitué y suele tomar algo con sus alumnos tras cada taller. Estaba distendido, acababa de comer y nos recibió con un rictus serio, nos preguntó: ¿ustedes vienen a hacerme la entrevista?, y ante nuestra afirmativa desplegó una sonrisa muy amigable. Habíamos charlado varias veces antes de este encuentro, que finalmente pudo ser concretado. Raúl siempre tuvo buena predisposición. Habló de todo, se animó a decir a cara de perro: “La crítica tiene que cambiar, para mi está muerta…”, también nos habló de cómo fue variando su búsqueda estética a través de los años, de su manera de ver y hacer cine. Además nos adelanta sus próximas proyecciones y su vuelta al trabajo con músicos.
No se guardó nada, al final de la entrevista reveló por qué hace cine y cuál es su mayor ganancia, tras tantos años de trabajo.
A continuación, una retrospectiva del pionero del cine independiente argentino
Mauricio: ¿Qué estás haciendo ahora?
Perro: Estoy preparándome para una retrospectiva que me van a hacer en Perú. También van a mostrar los actos cotidianos en la Cinemateca nacional de México. En septiembre muestro mi último tríptico en el Cosmos. También se va a presentar, si llegamos, esperemos que sí, un libro que está realizando la Universidad de La Matanza con una cajita en que estarán incluidos los DVDs de mis películas. Luego me voy a Córdoba a hacer una retrospectiva ahí, y a hacer una charlar en la Universidad de cine de Córdoba.
M: Cómo te cae todo el reconocimiento que surgió en este momento: la retrospectivas que mencionaste, tus películas que ahora son emitidas en INCAA tv…Cómo hacés para que no te afecte.
P: No voy a ser diplomático en la contestación, a mi la verdad me chupa un huevo todo eso. Yo sigo haciendo películas. Si me pongo a pensar me bloquearía, no me importa ese mundo. Me importa ser fiel a mi mismo y seguir haciendo películas. Me pone muy feliz poder hacer esto, se que el tiempo va a poner las cosas en su lugar. Sé que tengo un reconocimiento, y no lo hice pasando por los mismos lugares que pasaron todos.
M: Notas tu influencia en las películas que se están haciendo ahora? En las películas que te dedican, sentís que es un homenaje sincero?
P: Algunas que tengo noción creo que son sinceras. Alguien me dijo que en Montevideo me dedicaron una película, tiene cosas de Labios, porque Labios de churrasco se había mostrado en Montevideo, estos pibes eran muy chicos y la vieron como diez veces, entonces me dedicaron la película a mi y a Jim Jarmusch. Cuando vi 25 watts en el BAFICI me dio mucha bronca porque era como ver algo muy parecido a lo que yo hacia, y me sentí… Viste cuando te encontrás con un tipo parecido a vos, decís: ¡Qué raro! Después me encontré con los pibes, son amorosos, enamorados sinceramente de lo que yo hacía.
Nadia: Hace un tiempo atrás habías escrito en un estado de Facebook que estabas buscando la virginidad en el cine. Recordando tus películas pensé que en realidad te referías a la virginidad de la imagen. Me interesa la poética que manejas ahora porque si en Zapada y en otras películas fuiste un beat, hoy manejas las nociones de Haiku, esta cosa de la imagen pura, simplificadora, sin tanta ornamentación con mucho silencio y sonido ambiente. ¿Cuándo hablabas de virginidad te referías a eso?
P: Absolutamente, y es más profundo, me refiero a la no manipulación. Es decir que las imágenes no sean vapuleadas, manipuladas en el sentido de corregir los colores, buscar el mejor master para no tocarlo. Trato de no poner música, para no manipular a la gente y lograr un estado de ánimo únicamente con las imágenes. Un cine lo mas austero posible. Cuando hablo de virginidad, hablo de volver a la fuente. Al cine que yo no conocí pero supongo que habrá sido en los principios. Es decir, que sea lo más creíble, lo más puro posible y que no esté contaminado ni condicionado.
N: Leí que estabas experimentando con el sonido, siento que en vos el sonido no funciona como contextualización sino como un complemento que no invade la imagen.
P: No, es una musicalización del barrio digamos. Yo fui por etapas: al principio me preocupaba mucho la composición del cuadro. En aquel momento Gracia´ Dio´ era super vanguardista, les cortaba la cabeza a los personajes, había encuadres con mucho aire arriba, era políticamente incorrecto para tarados ortodoxos, la gente no lo entendía.
Después me empecé a preocupar por la actuación, por lo que decían dentro de esos cuadros. Y ahora estoy más preocupado por el sonido, es muy importante, dándole un tratamiento, tratar de elaborar un sonido que te oriente musicalmente, hablo de las voces, los autos, los timbres, una mezcla de cosas que automáticamente te hacen estar en un lugar. Cuando armás el sonido con un criterio te queda una banda sonora sin música.
N: Manejas el ritmo del silencio.
P: El silencio es lo más importante.
N: Volviendo a tu segunda preocupación, la etapa de la actuación, cómo haces para que la gente con la que trabajás no se sienta intimidada por la cámara.
P: Es un trabajo muy difícil. Mi laburo es como la mosca en la pared, cuando no lo ves. Soy como un hipnotizador, voy a la gente y les hablo, los llevo a un estado de ánimo que ellos creen. Cuando me doy cuenta que ese tipo o tipa está entregado, ahí empiezo a filmar. Es todo un laburo, no es que yo pongo la cámara y todo sucede. Está todo preparado por mí, les hago vivir una vida que no

tienen.
N: técnicamente, ¿hay una formula para que la gente se entregue?
P: Decíme cómo es el amor, explicameló...
N:…
P: Es inexplicable. Vamos a estar diez tipos y los diez vamos a tener distintas formas de laburar.
Si pensás en La mecha de Tito Galván: en Friburgo, una cultura que nada tiene que ver con nosotros; frío, chocolate y demás, Galván gana un premio al mejor actor. ¡Friburgo! Vos te pensás que estos tipos se preguntaron si el viejo era un municipal o mi suegro. “El actor Galván”, ese es el mérito. Yo considero que cualquier persona que se pare delante de una cámara está actuando y cualquiera lo puede hacer, si está bien dirigido.
N: En una entrevista dijiste que primero ves una persona y te das cuenta de que querés filmarla y en base a esa persona inventas la historia, cómo es ese proceso?
P: Es tan fácil como eso, o difícil. A veces pensás en alguien que ya conocés y querés hacer una película con esa persona. Para mí es todo sumamente intuitivo y hay azar también. Cuando arranque con este nuevo tríptico empecé a trabajar con un tipo que se llama Luján, un tipo que conozco desde el año 88, en esa época hice un cortito con Piero y lo puse a este hombre a trabajar. Vive al lado de mi casa, cada tanto lo veo, yo soy como un topo que no sale nunca, no tengo trato con nadie. Un día lo veo hace dos años y me quedé como tildado mirándolo. Al otro día lo volví a ver y le pregunte ¿en qué anda?, me dijo que estaba en la casa de la vuelta haciendo tal y tal cosa. A la vuelta está la casa donde filmé Zapada y Gracia´ Dio´, fui con la cámara y ahí empezó Luján.
A mí me gusta partir de algo, calentarme con algo, vuelvo a casa, tengo un microcine, lo pongo en la computadora, lo veo en grande, me extasío, es una retroalimentación de las cosas que hago. Y ahí ya

empezó, le digo Luján vamos a hacer esto y esto. La verdad que le agradezco a la gente que cada vez le tengo que explicar menos y tienen esa bondad de entregarse a mi. Y después vos lo armás y el tipo lo ve y dice ¡guau! Es mágico.