raspar
las manos / los rastros
tapados
de polvo / y cemento.
Escuchen / los ojos / hasta
oler
las plazas / vacías
las calles / desiertas.
Basta / contra
la ceguera.
Y quizás lo consiguiera superponiendo ficciones. Hueco sobre hueco sobre hueco hasta el infinito inabordable. Ser el Dante apoteótico en el extremo final del ovillo de Ariadna, o incluso el mismo Borges que leo, abismo sobre abismo simulado.
Es un chicle pegado en un pantalón.
Es nuevo.
Es pagado con 200 pesos, con dos días de trabajo y para qué.
Es poco interesante como la gente que habla siempre de sí.
Es un tren que se demora y unos pasajeros inquietos.
Es decirle mi amor cuando ni siquiera va un mes.
Es algo impensable, que no puedo pensar.
Es la idea poco pragmática de la perfección.
Es algo patético.
Es un pensamiento fijo en la mente.
Es mi poesía que va corriendo y saltando por el camino del rispo
Por Joel Vargas
L
a banda nació en el 2008, al principio grabaron temas sucios, casi punks (por la manera en que fueron grabados) pero luego se convirtieron en melodías pop. Martín Brossard es Puna Punch, hace todo: programa secuencias, samplea, loopea y firma las letras.
El EP salió el año pasado y según Brossard las canciones “están llenas de capas de mugre sónica pero no de la vertiente de los 90’s”. Pero, igualmente, a lo largo de todo el disco se perciben letras “babasonicas” y odas a relaciones fallidas. Como en “El Ninguneo” que dice “borraste tus comentarios, sólo me queda Facebook, testigo de este juicio”, Brossard retrata perfectamente, lo que muchas veces sufren las parejas por culpa de las redes sociales, en la era de la web 2.0, un mal de muchos.
En “Joyitas de Amor Punk” Martín parece encontrar la receta para volverse un cantante pop inmortal, “todo lo que necesitas para conquistar el mundo es un puñado de canciones finas desprolijas a base de cerveza tibia y hablar de la vida aburrida de unos chicos en una ciudad sombría de metal”. Quizá tiene razón y encontró la receta.
“Días Indies” son tres minutos y medio totalmente pegadizos, es EL HIT, tiene todos los ingredientes para que se te quede grabado en la cabeza, es pop bailable del bueno y para nada empalagoso. Está inspirado en la película 500 días con ella (2009) dirigida por Marc Webb. En la letra, Brossard expresa aquella sensación que seguro sentiste alguna vez, ese enamoramiento zarpado donde idealizás a alguien y creés que tocaste el cielo con las manos, pero acordate “500 días con ella no son la eternidad, es sólo una luz que encandila”, al final del tema deja ver un esbozo de esperanza “hay otra luz que está ahí afuera, fíjate bien donde miras”.
En la manera que están construidos e interpretados los temas, Puna Punch parece ligada a la escuela de Julián Murias, reconocido cantante popero. Pero a la hora de los covers no le escapa al santo grial del pop argentino: Soda Stereo y Daniel Melero.
De la banda de Gustavo Cerati hace una versión de “Te para tres”. Por la letra es una decisión acertada haberla incluido en el EP, porque le hace honor al resto del disco que está plagado de amores conflictivos. Al final del EP, Brossard canta una y otra vez, “Quiero estar entre tus cosas” del genial tema de Melero. Y si, Puna Punch quiere estar entre tus cosas…
SOUNDCLOUD
SITIO OFICIAL
punapunch@live.com
(intento de luz
sobre el tiempo
escrito
tachado
reescrito)
recurrente
última maniobra
provisoria,
plagando finales
abiertos,
y vientos,
todos los vientos
amurados.
Y así en el viaje
sobre el patio plano
de la escacez
de las vanas certezas,
al parecer,
necesarias,
(ya tiempo
no escrito
no entintado
no blanqueado
ni arropado.
Comprimido.)
el hallazgo,
cual Alicia en deja vú:
la pequeña puerta
dejando asomar
una rebelión.
Y a diferencia
de alguna que otra mañana
con cálidos ojos
cerrados al sol,
espacios semi claros,
sueños expropiados
por los perros vagabundos,
y de músicas distantes
desde las lejanías
del cuerpo,
la rebelión,
en verdad,
persiste.
Dicotomía
del alma en peligro
o el alma peligrosa.
Demasiada retracción
a los confines,
desmemoria de la voz
y el silencio,
infinitas formas
apresadas.
Demasiado mar
de tinta blanca.
Un movimiento:
mi mano
hacia el picaporte,
como queriendo
tomar un lápiz,
y al ir abriendo
la pequeña puerta,
la dicotomía
se convierte
en una única opción.






