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[Sobre el zine]
Fanzine punk Resistencia. Su editora Patricia Pietrafesa, una referente importante de la historia de la escena punk argentina.
[Más información]
5 de mayo. Presentación Resistencia registro impreso de la cultura punk rock subterránea Buenos Aires 1984-2001 en Centro de Investigaciones Artísticas, Bs. As. Tucumán 3758, Capital Federal de 17 a 22 hs.
Charla (19 hs) Obsesión del registro impreso: Resistencia fanzine punk- Pat Combat Rocker, Marcelo Poca Vida, Rafa Homoxidal.
(20 hs) Del fanzine punk al libro•- Pat Combat Rocker, Ale Natural (tren en movimiento), Maxi (Bs As Desorden). Coordina: Kristian (Stay Free), invitados: Juan Carlos Kreimer y Pipo Lernoud
Evento
[Convocatoria]
Resistencia convoca a quienes posean material punk underground 80/90 a llevar su flyer, cassette, fanzine etc, para armar un archivo en vivo con fotocopiadora,doble cassettera.
Andá con tu pendrive para llevarte archivos de audio o imagen de punk rock local de una selección que estará disponible durante la presentación.
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| un poco más de
fanzine,
Linkoteca
El fantasma de J.D. Salinger sobrevuela las canciones pop
melodramáticas de SUBA, álbum debut
de la banda cordobesa Un día perfecto para el pez banana.
Por Joel
Vargas
La primera vez que escuche el apellido Salinger fue en la secundaria, rozaba los trece años donde uno es más mutante que nunca. Los labios del profesor Daniel Fara pronunciaron SA-LIN-YER. Todavía ese recuerdo se repite: Fara estaba parado al frente de la clase, gesticulaba de manera caótica. Sus manos escritas por birome azul, que hacían las veces de agenda, iban y venían. Fue ahí cuando escupió ese nombre y al ratito dijo Nueve Cuentos. Ese era el libro que nos iba acompañar gran parte del año. Daniel tenía la gran cualidad de incentivarnos a leer, uno de sus métodos era contarnos un relato. En esa oportunidad eligió “El hombre que ríe”. Su voz describía el mundo de un antihéroe, convertía a las palabras en imágenes paganas. Esa fue mi introducción a J.D. Salinger, la narración oral como en la época pre-galaxia de Gutenberg.
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| un poco más de
Joel,
sonido
En Efímero
la busca de una mascota sirve de disparador para dar lugar a una reflexión
sobre la finitud existente, pero difícil de reconocer, en las relaciones que
mantenemos con nuestros seres más queridos.
por Nicolás Gallardo
Luego de un simpático
llamado a la solidaridad para apagar nuestros teléfonos celulares, las luces de
la sala del CELCIT se apagan para dar comienzo a la función. Podemos oír un
maullido felino y, acto seguido, un conjunto de sucesivas pisadas y zapateos.
Pareciera que un grupo numeroso está intentando alcanzarlo.
Entran doce mujeres a
la escena. Todas comparten la cualidad de llevar el mismo atuendo: sobretodos
marrón claro y zapatos que destacan por sus suelas estrepitosas. Una de ellas,
Lunar, está guardando sus pertenencias, acompañada por su vecina que le
aconseja que llevar consigo. Todo indica que va a transitar un largo viaje.
Hablan sobre un gato llamado Efímero, del que Lunar es dueña y al parecer ha
desaparecido recientemente. Está preocupada por su partir, inesperado y sin la
posibilidad de poder haber dicho adiós. Tanto es que le importa su gato que decide
salir con poco equipaje: una
mochila con su muñeca de la Mujer Maravilla
colgando detrás.
Conforme el
desplazamiento físico de Lunar iremos descubriendo a otras mujeres de su mundo.
Mozas, lustra botas, prostitutas, peluqueras y hasta su propia psicoanalista
serán las encargadas de hacer que la travesía de la protagonista también sea
emocional y de aguda reflexión. Todas ellas han sufrido pérdidas, añoran a
distintas personas, analizan el campo sentimental desde perspectivas bien
distintas; lo que desembocará en una deconstrucción de la mujer –y por qué no,
del hombre- en lo referente al apego experimentado en las relaciones humanas
más profundas.
El recorrido estará
acompañado de una modesta pero eficaz iluminación (a cargo de Fernando Díaz),
que enfatizará los aspectos más relevantes de cada escena, y un más que logrado
trabajo de musicalización en vivo desarrollado por las mismas actrices, como
Lucía Snieg y Ornella Steffanazzi. Con tan solo un ukelele, bombos y bidones de
agua mineral se consigue un acompañamiento preciso a canciones que hablan sobre
la pérdida y el amor en general. Cierra el conjunto el pintoresco acordeón,
interpretado armónicamente por Flor Lamas.
Cabe destacar que la
interpretación de Lunar en esta obra es móvil, es decir, a medida que la obra
va avanzando la mencionada mochila va cambiando de propietarias. Pareciera que
la intención de la directora, Claudia Quiroga, al tomar esta curiosa decisión
es poder demostrar que todas las mujeres en ese mundo han ocupado distintos
roles a lo largo de su vida, tanto el de despechadas o miserables como el de
mujeres maravilla. Lo logra con creces, y permite que el papel protagónico de
alguna manera se democratice y demuestra el potencial de todas las actrices.
Esta adaptación del
texto de la peruana Mariana de Althaus tiene el poder de dejarnos
pensando. Al transcurrir los minutos dentro de la sala escuchamos un
interesante planteo acerca de la pasión: es efímera. Lo que nos llevaría a
afirmar que la pareja ideal no existe, y mucho menos en forma permanente. Pero
también se da a entender que son esos momentos fugaces los que tienen la
capacidad de otorgar mayor significado a toda relación que nos resulte valiosa,
dejándonos inolvidables recuerdos, y haciendo que la misma fugacidad pase a ser
duradera.
“Efímero es bueno y
astuto. La primera vez que vi sus ojos de gato astuto le entregué mi corazón”
dice Lunar. Tiene miedo de perderlo, extraña su permanencia y no quiere volver
a depender de nadie que no sea él. La libertad implica un comienzo, y eso la
paraliza. Si en verdad llega a desaparecer, necesita despedirse, darle un
cierre a una etapa tan significativa. Es ante declaraciones como éstas que el
espectador se da cuenta de que Efímero no es sólo un gato, sino que puede ser
cualquiera: un amor, un amigo, un pariente cercano o hasta un ídolo que nos
deja; pensándolo nosotros como inalterable. “La vida es una distracción permanente
que ni siquiera permite tomar conciencia de aquello de lo cual distrae”, bien supo escribir Kafka. Hasta que ‘aquello’ nos
abandona, podríamos agregar.
[Funciones]
Efímero se presenta los
sábados a las 23:00 hs., en el CELCIT (Moreno 431). Entradas generales sin numerar
a $80. Jubilados y estudiantes, $50 (presentando certificación vigente).
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| un poco más de
EscenaActual,
teatro
[Micro-excursiones] es un cuestionario
que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales.
Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas
son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el
primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la
inventiva corre por cuenta de los escritores.
[Autosemblanza]
Me llamo Sebastián Goyeneche pero no uso mucho mi primer nombre.
Viví hasta los 9 años en Ituzaingó, Corrientes. Luego me mudé a Almagro, Buenos
Aires. Al año de haber arrancado la secundaria, comencé a escribir cuentos.
Empecé a estudiar piano y duré 9 años con la profesora Laura Ramírez. Los
impulsos que generaban cuentos fueron mudándose hacia la síntesis que sólo
logra la poesía. Por un momento creí que mi oficio iba a estar ligado al cine o
la publicidad, aunque luego de hacer una tecnicatura en dirección de cine
descarté esa idea. Luego descubrí la tarea de editor y me aboqué de lleno
gracias, en un poco más que la mitad del impulso, a Grau Hertt, poeta
anarquista y amigo que admiro mucho. Con él fundamos la editorial Nulú Bonsai
que lleva publicados muchos libros principalmente de poesía y narrativa.
Actualmente tengo pensado dedicar mi año 2013 a la editorial y a empezar a
terminar la carrera de Licenciatura en Letras.
[Micro-excursiones]
1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a
escribir?
Ya se dieron, ya empecé a escribir. Las condiciones se dieron en
este mundo y en esta época. Este es el cosmos que vino hasta este lado, cuando
le tendieron la mano, para cruzar la avenida de lo humano. Este es el cosmos en
el que todo se dio, no hay otro. De eso hablan los caracteres con fondo blanco,
inversos a lo que ve un cielo de noche. De eso habla la historia de la música,
la melancolía de todas las canciones por aquel momento en que no existían las
palabras. De eso hablan todas las palabras, aunque lo hacen a medias. De eso
habla casi todo y, más que nada, el imperio de lo invisible.
No voy a parar de escribir por el momento.
2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Buster Keaton, porque no necesitaba más que un cuerpo para crear
historias infinitas.
3. ¿Qué talento desearías tener?
El talento de cocinar.
4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Puedo mencionar una 1a edición de En la masmédula
de Girondo, la entrada del último partido de Huracán que fui a ver
(Huracán-Sarmiento en el Ducó), ciertas prendas, toda la música que acumulé
durante los últimos 15 años (250gb), el I Ching que nos regaló Julia,
algunos de los libros que edité para Nulú Bonsai, pero sobre todo el trabajo
que requirieron esos libros y el trabajo puntual, hecho energía, puesto ahí,
que ahora son libros que no me ponen peajes. En ese sentido, entre mis posesiones
más atesoradas están la amistad que se generó con Gavril, Gris y Minner que se
generaron en relación a libros maravillosos.
Coleccion también otras cosas. Me gusta guardar objetos por su
sentido simbólico, incluso creo que alejados de la trama personal que les
incrustamos no significan nada. A lo sumo esos objetos significan algo para
quien estuvo inmerso conmigo en el acto que les dio su sentido simbólico. Tengo
una colección de botellas en mi antigua casa, pero no son botellas que me
llamaron por su forma o su procedencia. Son botellas que recuerdo con quién y
en qué situación fueron vaciadas. Una especie de continente que llora
simbólicamente un contenido que ya no significaba. A veces, el significado no
es lo que pesa de las cosas. Otro objeto preciado: el piano que desde que tengo
memoria estuvo en mi casa.
5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
Pedir, cuando todavía quedan fuerzas para no pedir. Cuando la
miseria se elige. O cuando la gente miente a propósito.
6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en una mujer?
La fuerza. Todas las mujeres tienen una fuerza única que muchos
hombres llorarían por tener.
7. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en un hombre?
La constancia. Los hombres son seres en el fondo simples, por
eso se dejan llevar por cualquier cosa. Pero si hay algo importante en este
mundo y logran verlo, algunos optan por la constancia. Lo importante es no
perder el foco. Nunca perder el foco. Y siempre que se pueda, correrse de la
soberbia.
8. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Receptividad y orden. Intento tranquilidad, pero casi siempre
ansiedad.
9. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Hacer algo. Hacerlo porque querés. Y hacerlo bien.
10. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Que ciertas personas nunca despierten. Que cosas mal hechas se
vuelvan históricas. Los castillos que se caen. Perder las manos.
11. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Río Paraná. Orilla. Ituzaingó, Corrientes. Enfrente de las islas
Apipé Grande y Apipé Chica. A pocos kilómetros de la represa de Yaciretá.
Corriendo por las calles. Pateando paltas en el colegio, frente al río. Jugando
con mi gato negro sin saber lo que era crecer. Tirado en los sillones a la
tarde, en el patiecito, cuando los sacábamos con Juana para limpiar el líving y
Sun me acompañaba en no hacer nada. Sun pasándome entre las piernas.
12. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo
vos?
El Ferdydurke de Gombrowicz. Es un libro que se va
develando de una forma maravillosa, en la forma perfecta en que un libro te tiene
que ir soplando lo que sigue y a la vez improvisando maravillosamente. El libro
se escribió solo y Gombrowicz fue un testigo muy privilegiado. Viajó con este baúl
pesadísimo y cruzó el océano, se agarró de la baranda y tuvo que esperar muchos
años y muchos procesos para poder verlo concluido. Tuvo, antes que nada, que
aprender a vivir en otro país y aceptar que no iba a poder volver al suyo. Ese
libro puede ser la historia de cómo tienen que escribirse los libros: ni más
lento ni más rápido que como va naciendo y creciendo una verdadera obra.
13. ¿Cuál es el peor libro de la última década?
No sabría decirlo. Sí sé que cuando me propongo leer un libro,
lo termino, sea bueno o sea malo. El último libro malo que leí fueron 128
páginas que valieron la pena únicamente al final, cuando el poco hábil narrador-autor
(era tan malo que nunca se establecía una diferencia) arroja una metáfora que
vale la pena. Una metáfora que ya leí en muchas partes encima: que si lo que
vemos de las estrellas es un brillo que ya quedó en el tiempo, que si incluso
vemos brillo de estrellas que ya murieron en su lugar, las acciones que
realizamos también son fotografías que en otro lugar y a una distancia, se
están produciendo en tiempo presente. Somos fotografías en movimiento.
Y si lo que busca la pregunta es un dedo índice, puedo decir que
seguramente el último libro publicado de Benedetti, los ecos sin caverna de
Eduardo Galeano, todos los libros que alguna vez vayan a publicarle a esas
personas que hacen libros nomás porque hay un público que los compraría: Ari
Paluch, Stamateas, etc. Todos libros que no leí. El peor libro de la última
década es ese que apenas lo ves o lo tenés cerca, sabés que nunca vas a
necesitar ni querer leerlo.
14. ¿Qué texto (cuento, libro o nota periodística) no volverías
a publicar? ¿Por qué?
Algún poema de mis primeros fanzines o alguno que haya salido en
la revista Blasfemia, una iniciativa que llevamos adelante con Sebastián Basalo
en nuestra adolescencia. Igualmente siempre fui muy consciente de mi obra y
rara vez me apresuré a publicar cosas que no estuvieran trabajadas. Ninguna
obsesión es infalible, pero la realidad es que descatalogar con conciencia
también es una tarea hermosa. Limpiar el catálogo de uno mismo es como limpiar
el fondo de una pileta.
15. ¿Qué disco te hace sonreír?
La mayoría de los discos de Sr. Chinarro del 2005 para atrás,
especialmente No-sé-qué-no-sé-cuántos y El porqué de mis peinados.
Otro disco que me hace muy feliz es Leaves turn inside you de Unwoud.
Luego los de Comus, Agitation Free, la banda sonora de Sacco y Vanzetti
y muchos más.
16. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de
salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Prietto. O a Palo Pandolfo. Aunque conociéndolos un poco a los
dos, seguramente Palo, de estilo hermitaño, huiría con su familia a un monte en
Córdoba apenas pudiera. Prietto es más proclive a quedar atrapado en un flash
encandilante producido por la visión del monstruo. Como los conejos. Sí, lo
salvaría a Prietto.
18. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién
morderías primero?
A Macri, así se pone a buscar cerebros. Es la persona con menos
cerebro de la ciudad. Después a Rodríguez Larreta porque seguro estaría al
toque y porque esa pelada debe ser hermosa de morder, debe ser como echarse de
cara contra una torta de coco y dulce de leche. Le mordería los ojos. Después
lo buscaría a Niembro, si es que no está en Europa chupándole el culo a
cualquiera que gana 2 euros más que él.
19. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir
lo que querías?
Lo que uno quiere decir se va moldeando con la obra. Siempre, o
casi, la última obra es lo último que uno quiso decir. En el momento hay más o
menos suerte, más o menos talento, más o menos trabajo. La gran parte de la
literatura y la poesía pasa por el
trabajo sobre uno mismo. Ahí está la palabra justa: trabajo.
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mini-proust

[Sobre TRANSita rápido]
Tras dos años de poner el cuerpo con más de 60 trabajos artísticos, cada cual con exposición y entrega de toda su energía, en Enero de 2012, Effy decidió tomarse unas vacaciones y volver a sus bases de la infancia: el dibujo. Se propuso hacer un comic por día de manera rápida y compulsiva basándose en vivencias personales que rozan la risa incómoda o la sorpresa absurda de la vida cotideana de ella, una chica trans. El resultado: 31 dibujos que parecen salir disparados con trazo rápido en TRANSita rápido.
[Sobre Effy]
Elizabeth Mía Chorubczyk más conocida como Effy o effýmia. Artista conceptual, performer y transfeminista queer, nacida en Israel y traida por sus padres a Argentina. Actualmente cursando la carrera de Crítica de Artes, tras varios de estudiar Artes Visuales en el IUNA. Escritora y asesora conceptual de artistas de diversas disciplinas.
[Más tiras]
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Visuales
por Matías Oniria
Al final de la historia mato a mi mejor amigo.
Sacó el celular y,
sin detenerse, marcó un número. Tuvo que bajar la cabeza para hacerlo. Casi se
mata al tropezar con un pedazo de vereda que asomaba burlona, levantada por
culpa de un árbol que la había violentado con sus ramas viriles, invasivas,
fuertes, llenas de savia.
Puteó, después se
llevó el teléfono (grande, nada de última generación para él) al oído. Un
timbrazo… Dos…
Dobló en una
esquina, agitado, dejándose llevar por un impulso. Su sombra quedó adelante.
Sus pisadas
levantaban ecos en la noche silenciosa. Se tentó: “Los perdí… Es probable que
los haya perdido…” (era un pensamiento en frecuencia baja… Su cabeza era
instinto puro, supervivencia. La ecuación era: ESCAPAR- LLAMAR A PERCHA… El
resto era un decorado vertiginoso).
—¿Sí?
Escuchó la voz al
mismo tiempo que escuchaba resurgir a la vieja Chevy. Se aproximaban.
—¡Me descubrieron! —gritó.
—¿Eh?
—¡Me descubrieron… pelotudo!
Volvió a doblar,
confiando en su oído, alejándose del motor que avanzaba, implacable. La
transpiración le empapaba la frente, la espalda, las pelotas. Las piernas le
dolían, el estómago le dolía, la cabeza le dolía…
Recordó que una vez
había leído en un foro muy estúpido que una persona había muerto al consumir
cocaína y luego presentarse en una maratón. Dos kilómetros y el corazón había
reventado. El tipo (lo afirmaba alguien que parecía tener autoridad en el foro)
estaba con el pene duro como una roca; una sonrisa enorme; todos los músculos
agarrotados.
A las tres y cuarto
de la madrugada, con la cien palpitando furiosa, dos líneas de coca encima y un
miedo gigante, el foro ya no parecía tan estúpido.
—¿Palo?
—¡Sí!
Otro de baja
frecuencia: “¿No tenés identificador de llamadas, forro?”.
—Pero… ¿Qué…?
Escuchame, ¿dónde estás? —sonó preocupado. Eso hizo que Palo se tranquilizará.
Su madre solía decir: “No es bueno contagiar el caos, pero tampoco es bueno ser el único alterado”.
—No tengo idea de
dónde estoy…
—¿Te están
siguiendo? —su alarma crecía.
—¡Sí!
—Sos un boludo… Te
dije que tuvieras cuidado…
—Percha, la puta que
te parió…
—Te dije… ¡Te dije!
—parecía al borde del llanto.
—Percha… —de pronto
le estaba costando mucho llegar a la próxima esquina—. Ayudame, por favor…
—Pero…
—No se puede… tomé
precauciones… Es imposible… No podemos hacerlo a nuestro modo… Me van a hacer
mierda…
La esquina, incluso,
daba la impresión de alejarse. La
Chevy, no habia lugar a dudas, adivinaba sus pasos: el rugido
crecía.
—No, no, no, no…
—Percha, ahora sí, lloraba.
Una imagen fugaz:
Percha en el primario, llorando en un rincón, porque un grupito de pibes había
decidido que no podía formar parte de ninguno de los equipos de fútbol que se
habían armado en el patio. Un llanto silencioso, avergonzado… Un llanto con más
de odio que de tristeza. Después de eso Percha no había tardado en
transformarse en su mejor amigo… Y ya nunca lo había visto llorar. Porque
Percha, a pesar de lo que muchos habían pensado esa tarde en ese roñoso patio
de colegio, era fuerte.
—Percha…
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