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[Sobre la autora]

Noelia Villarreal estudió fotografia analogica, retoque de imagen y estenopeica. Y dibuja en forma  autodidacta


[Contacto]

facebook: Noelia Villarreal
mail: joplincosas@hotmail.com
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por Florencia Defelippe


            Luego de Todos contentos, su primer libro de poemas, Luciano Lutereau recurre, en Forever juntos, a las imágenes más estereotipadas del amor para exaltarlas, exprimirlas y hacer, en cada una de las poesías que componen al libro, una inversión, en los dos sentidos del término “invertir”: “Cambiar, sustituyéndolos por sus contrarios, la posición, el orden o el sentido de las cosas”, y “Emplear, gastar, colocar un caudal [de dinero o bienes]”. De este modo, el amor 'de pareja', tal como es concebido para la cultura occidental, puede definirse de dos maneras: como una transposición, darse vuelta y, a partir de allí, funcionar desde la dicotomía: “(...) 'sos mi mujer y, al mismo tiempo,/ eso implica que así / 'yo soy tu hombre' / somos dos caras /de un mensaje/ invertido” (Le bonheur); o como intercambio de mercancía o bienes de consumo: “ (…) ¿el dinero domestica al amor?/¡El amor no se paga con dinero!/ de un lado dice deuda/ del otro lado, debo” (Antoine et Colette). 

            La primera acepción, con reminiscencias claramente platónicas, conforma un 'juego de opuestos' que se percibe de forma fragmentaria, pero que al mismo tiempo, construye una totalidad, un objeto lineal, completo. Esto se percibe tanto en el lenguaje rítmico: “retorno/ eterno resplandor/ el amor vuelve siempre (Les amants) como en las pequeñas repeticiones que conforman la multiplicidad de escenas poéticas: “la misma vida tuya / cuando aparece/ sobre mi vida (La tête contre les murs)”.

            Siguiendo la tradición de Chabrol, Godard yTruffaut, la serie de films que titulan los poemas   invitan a una nueva lectura de las neo vanguardias, con acordes de la chanson française pero al alcance de todos y todas, porque ¿Qué más universal que el amor, el amor de pareja con sus comedias de enredos e idealizaciones, ya sea bajo el ala protectora de la burguesía o la pertenencia a una conciencia de clase trabajadora?

             Representado como símbolo, ícono y signo de los tiempos, la polisemia infinita en la que se vierte la temática amorosa dio y continúa dando un sinnúmero de productos culturales que la han atravesado en forma, contenido y género. En Forever juntos, los diálogos que el yo-poético recrea con su compañera son cotidianos, y al mismo tiempo, plagados de esa poesía que se vivencia en lo doméstico, como la que escriben los poetas, cineastas y cantantes de la época más radical del cine francés, la nouvelle vague. Personajes con problemáticas demasiado 'reales' (recordemos, sino, a la Anna Karina de Une femme est une femme) y al mismo tiempo, tiernos, apacibles y capaces de mostrar una sensibilidad que abarca todas las artes (cine, literatura, música), van transitando diferentes escenas en las que es imposible no sentirse identificado: “el amor no es el paisaje, el camino, el lugar/ sino aquello que hablamos/ cada noche al hablar de amor.” (A bout du souffle)

            Lutereau vuelve a una poética del amor vanguardista, pero reformulada desde un sentir propio; lo universal que se vuelve particular porque está atravesado por una mirada puesta en el “aquí y ahora”: “no es un mambo/ que vos seas kirchnerista /aunque del peronismo nada quieras saber, acaso ¿cómo es/ nadar y que te falte el aire, o/ un brazo? ¿se puede crear/ desde el vacío?”


            Quizá sí se pueda, porque el vacío no es más que un intento de reunir lo que de ese aparente vacío queda, y conformar algo nuevo, que perdure, como aquella tan conocida (y cuestionada) epistemología de la palabra A-MOR (a-morts); ausencia de muerte, porque el amor se regenera siempre, como temática, como excusa, como superficial divertimento, como arte, como cultura. 

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[ poemas del libro inédito Los estómagos ]


Cerdo

Me pregunto cómo ha llegado esta cabeza de conejo hasta mis manos.

Cómo ha rodado, escalera arriba, hasta el corazón del Raval,
arrastrándose, escalera arriba,
girando, escalera arriba hasta mis manos.

Me pregunto quién mutiló al animal. Me pregunto cuántos estómagos
hacen falta para vencer el hambre.
Me pregunto: hay cuartos oscuros
y humedades en venta,
hay insectos de alquiler y trasteros que huelen a ceniza.

Todos los días una mariposa muere encerrada entre los calefactores.
Pero no hay peligro porque el invierno ya se acaba,
y con él los poetas que hablan del frío
y con él los suicidios y las mariposas
y con él los conejos domésticos,
comestibles.

Me pregunto cómo ha llegado mi lengua hasta el techo de los muertos.
Con la ciudad encendida.
Con su cabeza bien sujeta entre los dedos.

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“De Jueves a Domingo”, de Dominga Sotomayor, nos invita a mirar desde los ojos de una niña, un viaje al desierto, una apología a la soledad, a la fragmentación. Una road movie atemporal, donde no importa el punto de llegada sino el ritmo con el que se transita una crisis latente. 

Por Romina Sandoval 

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El padre y la madre a cada extremo, en el desierto, en la aridez, en la hostilidad. Una fragmentación explícita, el quiebre entre la infancia y la adultez.

Lucía observa todo, los detalles, las miradas, los silencios, los llantos, el desierto. Lucía está observando el último viaje que sus padres organizan como familia, pero no lo sabe. El asiento trasero del auto es su butaca, ahí es donde este film nos sitúa, en su punto de vista. Sin caer en melodramas, la película nos transporta a episodios de nuestra infancia, a nuestros propios viajes cuando pasábamos largas horas encerrados en el asiento de atrás en compañía del paisaje, las paradas en estaciones de servicio, los campings, etc. Una mirada inocente que de a poco se va dando cuenta que algo pasa en su entorno, que algo se desintegra, algo que un niño siente pero que es incapaz de comprender.

La película está construida como un road movie con una cámara que muestra la mirada de Lucía, una cámara subjetiva, cómplice, estática, que observa todo lo que sucede, a veces se pone a espaldas de la protagonista invitándonos a mirar junto a la niña, al auto, con el desierto. Es el impecable trabajo de Bárbara Álvarez, directora de fotografía de la película “La mujer sin cabeza” de Lucrecia Martel.

El color de la película tampoco es un detalle menor, nos da la sensación de estar atrapados en un espacio atemporal, puede ser nuestra infancia, quizás los 90, no lo sabemos y al no saber en qué fecha está situada, la impresión de que todo funciona como un recuerdo toma mayor fuerza. La directora muchas veces a dicho en entrevistas que un día encontró una fotografía antigua de un viaje y ahí surgió el guión, quizás eso nos proyecta, un film que parece una fotografía vieja encontrada en un cajón. 

Descubrimos la imagen y comenzamos a recordar, pero no la historia completa, sólo situaciones puntuales. Ese es otro elemento que nos envuelve; la narración fragmentada, la visión de Lucía no nos puede entregar explicaciones de lo que sucede, no nos dice cuál es el conflicto, cuál es el problema, qué pasó o qué pasará. Ella sólo observa y nos sugiere una historia, algunos la relacionaremos con nuestra propia vida, otros quizás con la que escucharon de alguien, es la narración la que nos deja ese espacio a la interpretación. La mirada de Lucía está lejos del mundo adulto pero su sensibilidad captura las señales y los problemas de su familia, inclusive Lucía está lejos de su hermano que aún vive en la fantasía de los niños más pequeños. La niña empieza a vivir esa fase en que pasamos a comprender (si así se puede llamar) que los adultos son seres distantes, complejos, menguantes.

 Al final la agonía de la familia construye el ritmo de “De Jueves a Domingo”, el montaje está marcado por los pequeños momentos, por la simpleza de unas vacaciones que esconden una crisis inminente, no importa si ellos llegarán finalmente a su destino, porque Lucía (o nosotros) prefiere quedarse con la postal del último viaje, no importa lo que pase después, siempre se puede aferrar a la fotografía de su cajón.


[Ficha técnica]

De Jueves a Domingo
Dirigida y escrita por Dominga Sotomayor
Chile- Holanda
Año 2012
94 min.

[Premios]

41° Festival Internacional de Cine de Rotterdam
Tiger Award, Competencia Tiger Awards (Holanda, 2012)
19° Festival Internacional de Cine de Valdivia
Premio Pudú a la Mejor Película, Competencia de Largometrajes Internacionales (Chile, 2012)
12° Nuevos Horizontes Festival Internacional de Cine
Gran Premio, Competencia Internacional de Largometrajes (Polonia, 2012)
6° Festival de Granada Cines del Sur
Alhambra de Oro a la Mejor Película, Sección Oficial (España, 2012) 
12° IndieLisboa Festival Internacional de Cine Independiente
Gran Premio de Largometraje Ciudad de Lisboa, Competencia Internacional de Largometrajes (Portugal, 2012)
11° Festival Internacional de Cine de Transilvania
Premio a la Mejor Dirección de Fotografía, Competencia Oficial (Rumania, 2012) 
6° TarkovskyFest
Premio del Público, Competencia Oficial (Rusia, 2012) 
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[Del prólogo de Maynor Xavier Cruz]

Escritores de aquí y de allá. De allá y de aquí. Distintas formas de ver el mundo, o de crear mundos alternos a éste, que no sabe que también nosotros lo inventamos cada día y damos sentido a esta pelota flotante desde el mismo día que abrimos los ojos y empezamos a ver las formas, descubriendo que eran algo extraordinario, atractivo y hasta terrible, pues todo carecía de sentido y significado mismo.
La mayoría de los autores aquí presentados son jóvenes menores de los treinta años, a excepción de Rafael Mitre y Jasmina Caballero, quienes son mayores, y que la mayoría de nosotros alguna vez leímos, porque tienen buena trayectoria en este oficio de las letras y ya su nombre es referencia en las ciudades que nacieron y por las formas tan bien trabajadas de escribir. Su poesía es fresca, para ser leída en todos los tiempos, ya sea en la fecha que lo crearon o dentro de cincuenta años. Todos estos poemas son la carta de presentación ante ustedes, y la de ustedes ante nosotros.
De lo que sí estoy seguro es que somos gotas del mismo océano, y en escribir somos tan distintos y tan iguales al saber que la única forma de comunicarnos con el resto es con aquello que creamos. Esos Frankenstein-poemas a quienes les decimos: “¡Vive! ¡Vive!”
Esperamos que los lazos de amistad sean más grandes, y algún día no muy lejano encontrarnos, vernos a los ojos y decir: “Es un placer conocerlo, he leído algunas de sus obras”. Todo puede suceder. Y para mientras, por favor, sigamos pariendo más poemas, que los caníbales lectores están con ganas de devorarlos. Y esta batalla no termina hasta que uno de los dos resulte vencedor. O el otro muera. Por ahora somos muchos en ambos bandos, y seguiremos creciendo…

[Sobre la publicación]

"Transatlántica", una muestra de poesía actual española y nicaragüense, coordinada por Adriana Bañares y Maynor Xavier Cruz. La plaquette está ilustrada con tintas de Valle Camacho Matute. Autores: Francis Massiel Martínez, Maynor Xavier Cruz, José López Vázquez, Manuel Membreño, Ricardo Ríos García, Rafael Mitre, Rafael Zeledón y Jasmina Caballero (Nicaragua) Eva R. Picazo, Martín Bezanilla Cobo, Isabel Tejada, Layla Martinez, Cristian Piné, Ana Cuaresma Nalda y Sara R. Gallardo (España)
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by Georgiana Paraschiv


Uruguay

En Uruguay me di cuenta de dos cosas:
me fascinan el río y los balcones.
El mundo podría reducirse a eso
el río de la plata arrasa con todo,
deja sólo algunos pedazos de tierra
y  los arquitectos construyen balcones,
dos o tres pisos
y nosotros nos sentamos a mirar.
El cielo en Uruguay es rosa y naranja.
Las personas casi no caminan,
más bien se deslizan por las veredas
con ropas livianas en tonos claros
y felices.
Para mí es como un paraíso.
La música siempre es hermosa
y todavía hay verano en Marzo.
Me deprime volver
y entrar en mi PH
planta baja y al fondo
sin  río ni balcón
apenas con un patio sin sol
y el mar como consuelo.

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

[Mini-Bio o Auto-semblanza]

Selección natural cover artMúsculo! debutan a principios de 2012, En febrero de ese mismo año presentan una maqueta con sus 3 primeros temas al concurso Proyecto Demo quedando semifinalistas. Desde entonces han estado presentando su directo en diversos escenarios, fueron el grupo invitado en la gira gallega de Schwarz en 2013.
Ahora publican su primer trabajo, Selección Natural, cuatro temas cargados de fuerza y rabia que no dejan indiferente allá por donde pasan.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empiecen a componer?
Ninguna en especial. A partir de una idea, que puede ser de tan sólo un par de segundos, cada uno suelta su creatividad.

2. ¿Cuál es su héroe o antihéroe de ficción favorito?
Walter White, héroe y antihéroe en la misma serie

3. ¿Qué talento desearían tener?
La puntualidad no estaría mal.

4. ¿Cuál es su posesión más atesorada?
Todo nuestro equipo (instrumentos y aparatos) con el que hacemos y deshacemos nuestras canciones.

5. ¿Cuál es para ustedes la manifestación más clara de la miseria?
Sin  lugar a dudas, la política actual

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecian más en los seres humanos?
Amistad, lealtad, sinceridad.

7. ¿Cuál es habitualmente su estado mental?
Una lucha constante entre la realidad y la huida a otro mundos
  
8. ¿Cuál es su idea de felicidad?
Poder vivir de la música de una manera digna y honesta

9. ¿Cuál es su mayor miedo?
El final, la caída

10. ¿Cuándo y dónde fueron más feliz?
En cualquier concierto en el que el público esté disfrutando. Realmente son momentos muy felices.

11. ¿Qué canción que hayan escuchado últimamente te hubiera gustado componerla ustedes?
Cualquiera de Tame Impala

12. ¿Qué canción que hayan incluido en un disco o interpretado en vivo no volverían a tocar? ¿Por qué?
Una canción llamada “autoestima”.  Fue una de las primeras canciones que compusimos. Lo hicimos a prisa para poder tocarla en nuestro primer concierto. No quedamos muy satisfechos con el resultado.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Quizás no sea el peor pero todos estamos de acuerdo en que no nos gusta el  “Merriweather Post Pavilion “ de Animal Collective

14. ¿Qué libro los hace sonreír?
Neuromancer de William Gibson

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tienen la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarían?
A  John Williams

16. Si después de muertos vuelven convertidos en zombies ¿a quién morderían primero?
Iríamos a la Moncloa (sede de la presidencia del gobierno de España) y morderíamos a todos. No cambiaría su forma de actuar antes o después de la mordida.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
No, es imposible plasmar exactamente lo que sientes, pero cada vez nos vamos acercando más.

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Mi Amigo Invencible atenta contra la solemnidad del mal etiquedado “indie”. La Nostalgia Soundsystem, álbum conceptual que retrata una catarsis melancólica y su reparación en un nuevo equilibrio espiritual.

Por Joel Vargas

La Nostalgia Soundsystem (2013) cover art


I

La Nostalgia Soundsystem es el oxigeno que pedían nuestros pulmones, la leña para prender nuestras fogatas, el agua para saciar nuestra sed, el disco que necesitábamos. Una ópera rock. Comprendemos su desarrollo, su coherencia, las interrelaciones que hay entre las canciones cuando la pensamos como un todo. La obra crece cada vez más, y la extendemos con mayor amplitud y claridad, hasta casi completarla en la mente. Una obra, un disco, un concepto: la nostalgia.

II

El arte de tapa, ilustrada por Federico Calandria, remite a un mundo dominado por los animales, el que soñó el ejército de los 12 monos. Madre natura: ama y señora.  Los recuerdos del buen salvaje, del hombre, están en los restos de los edificios, autos y calles. Ecos de una civilización perdida.

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[Sobre el autor]

Lino Divas (1981) vive y trabaja en Buenos Aires. Exhibe sus trabajos tanto individual como colectivamente en museos; galerías de arte contemporáneo,  espacios independientes de Argentina, Chile, México, España y EEUU y en numerosos medios virtuales.  Convencido de  las potencialidades del trabajo colaborativo en red, participa e interactúa con numerosos proyectos autónomos de artes visuales.

Desde el 2005 forma parte de la prestigiosa F.D.A.C.M.A. (Fundación para la difusión del Arte Contemporáneo en el Mercosur y Alrededores), la cual desarrolla numerosos proyectos en pos de la circulación, visibilización y legitimación de bienes simbólicos en el cono sur.

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por Cristian Franco

Hay libros que en ciertos momentos me generan una mezcla de asombro y vértigo y angustia y miedo. Es una sensación que punza apenas un segundo, pero deja residuos porfiados. Algo parecido a lo que sentiríamos si de repente despertáramos y estuviéramos, sin tener la más mínima idea de cómo llegamos hasta ahí, justo en el punto más alto de una montaña rusa. Algo así, pero muy microscópico. A veces no me deja seguir leyendo: tengo que abandonar la página, mirar un rato por la ventanilla del colectivo, pensar en cualquier cosa hasta animarme al próximo párrafo. No tengo una explicación. Simplemente sucede. A eso le dicen “experiencia intransferible”.

En apenas 103 páginas, Big Bang, de Enrique Decarli, me suministró varias dosis de esos momentos. Sus cuentos son pequeños y precisos: minúsculas bombas quirúrgicas. Pasar de un cuento a otro es como transcurrir entre dimensiones paralelas, regidas cada una por sus propias leyes pero todas firmemente ligadas por el hilo inquietante de la ficción. Hay blasfemias socarronas (“Aranjuez”), hay parábolas kafkianas (“A través de un vidrio esfumado”, “Apuntes sobre el Mercado”), hay confesiones agrias y escépticas (“Dana”).

Después de leer Big Bang, sería muy fácil encasillar, etiquetar, sentenciar a Decarli: cultiva el género “cuento fantástico”. Aunque no creo que a él le moleste demasiado ese reduccionismo arbitrario (que lo integren a uno al clan de Borges y Cortázar no puede ser un deshonor para nadie), cuentos como “Descarrilar” (mínima, cruel, exacta historia de amor y desilusión), o “Dana”, son claros ejemplos de que su oficio no es meramente medrar en un género, sino construir narraciones donde la incertidumbre es ama y señora.

Si en aquel frecuentado apólogo o alegoría o chiste de Chuang Tzu y la mariposa el problema era quién es el soñador y quién el soñado, en los tres cuentos centrales de Big Bang (“FundaciónArte”, “Fiebre” y “Big Bang”) el problema es hasta dónde llega el sueño, cuáles son los límites de ese territorio impreciso. Porque Decarli tiene una extraña y envidiable habilidad: sabe escribir sueños; es decir, sabe crear ficciones que tienen la misma estructura caprichosa, fascinante y despiadada de los sueños (más todavía: es delicioso cómo en “Fiebre” engarza con maestría un sueño dentro de otro sueño). Ojo, no es que se afane en la ínfima tarea de “contarnos un sueño” (o peor —dios nos libre— “sus sueños”), sino que utiliza la forma perturbadora de los sueños para que sus cuentos sean más eficaces y más terribles y más reales.

Casi todos narrados en primera persona, hay también en todos un trasfondo que huele a estupor, a desilusión, a ironía y extrañeza frente a eso que llamamos realidad. Sin embargo, cada historia es única y está contada con una voz que es diferente cada vez (una voz que narra es ante todo una forma particular del miedo, del deseo, de la perplejidad). Por eso, porque son tan reales, tan convincentes esas voces que cuentan, es que el punto final de cada una de sus historias (ese insignificante signito tipográfico) es más bien el borde de un precipicio irresistible. Ignoramos qué hay en el fondo —ignoramos si hay un fondo— pero intuimos que ese punto final es una invitación al salto.


Cuenta la leyenda que antes de que ese implacable fuego hecho de neoliberalismo, posmodernidad y redes sociales prácticamente los extinguiera de la faz de la literatura, existía un extraño animal llamado “escritor”. Big Bang es la evidencia (como una huella pérdida en un bosque incendiado) de que todavía hay algunos ejemplares de ese animal mitológico dando vueltas por ahí. Es estos tiempos en que prolifera un vanguardismo apresurado, enclenque y pueril, da placer encontrarse con libros que vuelven a demostrar que hay una hermosa tradición que resiste: el cuento bien escrito.
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by FAMOUS WHEN DEAD

“Nuestro padre ha muerto “.
La voz sombría que incrusta
el dolor y lo hace cierto
resuena en mi memoria.  Y, justa,

la mañana se hace noche
para siempre.  Mi infancia será lejos,
mis horas pasarán en un derroche
de deseo de vino y de consejo.

Esta sentencia del destino
estará sumergida en tus amadas
páginas de la historia.  La abreviada
noche atestigua tu partida.
Las calles del Dock, la sudestada,
tu anarquía infantil, tu despedida.


[Sobre el autor]

Nací en Mar del Plata, en 1963.  La administración me permitió comer y la literatura me permitió vivir. Desde siempre he escrito, fundamentalmente cuentos y poesía.   Creo que antes de finalizar el año tendré terminada mi primera novela.   También tengo algunas canciones ya que ejecuto piano y guitarra. Luego de vivir algún tiempo en Madrid, regresé con la intención de, por fin, poder publicar.

[Contacto]
Mail: raulralonso@gmail.com
Twitter: @raulralonso
Facebook: www.facebook.com/raul.r.alonso

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Warnes, una obra del colectivo teatral El Arenal, conmueve mostrándonos con inteligencia, humor y desenfado los secretos turbios que se esconden detrás de la amistad de tres mecánicos de barrio. 

Por Cristian Franco


Biela carter pistón cigüeñal carburador: palabras que para la mayoría de los simples mortales son lejanos y brumosos jeroglíficos de un culto secreto. Los pequeños templos donde ese vocabulario cobra sentido están ahí, en cualquier barrio, cerquita, herméticos. Ignoramos sus dioses y sus mandamientos, desconocemos la cadencia de sus plegarias, las minucias de su liturgia grasienta. El taller mecánico es quizás uno de los pocos lugares que van quedando donde los profanos tendríamos que tener el cuidado de persignarnos antes de entrar. Y de rodillas.

Para asistir a Warnes hay que atravesar primero esa tierra sagrada; pisamos el templo, nos cruzamos con los oficiantes concentrados en su trabajo. El taller —herramientas, grasa, estanterías, repuestos, mate, mugre— es la escena mínima donde todo va a ocurrir. Para el Vasco, el Loro y el Bocha el taller es su único refugio. Afuera están las frustraciones, las pequeñas mentiras, los enemigos íntimos. Adentro son ellos los que mandan. Adentro está la amistad macha y juguetona, el disfrute radiante del trabajo en común, la tibia seguridad del nido donde todo está bajo su control. 

Al principio nos quieren hacer creer que nos vamos a encontrar con una acción meramente realista o costumbrista. Por suerte hay pequeñas fisuras que van a hacer que la escena mute y estalle en espejismos, delirios, simulacros. En Warnes (en la vida) nada es lo que parece. De a poco nos vamos a ir dando cuenta de que no hay palabra inocente, no hay gesto que no tenga su reverso pegajoso y tóxico. En el interior de ese reducto —típico ecosistema de una especie en irreversible extinción: el "macho argentino"— duermen secretos donde se entreveran con turbiedad la carne y el metal, el deseo y la máquina. Si de algo se trata Warnes es de cómo esa áspera simbiosis puede empezar a hervir hasta que los secretos despiertan y muestran sus dientes.

Escribió Sartre: El hombre es eso que hace con lo que hicieron de él. ¿Y cuando lo que nos hicieron vuelve y se hace presente, se hace llaga de nuevo? Capaz que no podemos sostener eso que pudimos hacer con lo que hicieron de nosotros. Capaz que descubrimos que solo somos eso que nos hicieron y no lo que torpemente pudimos hacer. Entonces algo se quiebra, algo se desarma. En esa hermandad carnal de los tres mecánicos, eso que los une también los envenena.

Sabemos que cuando el pasado se hace presente siempre tiene algo de repugnante. En Warnes el pasado que vuelve tiene nombre: Clausen. Cuando él llegue va a empezar la fiesta. Van a aparecer las máscaras (enmascararse es la única manera de purificarse y mostrar un rostro verdadero). Clausen, que es el pasado y es la muerte y es lo inmundo y la nostalgia y la adolescencia y el amor, llega para despedirse. El Bocha, el Vasco y el Loro tienen preparada para él —su profe, su compinche, su guía y mentor— la máquina que lo va a ayudar a cumplir un último deseo. Con cariño, pieza por pieza, la armaron para entregarla como una tierna y recia ofrenda ritual. Pero cuando la fiesta llegue a su clímax y las máscaras y el alcohol hayan hecho su trabajo, todas las caretas van a caer y lo tierno y lo aborrecible van a ser una y la misma cosa.

Hay mucho más para decir de una obra que hace uso de recursos múltiples —los elementos del taller se transforman para acoplarse a la acción dramática, la música aparece cortando y reemplazando el fluir de la trama— para arrastrarnos a un carnaval donde el humor y el drama unidos con pericia nos tejen nudos en la garganta. Por momentos realista y contenida, por momentos, onírica y desaforada, Warnes corre el riesgo de poner en escena un tema difícil y tabú de una manera que busca salirse de los códigos tradicionales para así perturbar mejor nuestras conciencias.

En definitiva, si la historia del Bocha, el Loro y el Vasco nos interpela y nos conmueve, es porque todos no deseamos en realidad más que una sola cosa, sencilla y ardua: que nos traten suavemente…

[Funciones]

Martes y Jueves 20:30 hs.
Club Cultural Matienzo - Pringles 1249, CABA.
Entradas: general $50 / estudiantes y jubilados $35
Reservas: teatro@ccmatienzo.com.ar 
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[Sobre la revista]

El Globo fue el teatro de Shakespeare, y también un vehículo de espionaje durante la Guerra del Paraguay. El Globo es ese receptáculo colorido, elástico, volátil, susceptible de pincharse, escaparse o tomar forma de flor. Esta revista no se trata de nada de eso. 

El Globo es la revista de la literatura invisible. Literatura que existe en los lugares más cotidianos, en cuadernos, márgenes, servilletas, pero que raramente ve la luz. El Globo se propone atraparla en todas sus formas, géneros y orígenes, y visibilizar, entre tapa y contratapa, algo invaluable que permanecía oculto: literatura que pincha y que corta. 

[Contacto]
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Luego de un prometedor EP y varias presentaciones en vivo, por fin llega Antes del desmayo, el disco debut de Barco, producido por Javier Szyfer, integrante de Ministerio de Energía, banda con la que comparten más de una hermandad sonora. 

Por Nahuel Ugazio

ANTES DEL DESMAYO cover artDesde el primer segundo de escucha, la intención musical queda bien en claro: los siete temas que componen Antes del desmayo navegan por los mares de un pop maduro, con toques funk, baterías electrónicas y un colchón sonoro digno de los 80s. No sería raro que nos recuerde al primer Soda, tanto como al Virus de Superficies de placer (1987), o al Charly de Clics Modernos (1983).

A pesar de que los sintetizadores son la premisa del sonido, Barco no le resta importancia a la guitarra, siempre presente para marcar el ritmo y darle el toque funk, y por momentos, aportar un grado de oscuridad.

La voz de Alejandro Álvarez es un intrumento más que con una tonalidad suave, casi susurrante encaja perfectamente en ese rompecabezas sonoro. Canciones con el tempo justo y moderado, sin sobreproducción ni adulaciones.

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Moviéndose en dos paradigmas bien distintos como lo pueden ser el hostigamiento a una mucama y el asesinato a Mariano Ferreyra, Parpadeá, si me escuchás denuncia las irregularidades del mundo laboral y remarca la importancia de la organización entre los trabajadores.

Por Nicolás Gallardo

Esperando a que el reloj marcara las 17 hs. el domingo en el teatro Paraje Artesón, el análisis del público que estaba por ver la nueva obra del grupo Morena Cantero Jrs. resultaba ineludible: remeras anunciando que el militante asesinado del Partido Obrero (PO), Mariano Ferreyra, sigue presente o prendedores con su ya inconfundible grafitti eran parte del atuendo de más de la mitad de las personas que esperábamos para ver Parpadeá, si me escuchás. Todos los allí presentes sabíamos que estábamos a punto de rememorar gran parte de los sucesos ocurridos aquel 20 de octubre en la estación Avellaneda del Ferrocarril ex línea Roca, pero lo que más intrigaba era saber cómo iban a terminar siendo abordados.

Una vez en la sala nos encontramos con una escenografía inesperada. Resulta complicado dilucidar si estamos en el lugar correcto al ver una bola de cristal que arroja haces de luz de diferentes colores, por ejemplo; o cuando la primera actriz aparece en escena vestida como pitonisa, más dispuesta quizás a tirarnos las cartas que a contarnos lo que vinimos a presenciar. De todas maneras, al oír el tema principal de la película El Padrino, nos damos cuenta de que no nos equivocamos de teatro y escucharemos la historia de una mafia. La temática ferroviaria comenzará a emerger cuando distintos espíritus hablen a través de Aschira, la mencionada mujer, y quienes tienen contacto con ella. 

El elenco se luce con su polivalencia actoral, dado que no siempre serán poseídos por las mismas fuerzas. La mucama de Aschira, María Luisa, será simultáneamente tanto la madre de Mariano como también una compañera del PO; lo que ya se suma a su papel de ama de llaves. Gracias a estas intervenciones escucharemos testimonios que ayudan a conocer la persona que fue Mariano en su infancia y adolescencia. Un joven afiliado a la temprana edad de los 13 años que, aunque tuvo novias y amigos que no apoyaban su militancia porque “no parecía aportar ningún beneficio aparente”, siempre sostuvo hasta el último aliento la cosmovisión del mundo que adquirió por pertenecer a un partido laborista y la necesidad de sobrevivir para seguir luchando que inculcaba a sus compañeros.

Si bien en una primera instancia el panorama puede llevarnos a pensar que los dueños de esta casa no son los destinatarios originales del mensaje, nos percatamos de lo oportuno que resulta cuando conocemos a Atilio (esposo de Aschira), quien tiene contratadas tanto a la mucama como a una cadeta, y las trata con autoritarismo y desprecio. Desde ese momento no resultará complicado para el espectador descifrar quién de ellos representará, en la próxima transmigración de almas, al grupo de militantes/tercerizados y  quién a los dirigentes de la Unión Ferroviaria.

Sin embargo los espíritus interpretados por Ariel Aguirre y Pablo Blanco –entre otros- harán hasta lo imposible para que los residentes del hogar no puedan hacer oídos sordos. Disfrazados de personajes épicos como Teseo o el Minotauro, pareciera que la metáfora consiste en desplazar el hilo guía de Ariadna por ese intrincado laberinto que puede llegar a ser la precarización laboral.

La obra dirigida por Luciana Morcillo e Iván Moschner busca, tomando la figura paradigmática de Mariano Ferreyra, echar luz sobre las injusticias que sufren cotidianamente todo tipo de trabajadores y moviliza a agruparse para luchar contra ellas. Con actuaciones y registros sonoros que recrean el asesinato en forma conmovedora, Parpadeá, si me escuchás da cuenta de que crímenes como éste no deben quedar impunes y que sólo será posible conseguir justicia si tenemos los ojos bien abiertos.

[Funciones]
Parpadeá, si me escuchás se presenta los domingos a las 17 hs. en el teatro Paraje Artesón (Palestina 919) con entradas generales a $50.

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por María Florencia Giménez

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by Silvia Bolognesi
Me acuerdo de algunos viernes, en verano, cuando la tierra estaba húmeda. Subía a la máquina, en la parte de atrás. Papá la ponía en marcha y los pajaritos se empezaban a amontonar tras su paso, tratando de agarrar todas las lombrices que la rastra iba removiendo. Creo que desde ese lugar preferencial aprendí que hay pájaros de todos los colores: azules, verdes, marrones, negros, rojizos. 
A veces me distraía un poco, y la abuela decía que eso era peligroso. Ella me pedía que me agarrara fuerte. Yo lo hacía cada vez que me acordaba. Otras veces, me dedicaba a contar cuántas lombrices pegaban saltos y eran cazadas. Pero me terminaba encorvando algo más de lo que debía. Menos mal que desde ahí se veía la casa. La abuela me miraba, abriendo la boca muy grande, para silabear a-ga-rra-te mientras amontonaba parte de la cortina con el puño de la mano. Papá no se daba cuenta de lo que pasaba, él iba adelante, yendo y viniendo en zig zag, mirando los cerros. Siempre nos movíamos más lento cuando estábamos de frente al Aconquija. En cambio, cuando teníamos que girar hacia la ruta, ahí lo hacíamos rápido. Entonces tenía que sujetarme bien fuerte, se me acalambraban un poco las palmas de las manos y algún que otro mosquito tenía la suerte de picarme e irse volando despacito. 
Las últimas veces ya había aprendido a ponerme algo de tierra seca en los brazos, porque a los mosquitos no les gustaba posarse sobre mi piel cuando estaba con polvillo. Zequi fue el que me enseñó esa trampa, porque cuando él se cansaba de ladrarles se iba a rechinar al charco de barro. Volvía después muy contento, corriendo y ya no lo molestaban más. Se ponía también a cazar las lombrices, yo lo dejaba un ratito, después ¡Shú shú, juera! Porque me espantaba los pájaros y así no tenía gracia. 
Me quedaba ahí toda la mañana. Hasta que la abuela salía a la puerta con la cuchara de madera y la hacía sonar contra la regadera. Ése era el llamado a almorzar. Zequi siempre estaba sentado de antemano al lado de ella, esperando que hiciera el ruido, para también acompañarlo con ladridos. A mí me gustaba, una vez que la veía de espaldas, saltar desde la chapa y hundir los pies en la tierra. Después corría rápido porque papá me retaba y no quería que me gritara muy de cerca. 
Mamá llegaba cuando ya todos estábamos sentados a la mesa. Estiraba el delantal de maestra y lo dejaba colgando en la ventana de la habitación. Me encantaba cuando la abuela hacía humita, yo le pedía que le pusiera un poquito de azúcar a la mía. 
Después de comer todos se iban a dormir a la siesta, Zequi también. Yo me quedaba despierta y aprovechaba para irme en bici campo adentro. Allí me disponía a bailar. O al menos intentar bailar zambas como hacía mamá. No me animaba a robarle el pañuelo y usaba en su lugar una hoja ancha de ficus. Me reía sola porque no me salían bien los movimientos, todavía los sentía extraños a mi cuerpo. De a poco iba dejando que la brisa me hiciera dar vueltas hasta caer en el pasto. Hasta un ratito antes de que se hicieran las tres. Entonces ya tenía que volver rápido para acostarme. Así, en casa todos pensarían que yo también había dormido la siesta. 
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[Sobre la revista]

Revista Kundra – literatura aleatoria, es una revista literaria de publicación digital mensual. Se trata de un proyecto que nació con la iniciativa de armar un lugar nuevo donde autores y lectores puedan converger. Nos especializamos en entrevistas, ensayos, dossiers, crónicas y reseñas. Nuestro motor principal es que Kundra funciona como un lugar donde autores y editores pueden tener un espacio vital para dar a conocer lo que hacen. Por esto es que no sólo difundimos autores de “renombre” o “consagrados”, sino que nuestra apuesta se dirige principalmente a autores emergentes, que aún no publicaron o tienen pocos libros en circulación. La revista está compuesta por un staff fijo de colaboradores y número a número nos acompaña un ilustrador distinto. La dirección periodística está a cargo de Angie Pagnotta y entre los colaboradores está Juan Manuel Candal, Victoria Mora, Sebastián Grimberg, Gustavo Grazioli, Valentina Vidal y Aixa Rava. 

[Contacto]
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Ocean Art Print
by Three Of The Possessed


Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande

la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar. 

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Por Florencia Defelippe

            Los cuentos de Brevario de furias desconciertan. Dentro de una atmósfera sobrecargada de lugares comunes, diálogos triviales y personajes excesivamente reales, existen  pequeños desvíos, toques apenas perceptibles que, lentamente, van cobrando peso y terminan por “destapar”, al igual que Pandora y su caja de sorpresas, lo que verdaderamente esconden estas 'criaturas furiosas'. Brevario...logra perturbar al lector desde el inicio, y es esto lo que genera una tensión permanente a medida que avanza cada una de las historias del libro.

            Lo 'esperable', el lugar cómodo, no existe. En este sentido, Diez es un escritor prolijo; sutilmente, guía la lectura avisándonos -con giros repentinos, descripciones oscuras y demás elementos que alejan rápidamente la esperanza de hallar situaciones tranquilas- que sus tramas no cuentan finales felices porque tampoco lo son desde un principio.

            Como afirma Pablo de Santis en “Bestiario”, el prólogo que encabeza a Brevario de furias (Santiago Arcos, 2011): “nada tan afín a la literatura argentina como el género fantástico”. Los relatos de Diez hacen honor a este género, que supo coronarse como emblema de la narrativa argentina con Borges, Bioy Casares y Ocampo. En estos relatos, lo cotidiano incorpora lo extraordinario de una manera tan evidente que inquieta.

            Los hombres conviven con seres cuya existencia es imposible pero que, al figurar de un modo tan natural, parecen verdaderas. La naturaleza acecha de manera permanente, tanto por la aparición de monstruos  como gábulas, ibinas y faisanes plateados, como por la inútil espera de fenómenos que no llegarán jamás: “Odio a todos y a cada uno de los habitantes de este lugar y por sobre todo a esta ciudad. A esta ciudad de mierda en donde ni siquiera es posible ver un poco de nieve”, escribe uno de los personajes de “Nieve en Buenos Aires” en su diario secreto, presa de la más rotunda decepción.

            La furia no se presenta sólo en las criaturas imaginarias; los seres humanos son víctimas, también, de su propia violencia. Cuentos como “Mi familia” y “Parque Chas” llevan a estos vínculos enfermizos hasta las últimas consecuencias. Y los personajes caen al vacío infinitamente, sin poder si quiera atinar a modificar su situación.

            Si bien por momentos los textos se muestran algo repetitivos, y en muchos casos, el desarrollo de las narraciones se presenta sin la profundidad necesaria como para producir el efecto deseado, Brevario de furias construye ficciones que atrapan y exasperan, superan los límites entre lo verdadero y lo imaginario y alcanzan, de esta forma, a la creación de un mundo en el que la convivencia entre lo real y lo fantástico es absolutamente probable, auténtica y admisible.

[Más sobre el autor]
Daniel Diez (blog)
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por Nicolás Lazo Jerez 

NO CABE DUDA: es ella. Camina como si jamás dejara de pensar en otra cosa o, más bien, como si una nube se hubiera interpuesto para siempre entre su mirada y el mundo. Naturalmente, el último tiempo se lo han hecho ver una y otra vez, sobre todo durante los días previos a su encierro veraniego. Pero nada: parece imposible interrumpir aquel aire distraído. Con su acostumbrado paso lento, terminó de bajar la escalera y, mientras reprimía un bostezo, caminó hasta la línea amarilla que demarca el borde del andén.

            Transcurridos algunos minutos, miró hacia el túnel y advirtió que, por fin, la luz del primer vagón se acercaba poco a poco al punto donde lo estaba esperando. La imagen le recordó un sueño recurrente en que ella, rodeada de una oscuridad penetrante, estira el brazo hacia un leve resplandor que, sin embargo, nunca puede siquiera rozar. El metro se detuvo y abrió sus puertas. Plaza Maipú era una estación terminal, de manera que el tren quedó vacío y ella pudo elegir un asiento desde el cual se veían las vías.

            De súbito, sintió el vértigo de la huida. Delante, todo se le presentaba bajo la forma de un horizonte impreciso, el espacio en blanco donde tendría lugar una nueva e insospechada vida. El túnel del metro constituía el punto de fuga hacia donde se proyectaba el milagro de su propio extravío, como un agujero negro cuyo umbral de entrada fuera el anuncio de una abducción triunfante, una renuncia feliz. Cerró los ojos. Con la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana, imaginó que viajaba a bordo de un tren bala japonés en dirección a las montañas más altas del planeta.

            Por el momento, no lamentaba en lo absoluto dejar de ver a los demás. De hecho, la necesidad de un aislamiento total era lo que más la motivaba. Si en su casa todo el mundo daba muestras de una insensibilidad y estupidez extremas, ¿por qué habría de quererlos? Por un instante, vio a su mamá llorando junto a su padrastro y sus dos medios hermanos. Experimentó un extraño placer. Segundos más tarde, no pudo evitar sonreír cuando la escena dio paso a otra todavía mejor: Cáceres, el más imbécil del curso, recibía la noticia de su desaparición con una mezcla de perplejidad y arrepentimiento y se culpaba a sí mismo de la tragedia ocurrida a la que durante meses llamó “Sailor Moon después de la bomba atómica”.
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Con las actuaciones impecables y perturbadoras de Eliana Wasserman y Sofía Guggiari, bajo la dirección de Juan Washington Felice Astorga, la última obra de Norman Briski nos sumerge en la existencia absurda de dos seres míticos exiliados en una terraza cualquiera de Buenos Aires.

por Cristian Franco


Hubo un filósofo que una vez dictaminó algo que parece una pavada, pero que pensado con cierto detenimiento da un poquito de vértigo: Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida. Extraña inversión (primero el lenguaje, luego la vida) que es una marca de nacimiento de nuestra cultura: en el principio fue el verbo. No hay más que cambiar en esa furtiva intuición de Wittgenstein “imaginar” por “crear”, para llegar a lo que nos interesa: el dramaturgo se hace demiurgo, su palabra da-a-luz.
50 nereidas es un intento de hacer palpitar como un cristal intocable esa exigencia que está en el núcleo de todo arte auténtico: construir un lenguaje para dar vida. Más aún: las dos protagonistas fueron creadas por ese lenguaje primitivo y voraz, y las palabras que pronuncian (que son las nuestras, pero que en sus labios se vuelven irreconocibles, rotas, perturbadoramente extranjeras) son lo único que las hace existir. Esas dos nereidas exiliadas que se secan fuera del mar están hechas de un barro verbal delirante y exquisito. En ese techo de algún edificio de Buenos Aires, que es su prisión y su jardín, no hacen otra cosa que hablar para no extinguirse. Para adaptarse a su nuevo hábitat la única esperanza es anular el silencio áspero de la ciudad con ese diálogo insomne que oscila entre la ternura y la desesperación. Y en el centro —luminosa, insoportable— una claraboya que es una pecera y es un nido y un mundo y una tumba.
El desafío para el espectador es el mismo que propone todo (buen) poema: asistir al desborde de un idioma que es familiar y desconocido al mismo tiempo. Lo que sabemos (lo que idiotamente creemos saber) no nos sirve para atrapar el sentido de las palabras, hay que humillarse y desaprender; atender no al significado sino a las modulaciones, la respiración, los tonos, el ritmo. Dejarse deslumbrar por las palabras como si fueran insectos inexplicables. Entonces precaución: con 50 nereidas “entender” no es la cuestión. Claro que “entender”, cuando de arte se trata, es una palabra un tanto insuficiente. La verdadera obra de arte está siempre un poco más allá de eso que podemos captar con el entendimiento, o por lo menos con esa forma de entendimiento que aplicamos para aprender la regla de tres simple o la diferencia entre sujeto y predicado. No se trata, pues, de “entender” sino de “experimentar”. No interpretar, no decodificar, algo más sencillo: abrirse a la incertidumbre y al extrañamiento, dejarse poseer por ese lenguaje desbocado, resplandeciente, impenetrable. 
Esos cuerpos torpes e incompletos que se mueven en escena —sus vestiduras están hechas de jirones mustios, de retazos incoherentes— no guardan ya nada de su antiguo esplendor. El exilio quiebra. El exilio pudre. El exilio borra. Inmortales todavía, lejos de su mar no son otra cosa que voces que se retuercen mordisqueadas por recuerdos inútiles. Ellas esperan, pero saben que el futuro está hecho con las ruinas de la memoria. Desde su pequeño lugar las nereidas intuyen la presencia opaca de otros seres, distintos pero también atrapados, también secándose: la pecera es reversible, no hay lado de afuera. Nos asfixia el mismo aire, la misma soledad… En la ciudad nada hay para ellas (nada hay para nadie). A lo lejos, una cúpula extraña se pierde entre los edificios: les llegará desde ahí la única voz humana, plena de podredumbre y superchería. Contraste central en la obra: la lengua sucia de los seres humanos —lengua cubierta de nieblas y venenos— se opone a la pureza hermética de la voz de las nereidas.
Vuelvo a Wittgenstein para que me ayude a cerrar: De lo que no se puede hablar, mejor es callar, dijo. Tendríamos, tal vez, que haber empezado por ahí. En realidad cualquier cosa que se diga sobre 50 nereidas no llega siquiera a rozar su verdadera substancia. Para saber de qué se trata hay que experimentarla y purificarse: cuando termina tal vez un pequeñísimo silencio interior te acompañe por ese pasillo que te devuelve a la calle y el ruido y la irrealidad.
Si lo sentís, quiere decir que entendiste.

[Funciones]
Viernes - 21:30 hs  (hasta el 29/11/2013)
Teatro Calibán - México 1428 PB 5
Reservas: 4381-0521 | 4384-8163
Web: http://www.teatrocaliban.blogspot.com