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...y si casi podía escucharlo. Porque viajaba por debajo de las puertas de nuestros sueños. Porque lo merecíamos y porque la única escapatoria fue el mar, sus limitados contornos y su tristeza. Porque el miedo había sido como la lluvia que sin querer habíamos provocado en su alma. El silencio, sobre todo el silencio y el caminar bajo las gotas; y el ruido se desvanecía sobre nuestra abstracción, en aquel pensamiento sobre nuestra tristeza y el interrogante de saber que estará haciendo esa persona cuando nosotros estamos necesitándola tanto..."
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El fin último del teatro es la AGAGNOROSIS, o proceso de desenmascarar. Teniendo esto en cuenta esto, tuve la oportunidad de ver una de las primeras obras de Harold Pinter (dramaturgo de muerte reciente, en este 2009), y de poder pensar una ilación que se construye en contraposición de conceptos desde el concepto de la AMENAZA; que es un concepto que construye las primeras piezas teatrales de Pinter. Lo que propongo es un recorrido por El montaplatos (de Pinter) en oposición con otro dramaturgo extranjero de mitad del siglo XX, aproximadamente y es Priestley en Ha llegado un inspector, obra que tuve la oportunidad de leer, pero no verla representada.
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duerme la luz a la deriva

una estatua abriéndose
a los designios silenciosos del viento

las espinas dicen
la fértil sequedad del tiempo





[ extraído arbitrariamente de Intemperies, El Péndulo ediciones, 2007 ]
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no hay en el vientre de la tormenta
nada parecido al descanso
todo está desguarnecido
todo a merced de tus días y tus noches

en la melodía de tu carne
en los perfumes desesperados de tu carne
los relámpagos abren
mi última madriguera





[ extraído arbitrariamente de Intemperies, El Péndulo ediciones, 2007 ]
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hay noches en las que me convenzo
de que mi vida
no se trata sólo de esto.
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Cuando soy un líquido que cae,
alguien vertió la botella,
alguien dijo esto no es posible.
Mis manos estan mojadas,
el aire húmedo,
el piso, la mesa, las sabanas, los libros.
Ambiente mojado.

Un tiempo de fiebre o sin dormir ni ducharme.
primero te amé y después te conocí,
y en la tele nos mostraron como una excentricidad.
Ahora voy como un líquido volcandose.
Ni lloro, ni me caliento.
Me dejaste media muerta,
más cuerda que loca.
Exceso de azúcar en la sangre y abstinencia
mojando el piso.
Pero mañana sale en el cielo esa bola de fuego, el sol, el sol.
Me saqué tu camiseta
y me llamás por teléfono,
si te atiendo o no te atiendo es lo mismo.
Se te escurre el jugo entre los dedos.
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Del amanecer
Del fracaso
De tu alma
Y mi liberación
Del sol que nunca perece
De la arena y la espuma
De mi decadencia
De tu sonrisa oxidada
De mi recuerdo
De tu fracaso
De los anhelos
Del cielo destruido
De mi muerte
De lo que me dio vida
De aquella ilusión
De esta decepción
Del ansia de que llegues
De volver a verte
De volver a esconderme
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Leandro Rossi
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Cuando los ansiolíticos dejan de tener efectos comienzo a actuar con plenitud y conciencia.


Sertraline, 50mg. – Zipiclone, 7,5mg.
Melleril, 50mg. – Clonazepam, 0,5mg.
Rivotril, 0,5mg. – Torazine, 1000mg.
Citalopram, 20mg. – Foxetin, 0,5mg.


En ese momento me acuerdo de que existen los actores sociales y que, algunas veces, yo formaba parte de ellos. Es del más extraño, pero cuando soy victima de los medicamentos tambien me convierto en el más aislado de los sujetos. Me hundo en el sopor de las pastillas y comienzo a sentir como mi pesimista ansiedad recorre mi cuerpo erizándome hasta las piernas. Es la hora en que la ansiedad comienza a bajar. Las capas de olas me tapan. Me desdibujo como la arena con el viento. Declino.
Pero si hay momentos de lucidez. Antes de la primer dosis, cuando los efectos de ayer dejan de tener efecto y antes de ingerir la toma de hoy.

Ahora me acuerdo de quien soy.

Tomo mi teléfono celular y mando un mensaje. Estoy a la espera de una respuesta, de ese pitido que estropea mi cabeza. No consigo contener el ansia de la respuesta, entonces hago la llamada. Me atiende bien, como siempre. Pero no sabe que soy yo solo por unos minutos, casi una hora.

Es en este momento de lucidez cuando tengo que decirle que quiero hacer el amor. Porque después mi deseo comienza a dilatarse, se desdibuja como la arena y en viento. O mas parecido a un aleteo indefinido. Hasta que me apago. Es la completa oscuridad, no puedo pensar, no puedo desear, no puedo hablar. Solo veo las arañas. Si, las arañas que están amontonadas en la oscuridad, desesperadas por encontrar una salida; por encontrar un hilo finísimo de luz. Algo que las ilumine de nuevo. Corren, se amontonan, se enciman y se pican entre ellas. Tiene muchas patas largas, mas de ocho. Yo no puedo verlas muy bien, porque tambien estoy oscuro.

Ya estoy dormido.

No me anime a decírselo. Pregunto un par de pelotudesces: ¿Cómo estas? ¿Qué es de tu vida? Me sentí un idiota; cerré en teléfono y corte.
Prefiero mandarle un mensaje. MSJ:

Tengo ganas de
hacer el amor con vos.


Espero. Respuesta:

Podría ser divertido y
placentero pero no me gusta
herir a nadie, ni crear
falsas expectativas.

Pobre idiota. Cree que puedo fabular con él. Cree que puede ser un motor de expectativas fantásticas en mi cabeza. Las arañas ya se encargaron de tejer todo lo que yo podía inventar, hay mucho de lo que él cree que puedo pensar. Porque ellas ya lo hicieron todo y ahora quieren escapar. Insectos inmundo, buscan la luz porque yo no puedo, porque mientras están hurgando en mi conciencia yo duermo. Pero las veo. Y ahora se que están sin moverse.
Tengo pocos minutos para seguir con esto. MSJ:

No me creas falsas expectativas.
Yo si me hago cargo de mis emociones.
Si te lo estoy proponiendo,
es porque estoy seguro.

Espero. Respuesta:


La propuesta no es mala, pero no
es mala, pero no terminaras dolido
sentimentalmente. No quisiera que luego
sientas un vació.

Y encima usa mal el adverbio. No sabe escribir bien, ni redactar bien para ser entendido. MSJ:

Yo no me voy a enamorar de vos
apasionadamente por volverte a coger.
No soy un pendejo boludo.

Espero. Respuesta:
Lo se lindo, no SOS tonto,
pero no dejo de pensar en vos y
en tus sentimientos.1 beso grande.
Nos estamos viendo pronto.

MSJ:

De mis emociones me
encargo yo, no vos.

* * *

En unos minutos voy a quedar en blanco. Profundamente dormido. Sin pensar.
A la mañana siguiente. Lucidez mental; este es el momento de los espectros. Las arañas comienzan a corretear todas juntas, no parar, me hacen cosquillas. Quiero que dejen de marchar desde el principio. No las soporto. Están alarmadas como si vieran un haz de luz que penetra desde la oscuridad, por alguna parte. Están ansiosas y asustadas a la vez.

MSJ:

Buen día, si te arrepentís,
podes avisarme.

Espero. Respuesta:

Todo bien, no te preocupes.
1 beso grande.

Cree que me preocupo por él. Me preocupo por mí, porque no puedo superar mi estado de sitio. Y porque las arañas no dejan de andar, de verdad me molestan y mucho más en este momento corto. Aunque trato de entenderlos; pobres bichos, están siempre encerrados ahí, a oscuras, sin poder salir a estirar esas infinitas patas largas.



Sertraline, 50mg. – Zipiclone, 7,5mg.
Melleril, 50mg. – Clonazepam, 0,5mg.
Rivotril, 0,5mg. – Torazine, 1000mg.
Citalopram, 20mg. – Foxetin, 0,5mg.


Me voy a dormir.


* * *


Ahora hagamos el amor. Pero te juro que me voy a vengar. Se que no te gustan los paraguas.

MSJ:

Voy a regalarte un paraguas
de esos bien grandes, con la punta
de acero bien larga. Para que te lo
metas en el agujero del culo,
cuando lo tengas bien lleno de mierda.

* * *

Me estoy adormeciendo. Me voy a dormir. Estoy sintiendo las capas de ensoñación que empiezan a cubrirme; no tengo calor.
Y las arañas se pegan en la parte baja de mi conciencia.
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Damián Liviciche
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Al principio, creí nacer para ser parte del mar. Quería confundir mis confines entre el yodo y la espuma, ser aire de los peces, jugar a volar loco en los rompientes, sonar como suena el bramido de las olas, y yacer ebrio en la arena. Quizá de esa manera podría haberme prendido del lugar que quisiera de tu cuerpo, y soltarme no hubiera dolido tanto. Me hubiera llevado una sonrisa al caer por tu teta y tu joya… y la sed de otra Andrómeda.
Luego soñé que dios me mandaba a caer de los cielos como un ángel herido, que mi vida se precipitaba placidamente en un caos de tormentas y de vientos que soplan como la muerte. Soñaba que nacía con el vértigo terrorífico de ver los horizontes tan convexos como los labios de una mueca de mimo triste, soñaba que era la envidia de todos los paracaidistas, soñaba la vida como es la vida… un perderse en lo infinito del mundo, sentirse cada vez más lejos del cielo, sin saber donde se muere ni a quien dejaré ese beso último.
¡Pero... bendita maldición mi fortuna!: soy demasiado pequeño para ser mar, demasiado salado para ser lluvia y demasiado tuyo para ser de dios.
Me tocó ser la impronta trillada de tu dolor, la lágrima espesa de tu alma, la herida de espíritu que supura vida. Fui un jirón de cristal que iba errante por tu mirada perdida… y me perdías, y te perdía y te perdías. Fui la sabia helada de todas tus muertes cayendo desde el brillo triste de tus sueños de niña desnuda.
Tenía la herida abierta de tus soledades, que me cambiaba el color en cada parte donde llegaba a tocarte: negro por tus ojos, rosado por tus mejilla, rojo por tus labios, otra vez negro y luego me iba sin color hasta tus sábanas.
Nunca supe si nací de tus ojos o de tu corazón, o si la condena que nos unió fue vivir por el mismo lamento de perdernos mientras nos besamos, deshaciéndonos el uno en el otro en ese beso. ¡Ningunos morían tan juntos como nosotros!...
Yo que salí al mundo como por un laberinto de miedos, yo que salí al mundo como para encontrar el lugar donde dios repartía los dones de la vida… crecía al son de tus sollozos y me iba convirtiendo en una gota de sulfuro de los sueños rotos que te desolló al paso que caía, pero jamás te ahogaría del todo.
Y esa maldición, ese hechizo de muerte tan bien conjurado que de muerte se alimenta, nos unió eternamente… pues jamás ningunos morirán tan juntos como nosotros.
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La vida de Barrunte era una batalla constante entre la memoria y el olvido. Era un hombre que siempre olvidaba lo pasado, de forma inconsciente y carente explicación lógica alguna. A sus veinte ya había olvidado la infancia, a los treinta la adolescencia y a sus cuarenta años ya no recordaba las amistades, la familia o los golpes del tiempo; ya se olvidaba de sus creencias y de sus hijos e incluso su nombre, yacía junto al olvido. Los únicos recuerdos que cabían en su mente eran los símbolos o interpretaciones de los sucesos cotidianos de la vida; la sabiduría que se obtiene con la experiencia y el sucesivo raciocinio, perduraba inmaculada en su cerebro.
Cada mañana se sorprendía Barrunte con las cosas de todos los días, y cada noche, recostado en su catre, si es que era el suyo y si realmente se trataba de un catre, intentaba imaginar con qué lo sorprendería la siguiente mañana. Ya no recordaba absolutamente nada, no sabía lo que era esa inmensa y fueguina esfera que se alzaba sobre su cabeza todos los días, no recordaba para qué le servía aquel extraño artefacto de cilíndrica forma y que, cuando lo soplaba, expulsaba agudos y desafinados sonidos. En aquellos días ya no sabía, no recordaba si era humano o la proyección de un pasado constante, o el protagonista en el sueño de un loco, la visión de un mago.
Una mañana se creía niño hasta que algo o alguien le demostrara lo contrario, un mediodía se decía a sí mismo el hijo de Dios, hasta que tropezaba con “una de esas cosas informes que siempre me dificultan el camino cuando todo parece limpio, despejado”, como él mismo decía, y se retractaba de aquella opinión. Una noche se creyó un vampiro y, vestido de negro, salió a morder los cuellos del prójimo; al siguiente alba creyó ser un sacerdote y, equivocando lo que aquello significaba, se empeñó en prender fuego al quien le faltara el respeto.
Y entonces, llegado el día en que habría de morir, aplastado bajo las ruedas de un inmenso camión, aquel día Barrunte olvidaría también su muerte, y entonces, olvidando la muerte, regresaría a la vida.
2 de julio del 2006
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Mejor dejarla hablar a ella: "Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro [Los trabajos y las noches] me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería" (extraído de entrevista de Martha Isabel Moia)


muestra gratis:



DURACIÓN

De aquí partió en la negra noche
y su cuerpo hubo de morar en este cuarto
en donde sollozos, pasos peligrosos
de quien no viene, pero hay su presencia
amarrada a este lecho en donde sollozos
porque un rostro llama,
engarzado en lo oscuro,
piedra preciosa.
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Rastrero (western)

Iris desconectado
manos de gestos violentos
rostro pantano
ego dibujado
y leyendas urbanas hacen el resto

su piel curtida a fuego
cuero en los huesos
fiel a un poco de suerte
devoto al impulso
carne de cañón
y del paco

mientras la farsa del bandido a caballo
con sus muchachas enamoradas por los pueblos
y lealtades a prueba de balas
sigue riendo desde un film de vaqueros

en la calle
todo es más crudo
más doloroso
y ausente.
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Tomo el libro con mis manos. Lo noto lleno de una especie de pelusa, mas parecida al polvo; sobre el lomo de color negro. Estoy acostado, me saco la media del pie izquierdo, sin salir de la cama, y la paso sobre el libro haciendo la limpieza correspondiente. Siento mas frió en un pie que en el otro. Un estimulo frena a otro, si tuviera mas de un pie sin media seguro que no sentiría tanto frió, penetrando entre los deditos de mi pie.

Comienza la práctica de la escritura.

La puerta de mi habitación esta cerrada. Mi cabeza esta despojada de ideas y no sabe que salivar sobre el cuaderno ¿Un escupitajo limpiara a otro? Curiosa reflexión.
Me mantengo con el libro entre las manos mirando la luz triste y amarilla, que cae sobre las hojas en blanco.

La puerta de mi habitación se abre. Y yo no me sorprendo para nada; tampoco lo estaba esperando. Mantengo fija la mirada en la figura que esta entrando. Entra la nona vieja, como si nada, como si estuviera viva; como cuando todavía estaba viva. Ella da la vuelta a la habitación y se sienta al borde de mi cama, tomando mis manos heladas por la baja temperatura de este invierno. Ella habla y dice:

-Decidles a todos que la nona los quiere mucho. – vacila un instante y continua diciendo: – Pero a vos, te quiere un poquitito mas.

Me da un beso viejo en la frente, acompañado de una delicada caricia en el rostro. Esas manos siempre predicaron un cariño misterioso. A ella le hubiera gustado darnos un beso como ese antes de morir. Pero no hablábamos. No podíamos hablar. Ellos eran lo malos. Los hijos de puta que no merecían nuestro afecto. La nona se fue quien sabe a donde y ninguno le pudo devolver ese beso, ni ese apretón de manos, ni tampoco esa caricia suave y delicada.

Yo no perdono. Ni tengo piedad.

La piedad es otorgada a causa de una desgracia inmerecida. Y en esto no hay nada de inmerecido. Soy el esperpento más cruel y rencoroso que existe en este momento. No siento culpa.

La nona se fue.

Sigo mirando mi libro en blanco y la luminosidad que cae sobre el. Temblando de frió y angustia.

Buenas noches.
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¿Cuando fui transformado en algo que no soñé ser?
Me envuelvo en lo profundo de la marea
como llevado por una música que me hacía caer en el fondo de la muerte.
Escuché sonar el violín….
un piano mucho más abajo en la profundidad
y yo caía y caía…
me precipitaba como un desecho natural.
Como por voluntad divina caía en la profundidad del mar
y cuando yo soñaba ese sueño...
¿Nunca me pregunté si despertar alguna vez?
si nadar contracorriente?
si levantar el peso del mundo?
si llorar la lágrima de otro?
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¿Como parar de observarte
e intentar entender tus motivos?
¿Como verte correr bajo el cielo
sin temer formar parte de tu infierno?

Me he dado cuenta que al final
solo puedo aprender de vos
todo lo que olvidé.
El tiempo nos dará la razón.
Como en algún momento fue el destino,
porque mas allá de la equivocación
pude encontrarte.

Y canto para hacer dulce tu llanto,
bebo para tener valor
y velo por tus sueños en las noches
buscando encontrar en tus ojos
esa tan noble condición.

Y en los tiempos de confusión,
en los de mareas altas,
solo supe cerrar los ojos
y seguir adelante.
Y en los días frios, leyendo a Arlt,
y en las noches dionisíacas, como un rufián melancólico,
o en los campos de concentración de mi mente
había solo un motivo,
que esperaba y que temía.
No siendo digno de ser padre,
ni siquiera de mis angustias,
no viendo en mi sangre tus sonrisas,
ni la vena en tu sien,
(la última palabra siempre será tuya)
puedo ver que hasta entonces
nunca tuve razon...


...nunca tuve razón suficiente
para querer seguir vivo.


a Santi.
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No hay sentimiento sin compromiso
lástima, que no puedas
(y yo) en tu cama
joder, joder, joder.
Poema para que sea leña para el fuego
que nos quieren tirar agua, quieren
cogerte fría, con las defensas bajas.
Los deliciosos errores no están equivocados
la puntería de la dama tragona
me da escalofrío, ella es exacta
Despedirse y bien, venirse
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(Suena el teléfono. Atiende Jorge.)

JORGE: Hola.
VENDEDOR: ¡Buenas noches!, hablo con Jorge Reinoso, ¿verdad?
JORGE: Sí, ¿quién habla?
VENDEDOR: Mi nombre es Lisandro Balbuena. Lo estamos llamando de Vidamás para ofrecerle uno de nuestros productos con mayor proyección de inserción en el mercado latinoamericano. Se trata de la vida y usted ha sido favorecido con la posibilidad de adquirirla a menor costo, ¿está interesado?
JORGE: Muchas gracias, pero estoy ocupado…
V: Creo que no me entendió, Jorge, vuelvo a felicitarlo en nombre de la compañía por ser beneficiario de esta oportunidad imperdible.
J: Disculpá, pero…
V: Estamos hablando de promociones sin intereses de un cuarto de vida o de media vida, y sólo por esta vez, sin recargo, podemos ofrecerle una vida entera al costo de media. Eso sí, le pedimos confidencialidad, es una excepción que no solemos hacer. Entenderá que la política de la empresa es hacer sentir bien a la gente, aún más cuando se trata de este producto.
J: No te entiendo, flaco… yo estoy vivo, no tengo que comprar ninguna vida. Ya la tengo.
V: Bueno, a ver… si la tiene déme su número de Cuenta Vida.
J: ¿Mi qué? Mi número de documento querrás decir.
V: Le pido por favor, Jorge, que no se haga el gracioso. Esta conversación está siendo grabada y escuchada por un grupo de operadores que no va a tolerar esta burla. ¡Semejante atropello!
J: Disculpá, pero no entiendo nada.
V: Por eso le explico.
J: A ver… ¿de qué se trata? Mirá que plata no tengo, flaco…
V: Mi nombre ya se lo dije y es Lisandro Balbuena. Recuérdelo para evitar problemas, y no me tutee. No quisiera que esto pasara a mayores así que no me diga flaco porque no me conoce.
J: Disculpe.
V: Está disculpado.
J: ¿De qué se trata esto, Lisandro?
V: Todo esto es una compañía que instaló el producto en nuestros territorios y que en los últimos veinte años no ha parado de crecer, inaugurando, además, sedes en todas partes del mundo, con una nueva en Malí, ¿sabe dónde es eso?
J: No.
V: Me lo imaginaba. Pero no viene al caso, está por demás decir que nuestra empresa tiene muy buenas referencias en América Latina. Además, ofrecemos los productos vía telefónica o Internet, no como la competencia que por poco sale a golpear puerta a puerta.
J: Pero…, a ver ¿qué es eso de la vida?
V: Discúlpeme, Raúl…
J: Me llamo Jorge.
V: Bueno, Jorge, ¿a usted le parece que estoy en condiciones de responder esa pregunta? Acá no estamos para esas cosas. Estamos para ofrecerle la vida. Una vez adquirida usted puede hacer con ella lo que quiera. Piense que esto es algo serio. Estoy chequeando la base de datos y veo que, efectivamente, usted no es portador de vida, cosa que debería preocuparlo. ¡Al menos adquiera media vida, se la dejamos al precio de un cuarto!
J: Pero no tengo plata, señor.
V: A ver… ¿usted tiene hijos?
J: Sí, dos nenas.
V: ¿Sus nombres?
J: Lucrecia y Esmeralda.
V: ¡Qué feos nombres!, son muy largos. Pero no importa. Ahora lo invito a que piense en ellas, en lo que sentirían si supieran que su padre no tiene vida. Qué le dirían sus compañeritos del colegio, ¿Usted es consciente de eso?
J: ¡Pero estoy vivo!
V: Entonces déme su número de Cuenta Vida y lo chequeamos, por lo visto el equivocado soy yo…
J: No tengo ningún número de Cuenta Vida, ¡no entiendo a dónde quiere llegar!
V: Por eso le explico. Usted está e-qui-vo-ca-do. Pero hagamos algo: dejemos la conversación acá…
J: ¡No! ¡Espere!
V: Lo espero. Mientras páseme el número de su Cuenta Sueldo. Sepa que hay que hacer un esfuerzo para vivir, no se puede vivir de arriba, como se dice. La gente no lo va a mirar como a un ser vivo, como a una persona, si usted no hace un mínimo esfuerzo.
J: Creí que se podía ser persona de otra manera.
V: ¿Cómo? Dígame, y cerramos la empresa.
J: No lo sé, siendo honesto, quizá.
V: Bueno, discúlpeme si me río pero usted no parece tener cuarenta y tres años como figura en la base de datos, más bien parece una de sus hijas.
J: No me ofenda.
V: No lo ofendo, señor, agradézcame por tratar de ayudarlo. Usted quiere contradecir las políticas de una empresa reconocida mundialmente. Debe adquirir el producto o resignarse a ser un don nadie, porque de mí depende en este momento su existencia.
J: ¿De cuánto estamos hablando?
V: De un treinta por ciento de su sueldo bruto.
J: No, no me alcanza, disculpe.
V: Bueno, entonces estoy en condiciones de ofrecerle la muerte a un porcentaje mucho menor. En ese caso estaríamos hablando de un diez por ciento de su sueldo por seis meses, una vez vencido ese plazo, sería un veinte por ciento. Y como usted merece una muerte digna no le voy a ofrecer ni media ni un cuarto sino una muerte entera. Déme su número de Cuenta Sueldo, por favor.
J: Creí que morirse era gratis.
V: No, por eso le explico. ¡Bienvenido al mundo! Y le voy a pedir algo, no fume mientras habla conmigo, acabo de escuchar que encendió un cigarrillo. Apiádese de un empleado que no puede fumar durante su jornada laboral.
J: Pero yo no estoy trabajando.
V: Apiádese y volvamos a lo que nos compete. Le comento que al adquirir su Cuenta Muerte le daremos una clave secreta, de esa manera nos cercioramos del goce de una muerte segura.
J: Esto me da miedo, le voy a cortar.
V: Muy bien, entonces tengo que dejar de llamarlo señor porque por lo visto usted no es nada, ni siquiera morirse puede y ni hablemos de que no posee una vida, ¡ni siquiera un cuarto!
J: ¿Sabe lo que pasa? Que no entiendo, eso pasa… estoy tranquilo, en mi casa, y de repente me llaman para ofrecerme todo esto, tan extraño.
V: Son las reglas del juego y le repito, bienvenido al mundo. Y sólo le digo señor porque usted es beneficiario de nuestros productos a menor costo sólo por recibir esta llamada, ¿qué me dice, eh? ¡Al menor costo! Usted es un cliente muy especial para nosotros, queremos que sea alguien, esa es la política de nuestra empresa: queremos que sea pero el señor ofrece resistencia. Imagíneme a mí, cómo me siento hablando con alguien que no existe, es como hablar con un fantasma, o ni si quiera eso. Ahora estoy realmente atemorizado. Voy a tener que cortarle aunque me pese y ponga en juego mi trabajo.
J: No, espere… déme tiempo para pensar si me conviene comprar algo.
V: No hay mucho para pensar.
J: Sí, tiene razón, al menos déjeme consultarlo con mi mujer.
V: Bueno, lo único que faltaba… pero está bien, consúltelo. Llámenos cuando lo crea necesario al número que le dará nuestra operadora a continuación. Recuerde que las puertas de nuestra empresa siempre están abiertas a nuestros clientes. Ha sido un gusto.
J: Igualmente, muchas gracias.

(Termina la llamada. Jorge cuelga el teléfono.)
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La noche soy y hemos perdido.
Así hablo yo, cobardes.
La noche a caído y ya se ha pensado en todo.


A. P.



No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar, supo escribir Enrique Molina, alguna vez, sobre ella. No quiso, quizás, Alejandra, aprender: mentirse, resignarse, olvidar, además de una cobardía, hubiesen significado abandonar el punto de tensión extrema de donde surgía su escritura; centro imposible que fue a la vez elección y condena; lugar del éxtasis, de la herida, un lugar que obra como llamamiento.
Muere el 25 de septiembre de 1972. Releo en las últimas páginas (371-453) de su Poesía Completa (Lumen, 2004, ya bastante desgastado por tanta mochila y colectivo, pero todavía fiel) los poemas no recogidos en libro que van desde 1971 hasta el exceso irrevocable de seconal. De noche, pues, releo y releo. Contemplo. Escarbo. Marco, subrayo. Busco y me pierdo. Habla. Trato de escuchar. Habla, resueno sus ecos. Trato de entender. No obtengo mucho. Esto: creo encontrar, como una savia que tiembla y fluye entre los intersticios luminosos de sus poemas, la intemperie en la que tuvo que sostenerse para hacerlos posibles.

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Saltar la brecha y hacerse cuerpo.
Incitar el valor del que uno carece.
Alegar contemplando el cajón de los papeles.
Conmover al hombre medio frente al alma poeta de lo condenable.
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Los minutos fallecidos van dejando la descarga del grabado diario, de coexistencia invisible cual espíritu aferrado a la materialidad. En la neblina transparente, nuestro encuentro, impronunciable. La magia de lo sobreentendido. Nadie puede interpretarnos, ni al volvernos letra. La objetivación sentenciaría: ellos cordiales, ellos insospechados.
¿Será un sinsentido el silencio de la espera callada? El péndulo somñoliento medita la disyuntiva de no olvidar lo que dijiste o disipar lo pendiente.
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“Si me vienen a robar o a matar me voy a defender, pero yo no soy el bueno de esta historia, nos convertimos en mierda, y los que salen, los que nos muestran todos los días en lo que nos convertimos, con su pobreza desnuda, esos son los buenos mis amigos, y si nos quieren matar, desde mi humilde punto de vista, están en todo su derecho.”
Diego Arbit, “Masticando mis sueños”. Edición de autor, 2006.


Cuando me acerqué a Masticando mis sueños, me llamó mucho la atención como estaba compuesto el libro, hecho de “restazos” diferentes entre si, pero que al final hacían a un todo bastante coherente. Les describo el contenido:
• Libros y discos del autor (lista)
• “Masticando mis sueños” (novela corta)
• “Los Martos” (cuento)
• “¿Sos curioso?” (Texto imcompleto)
• Pablo Strucchi y Guillermo de Pósfay (comentario sobre estos escritores independientes)
• “Nos convertimos en mierda” (texto en el que el autor denuncia y comenta la realidad social del 2006, hace especial hincapié en el incendio de la estación Haedo del ferrocarril Sarmiento)
• “Larga vida a El Asunto)(“ (suerte de "alabanza" a la Editorial independiente y en especial a Pablo Strucchi)
• “Otros desconocidos que escriben bien” (lista de escritores y libros en su mayoría editados por editoriales independientes)
• “Unos discos que no puedo dejar de recomendar” (lista de discos también editados por sellos indie)
• Agradecimientos

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Hay una noche distinta a la tuya
allá abajo y atrás de las ventanas
donde pululan los que nada tienen
y se alumbran tan sólo en la esperanza
de que tal vez su suerte cambiará
cuando el sol les anuncie la mañana.

Osvaldo Maidana (del otro lado del charco)