Una antología es un recorte de algo que debe ser destacado por alguna razón, y el lugar del compilador es fundamental porque se imprime su mirada sobre ese recorte para que sea ese y no otro, de alguna manera hacer una selección del arte que nos interesa es otra manera de hablar de la propia obra y de lo que consideramos un hecho artístico, esta primera Antología fotográfica estuvo a cargo de Violeta Capasso quien además de hacer la selección de fotos nos cuenta porque elige a estxs fotógrafas y fotógrafos. Todo recorte intencionado sobre una inmensa variedad es un gesto estético, porque dice mucho, hasta de la propia obra.




Flor Santillán tiene 19 años y nació en La Pampa, vive y estudia cine en La Plata. su sello fotográfico está claro: con situaciones entre chicas, flores, vestidos y bombachas crea melancolía y ensueño adolescente, el mismo de Sofia Coppola o Tamara Lichtenstein; pero con una vuelta de tuerca de amor por otra ciudad tranquila como La Plata y sus amigas reales en su mundo real. Sus retratados parecen conocidos, aborda a la persona de una forma muy cálida en cada foto y nunca sabría si es su mejor amiga de la Pampa, o una modelo que conoció hace 15 minutos haciendo una campaña.







“Desprejuiciado” es una palabra que no usaría para describir el estilo fotográfico de alguien, pero al trabajo de Gina Torchia le sienta perfecto. Su material es muy amplio, intimidante, al punto que su tumblr tan lleno de su realidad me da miedo.

El catálogo de esta fotógrafa-poeta ocasional-editora de fanzines de 25 años, incluye vagabundos, ex novios, ex novios desnudos, amigos, amigas, desconocidos, perros de la calle, vacaciones, noche, recitales. Amigos que estaban y ahora no están. Sordidez, cosas hechas mierda. Chistes internos, o cosas que nosotros espectadores no entendemos porque no estuvimos ahí.

En su trabajo hay una convivencia constante entre la prolijidad extrema y lo trash. Su ojo atento y su capacidad de transmitir estados de ánimo en un fotograma son los motivos que me llevan a seguirla.






Las fotos de Maxi Magnano hablan por sí solas, y son producto de una experimentación constante de un chico que pasa mucho tiempo con su cámara aprovechándola al máximo, de ahí el resultado de  su libro “Ruido”, un compendio de fotos en 35mm sacadas con una cámara compacta.

Oriundo del barrio de Pilar, el contacto día a día con el conurbano profundo está plasmado en sus diarios fotográficos de estaciones de servicio, rutas, bares de mala muerte, alambres y amaneceres. Trabaja primordialmente con los espacios vacíos y dejados morir, en sus fotos raramente aparecen personas, tampoco animales. y si en ese espacio hubo una persona, sólo vemos el rastro de su visita.








Ciudad, subte y amigos son los temas que se repiten en la fotografía de Octavio Bermejo Villareal, un chico porteño que trabaja como cadete en el Microcentro. La cotidianidad está capturada constantemente, entre historias de recitales, viejos ebrios perdidos y aventuras con amigos. El uso de cámara compacta es esencial en sus retratos rápidos y discretos, en los que nunca sabemos dónde fue, quienes estaban, o qué estaba pasando. Su mirada es ajena a lo que está sucediendo, esa perspectiva de afuera es lo que me resulta más interesante de sus fotos.

Me interesa reconocer fotógrafos y artistas que se desempeñen desde su propio deseo, probando diferentes formas de abordar la fotografía contemporánea, pasando por mostrar poco, mostrar todo, hacer fanzines o no hacer muestras, trabajar por dinero o no aceptar ninguno, valoro ante todo cómo se desenvuelven con su trabajo. Es importante estar atento frente a estos casos de autonomía. Siendo fotógrafo es difícil estar satisfecho todo el tiempo, pero cuando te das cuenta de que estás haciendo lo que te gusta -a tu manera- el resto llega solo.

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