0 comentarios
Candelaria Vidal
"fuego"
Oleo s /Tela 100x80 cm
4 comentarios
Me gusta espiarte mientras vos fingís desconocerme. La liviandad con que mirás el aire vacío cuando hacés de cuenta que no estoy detrás del ojo de la cerradura, del otro lado del aire refractado. Y me gusta verte pasear por la calle o la plaza. A veces tengo que morderme las manos para no tocarte, o la lengua para no gritarte y hacerte ver que todavía estoy en el revés de cada gota de oxígeno que rodea tu piel cubierta de maquillaje. Te vas deseando que al volver no sientas mi presencia, y yo me quedo esperando que vuelvas para morderme otra vez las manos de ectoplasma.

2 comentarios
—¡La puta que te parió!— me dijo mamá y fue a socorrer al viejo que estaba en el piso retorciéndose de dolor. Creo que nunca voy a olvidar esa mirada que me largó mamá desde el suelo: triste y, sobre todo, llena de bronca.
Un rato antes, papá me estaba gritando. Yo también le gritaba a él. Rutina, nada nuevo. Para nosotros era un deporte al que le poníamos el alma.  Nos estábamos trenzando por una boludez: la música. Digo boludez ahora que pasó el tiempo. Ahora que crecí y puedo ver las cosas de otro modo, menos terminantes. Cuando era chico era duro como un milico. Traficaba con pensamientos de otros y estaba lleno de prejuicios. No sabés, estaba subido a un pony y creía que tenía mucha personalidad.
La cuestión era que estaba escuchando fuerte en mi pieza a los Rolling Stones: Jumping Jack flash, no sé si lo conocés. Él recién volvía del laburo y entró sin golpear, como hacía siempre, y me pidió, más bien me ordenó, que bajara el volumen y se fue. Yo sabía que eso le molestaba, lo ponía loco. Igual se lo hacía porque quería verlo sacado. Sí, nos llevábamos mal. ¿Quién no quiso matar a su viejo en algún momento? Por ahí nadie. Yo sí. Era un pensamiento que tenía seguido. O quería hacerlo mierda, no eran ideas nomás: era algo posta. Pero sabía que era medio imposible, nunca iba a poder hacerlo. Me daba paja. Mucho laburo: pensar un plan, después ver lo del fiambre, tirarlo a un lugar seguro. Pensá que el viejo era un lavarropa, pesaba como 95 kilos y yo mucho menos: era una diferencia, mirá si me herniaba o algo así. Y estaba todo el bondi con la poli: explicaciones, ver a mi vieja hecha bolsa, y toda esa movida. Era mucho. Entonces bardeaba con la cerveza. Papá una vez por semana, domingo o lunes ponele, compraba cinco o seis birras para tomar cuando venía del laburo. Se bajaba una por noche para sentirse un ser humano y sacarse de encima el garrón de estar metido en un matadero ocho o diez horas por día, a veces doce. Todas las tardes o a la nochecita iba a la  cocina, abría la heladera y quería sacar una botella bien fría, pero siempre las encontraba tibias. Se enojaba: puteaba a Edesur, a Dios y a María santísima. Creía que era un problema de electricidad, de tensión, de la mala leche del destino. Se quedaba re caliente por no tener con quien quejarse. Unas horas antes yo las había llevado al techo para calentarla, que perdieran vida. Después las dejaba en la heladera y esperaba. De mi pieza escuchaba sus gritos y me reía.

El viejo trabajaba un montón, no había terminado el secundario y era medio bruto. No estuvo mucho en casa. Creo que ahí estaba todo. Vos sabés que no se puede elegir a los viejos, pero sí se puede elegir cómo tratarlo. Yo me propuse destruirle la sonrisa a papá.

Qué loco lo que pasa con la ausencia, ¿no? Uno quiere llenarla con cualquier cosa, con algo groso. Es como hacerle contrapeso al dolor para que no te salte la térmica. Qué sé yo, digo nomás.

Me acuerdo cómo era todo cuando no nos peleábamos tanto. De más chico, cuando volvía del colegio al mediodía comía rápido, me tiraba de panza en la alfombra del living y miraba durante horas la televisión para poder ver qué daban a la noche y contarle a papá para que pudiera elegir lo que más le gustara. Me había memorizado toda la programación de todos los canales y me acercaba a él ansioso, impaciente, y lo veía tomando su vaso grande de cerveza, tranquilo, relajado, mamá al lado. Entonces creía que era el momento justo y lo tenía enfrente. Él me veía y decía como si le rompiera las bolas:
—No, ahora no… después.— Ese momento nunca llegaba. Después se convirtió en lo inalcanzable. Después, ahora odio los después.

0 comentarios


El género dramático comprende a todas aquellas obras que tienen por finalidad la representación de una determinada acción en el marco de un espacio físico que funcione como escenario. Sirve de expresión a una determinada visión de la realidad o de la fantasía, ya sea: tragedia, misterios o comedia.
William Shakespeare es como una amalgama de tendencias y corrientes hasta el momento de su aparición, mientras que el Renacimiento florecía en Europa y daba lugar al Siglo de Oro en España, Shakespeare lucha con un gran condicionante y una gran rebelión para montar sus obras, y hasta a si mismo con una gran presión generada por el periodo Isabelino en Inglaterra; bajo el reinado de Isabel había que mantener como máscara la religión católica-romana y por eso es muy probable que Shakespeare haya tenido una formación católica estridente, que luego ha ido fragmentando en sus obras con las influencias al mundo clásico y con los aires propios del Renacimiento italiano.
La cuestión de la autoria no esta desarrollada en esta época, lo cual, permite poner en duda que la producción de Shakespeare sea propia; es muy probable que se hayan colaborado varios sujetos a la formación de una obra. Eso, teniendo en cuenta la gran presión que ejercía tener que producir teatro para la nobleza y para la corona con una inmediatez, casi absoluta.
Sueño de una noche de verano, parece responder a los efectos del período; una mezcla de planos que, en escena, parecen estar bien definidos, pero en el momento de la representación se cruzan; algo que no se había practicado en el período medieval. El plano real es la representación de la celebración de las nupcias de Teseo e Hipólita; donde reside la idea de que en sus nupcias van a ver una representación coordinada por los mismos personajes que están en la escena de la obra. La realidad de este acto va fragmentadose en diversas capas reales que parecen disolverse a si mismas al finalizar cada acto; así comienza a asomarse el plano fantástico, que pertenece al mundo de las hadas y duendes. Este juego de espacios se da en el mismo escenario y en el mismo tiempo, la diferencia radica en que ninguna de esas capas de realidad y fantasía se perciben a si mismas.
Por la misma parte, tiene lugar el conflicto amoroso que se genera por la equivocación del duende Puck entre un amor sincero: Lisandro y Hermia. La suerte de amores no correspondidos es el tema crucial en la obra, que instaura la idea renacentista neoplatónica de un amor idílico mediatizado por las marcas de subjetividad. Una configuración discursiva del amor ya venia daba desde el período clásico; y ya había tenido lugar en Romeo y Julieta, la historia de dos enamorados que atraviesan una frontera de discordia familiar y social para unirse en totalidad. Un tema que ya estaba florecido en la Italia del Renacimiento.
Termina siendo artificioso en el modo de resolverse porque, si bien, Lisandro y Hermia vuelven a fundar su amor, hay una unión que queda forzada por la voluntad divina de Oberòn, rey de las hadas: Demetrio y Elena. Lo curioso es que la historia de Piramo y Tisbe, en Sueño de una noche de verano parece también responder a este modelo en el que se descubren restos de la tragedia griega de tema trágico-amoroso, y del mismo Ovidio en la representación de la obra de las nupcias.
En la obra hay infinitas relaciones que juegan con el tiempo y el espacio para superponerlos como escenas alternas que ocurren en el mismo tiempo, sin poder ser percibidas fácilmente, pero de las cuales quedan restos, o al menos, un resplandor que da el carácter onírico; porque es aquello que no recuerdan los personajes reales al despertar del sueño.
0 comentarios
Omar Sisterna
"Jefas del nido" - 2008
Oleo s/madera 100x80 cm
0 comentarios

16/10/09
Sería bueno vaciar el corazón de vez en cuando como quien vacía un cenicero, pensó la mujer mejicana mientras salía de madrugada de The Red Roof Inn., el hotel en el que trabajaba a las afueras de Milford. Pasaban camiones cargados de muebles baratos, trailers negros, espectrales, dioses de la noche surcando el Estado de Connecticut. Sería bueno sacarse el corazón, quitarle la tapa y desparramar toda la mierda en un cubo junto a las cáscaras de huevo y los tampones y las bombillas y las marañas de pelusas que salen de la aspiradora. Lo pensaba con frío, con los brazos muy cruzados junto al pecho protegiendo ese corazón suyo que necesitaba un poco de alivio. Los camiones seguían pasando, la noche se alejaba, quizá hacia otro Estado, quizá a su cama en la ladera de una montaña de cuento, harta ya de todo y con los pies hinchados. Cuando llegó a casa su marido dormía. El cuarto estaba revuelto y olía a mermelada rancia y a alcohol, una vaharada de licor le llegó como un tortazo repentino, como los que le pegaba su padre de niña sin saber por qué. Se desnudó y se metió en la cama. Su marido dormía boca abajo con los brazos abiertos, quedaba poco sitio para ella, en realidad quedaba poco sitio para ella en el mundo, para ella y su corazón sucio, pero le apartó a culetazos y se hizo un pequeño sitio para dormir de lado, mirando a la cómoda estilo canadiense en cuyo espejo pegaba las fotos de sus sobrinas, de su mamá y de toda la gente que quería y que la esperaba en Aguascalientes. Miró las fotos con los ojos muy abiertos, la luz que venía del aparcamiento era suficiente para poder soñar, para ver las caras de las niñas, las casas, el viejo del sombrero en la fiesta, una ranchera llena de flores, una mesa en la que comían doce personas. Fue viniendo el sueño y lo hizo como vino la noche, despacio, sin zapatos, preocupado por no molestar a nadie, como una intuición. Al hacerlo sintió que el corazón se aliviaba. ¿Existiría un cubo de basura imaginario en los sueños, un vertedero de corazones necesitados? La mujer asintió a su pregunta imaginaria, lo hizo con una sonrisa desacostumbrada, una que no recordaba desde hace mucho. Su marido roncaba muy fuerte, estaba en otra dimensión, en un lugar desconocido y lejano al que ella no estaba invitada. Por eso cerró los ojos como el que cierra la tapa de un piano después de haber interpretado con suficiencia una sonata de Schubert, los cerró como la profesora que acaba de corregir todos los exámenes del día siguiente y se quita las gafas y las pliega dulcemente y las deja sobre la resma de hojas alineadas. Mañana sería sábado.
0 comentarios

Open publication - Free publishing - More literatura


---------------------------------------------------------------------------------------

Pablo Espinoza Bardi (Arica – Chile, 1978). Ingeniero en Administración de Empresas, mencionado en Marketing. Participó en el taller de literatura de la Universidad de Tarapacá, impartido por Daniel Rojas Pachas (2009). En el 2010 participa del grupo literario M.A.L (más allá de las letras), en el mismo año, participa como ponente en el Coloquio Internacional: Lo Fantástico Diverso (Lima – Perú), en donde presenta su primer libro titulado: Necrospectiva Vol.1. Libro que consta de 19 relatos (2006 – 2010) que se mueven en el terreno de la locura, del terror (psicológico), el horror fantástico y del cyberpunk.
Actualmente se encuentra trabajando en su segundo libro: Cuentos de Gore, de Locura y de Muerte, el cual posee dos adelantos impresos en plaquette, de nombre; Demo y St. Vitus Dance.
En Octubre del 2010, forma junto a otros escritores, el colectivo literario; Quijotera.


0 comentarios
Candelaria Vidal
"Juicio final"
Oleo s/Tela 100x80 cm
5 comentarios

Empieza como termina.


-Podés reunirte con Fernando a las 5 del día jueves? Vio tu trabajo y le gustaría reunirse con vos. Es una entrevista- eso fue lo que dijo Ana, por teléfono, la primera vez que oí su voz.

Conocí a Anabella en una agencia de publicidad. Yo era el nuevo. Me habían tomado como redactor y ella era la secretaria personal del jefe, el DGC (Director General Creativo). El me adoptaría como a un hijo y me daría uno de los mejores trabajos de mi vida.
Con ella no existió ese amor a primera vista, no hubo ese encanto que a veces nos toca, del que oímos hablar, vemos en el cine o leemos en alguna historia. Me resultaba demasiado bonita, muy muñeca, tibia, aburrida y particularmente estúpida.
Jamás se me hubiera pasado por la cabeza que atrás de ese ángel se escondería una hija de remil puta. Una hija de puta de la cual me enamoraría perdidamente. Nunca antes en la vida me había obsesionado así con una chica. Nunca en mi vida sentí tanto por alguien. Siempre eran otros los tan enamorados, los sacados, los obsesionados.
Y pensar que en la agencia, cuando me la cruzaba por los pasillos tan seguido o hablando de trabajo por teléfono, por email, en su escritorio cuando iba a verla o cuando ella venía a mí, no me movía un pelo, no me decía nada, no me atraía en lo más mínimo.
Me acuerdo muy bien del instante en que algo suyo me cacheteó y me atrapó por completo.
Yo sabía que iba a tener un mal día, no sé por qué, pero lo sabía. Lo supe al despertarme, lo sabía camino al trabajo, lo sabía en el tren, en la agencia y lo supe cuando se me cayó la tasa de café en el piso en su oficina. Fue ahí, en ese derrame que ella se arrodilló para ayudarme. Sacó unas servilletas de papel y me ayudó a limpiar el quilombito que había hecho. Juntó los pedazos de la taza rota y volvió a pasar un trapo. En segundos mi desastre ya no existía. Ella me sonrió y me dijo: No te preocupes... ya está...

0 comentarios
Fernanda Zentner
5 comentarios

A cierta edad los chicos se enamoran de las armas de fuego más espontáneamente que de las mujeres. A algunos hombres – siempre violentos para amar – les ocurre de mayores, máxime si los negocios íntimos no andan muy católicos. Tal fue el caso de Emilio Traslaviña, herrero de yeguas y caballos, quien, sin sospecharlo, se transformó de un pobre hombre al que le faltaban agallas para usar la violencia contra nada que no sea su yunque (un pasivo lector del diario de la tarde, un aficionado inofensivo de las armas, un asesino de latitas), en uno de esos psicópatas para quienes nada se interpone entre el deseo y la acción.
Una noche se desnudó con su novia y llevó una botella de pisco peruano a la cama. El lecho estaba cubierto con telas multicolores y perfumado con mirra. Pero estaba tan ebrio que no pudo consumar. Culpó a la mujer por su impotencia – por no ser bonita y gorda, como las mozas que persiguen los enamorados – y se enfureció. Le pidió a la fémina, de mala manera, que lo ayude. ¡Y con la boca!, puntualizó, mientras dejaba ver el extremo de su arma.
- La he besado hace un momento – respondió la mujer. Y sin estar intimidada, lo despreció diciéndole que acariciarlo en ese estado le resultaba algo impuro y frío como tocar el cadáver de un reptil.
Emilio Traslaviña, con su voz vinosa y acarnerada, endemoniado se maldecía por tener una mujer más amarga que el ajenjo. Traslaviña abrió sus piernas y la violó con el caño de una de sus Colts.

Meses tardaron en encerrarlo porque los investigadores no se ponían de acuerdo si sólo los ginecólogos debían revisar a la muchacha, o si balística también tendría que participar.
Hace unos días me encontré a Emilio Traslaviña en un cabaret. Está flaco y silencioso.
¿Abrazará los pechos de una extraña? ¿Beberá el vino de la violencia? En la savia negra de sus huesos o en su corazón tortuoso: ¿escuchará, una y otra vez, el llanto de la china después de que apretó accidentalmente el gatillo en la matriz, y voló el carancho de la desgracia, desgarrándole en el abdomen un boquete de salida rojo de la magnitud de un puño?
- Yo tenía lepra en la cabeza y no lo sabía, era un libertino y un borracho, pero cumplí mi condena y ahora, de a poco, me estoy reinsertando, Federico. 
Yo, por si acaso, no le doy la espalda ni en la iglesia.

------------------------------------------------------------------------ 
Federico M. Rodríguez (5/1/79, Buenos Aires) es docente y estudiante de literatura. Creció en Tierra del Fuego. Hace unos años reside en La Plata. Actualmente se encuentra buscando una editorial para publicar su primer libro “Senderos de ovejas”. Será un libro de cuentos de aventuras que transcurren en Tierra del Fuego entre mediados del siglo XIX y mediados del XX.
Contacto: federo23@hotmail.com
0 comentarios
herrumbre               yo
crepitante              hundido
               autófago

ventral
yo
sin
escamas

              ... casi un relicario

lacustre yo           segunda piel
                 tan piel como mugre


osamenta                absentista

                 cartílago   
                                   y agua

                   catéter
                      yo
      en recónditos adentros


manchado
       pisoteado
               tonto de amor

egotista

s o r b o
          a  s o r b o

desengaño

en    puntas    de        pie
              
           sorbete yo

periférico                         yo.



0 comentarios
Seguidilla de puntos blancos, más los géneros revueltos
Las cenizas de los cigarrillos, cuales tan grande nube hicieron,
Pasan las agujas del tiempo, acompañadas por el sueño muevo,
La nueva noche aplaude para volver a empezar, más el termino no lo encuentro.

La noche me sorprendió con ilusiones incestuosas, perturbando mi sueño.

Ámame y; deja que recorra tu cuerpo hasta enloquecer.
Llévame a la locura de los huesos; sin razón arrepentir.
Ayúdame en este deseo, y a detonar.
Alcánzame en mi punto, sin desistir a correr.


Que esta enajenación me lleve al fin.

Ahora distingo lo negro de lo blanco.
Largamente veo los desiertos.
Ahí se agita mi razón humana; y el tiempo.
Perfecto escucho mi eco; que es tu mismo eco.

Nadie más habla de vos.

¿Prohibición?
¿Incesto?
¿Adicción?
¿Realidad o Ficción?

Yo siento tu provocación al deseo; más allá de la locura.

Nuestras gotas, recorren el cuerpo.
Mis ropas en el suelo buscan huir.
Tus ojos miran el vicio del incesto.
Sus semillas siembran la pasión.

Los luceros de la ventana nos muestran a Véspero, la estrella de la tarde.

Si no escribiría esto, se me borrarían tus ojos viejos.
Si tus ojos no fueran de hielo, abandonaría la vigilia por este sueño.
Si este sueño no fuese parte del tiempo, tendría la eternidad del pensamiento.
Si yo no me alejara de lo más sincero, estaría más cerca de lo verdadero.

Despertaría, pero al abandonarte ya estoy más cerca del suelo.

Dido confunde el fatum de Eneas,
Dante pretende acariciar a Beatriz,
Romeo y Julieta cargan con una culpa que no cometieron,
El ingenioso Hidalgo ruega no abandonar la locura, para seguir amando a su Dulcinea.


La literatura es lo que tiene como arte la ensoñación de las palabras.
Y así, nuestros cuerpos seguirán sin conocerse en el plano de lo real.
0 comentarios

Pobres mendigos dormitan en medio del tráfico de la sociedad mendocina, esta noche puede ser la última o la primera del resto de vida que les queda. Cuántas horas faltan todavía para que el sol de la mañana caliente las cobijas fragosas, cuánto vino malo hará falta para adormecer sus cuerpos tullidos antes que la escarcha de la mañana los sorprenda, cuánto más hastío hará falta para que definitivamente la muerte haga su trabajo.
Desprendidos de la historia y alagados con la fantasía popular que supone a un millonario, un actor o un exiguo científico en cada linyera que golpea la puerta, estos desgraciados no entran en las categorías sociológicas más que como un subgrupo marginado del sistema productivo, inactivos sin hogar, sin profesión, sin ascendencias ni descendencias, que no buscan trabajo ni reciben planes sociales, y que efectivamente no emitieron su voto en las últimas elecciones. Homeless, desclasados, sin techo, descalzados, sin vento, hambreados y harapientos.
Con su carácter ultra-ultrajado, durmiendo desmayados en los cajeros electrónicos, en las puertas siempre cerradas de las iglesias, en los bancos de las plazas y de las calles, esos seres sin nombre ni lugar, sin memoria ni futuro están ahora agonizando sus calores sobre las anchas avenidas de las ciudad, a orillas de los canales, debajo de un puente, o quizás en medio de los cañaverales.
La literatura los ha adoptado como mascotas entrañables, siempre fieles a sí mismos, respetuosos y sin honorarios. Simpáticos personajes nocturnos, entre misóginos y alegres, burlescos y demoníacos, ellos completan las historias fantásticas con escenas recortadas de su devenir cotidiano y de su hábitat subterráneo. Quiénes son sino esos seres mitológicos de los cuentos urbanos que aparecen y desaparecen de la escena -mientras una chica rubia sube a un taxi u otra morocha con un lunar encima de la boca cruza las piernas-, que pasan lentamente con sus harapos y sus eternas bolsas del supermercado, mugrientos y hediondos, sin que nadie se percate de ellos.
Los que escribimos esos cuentos urbanos, donde una chica sube a un taxi o tiene un lunar encima de la boca, nos creemos vagabundos de la noche y de la literatura porque hemos recorrido las calles en invierno tanto como en verano, y sin buscar demasiado hemos conectado dos o tres palabras con estos seres extraviados del universo, y ellos nos han dejado sus legados grabados para siempre. Para recompensar sus migajas de existencia, les hemos dedicado al pasar dos o tres líneas de nuestros relatos noctívagos, como decorativos, como testigos de un crimen innombrable.
En la mitad de nuestra neblina intelectual y de su miseria offside, al borde de todo y sin nada que perder, le hemos convidado con un cigarrillo y un trago de alcohol. Ante su lisergia bucólica hemos festejado y delirado con su locura inmunda, burlándonos del mundo que gira estúpidamente. Desafiando la ética de la razón consumista y barata, nos hemos envenenado con sus licores de sobriedad extrema, dejándonos llevar más allá de las conductas y de los márgenes.
Descolgándonos del hemisferio izquierdo de la “verdad humana”, mofándonos del tótem de la cultura occidental y de ese homo politucus insaciable que nos domina, los literatos y los roñosos nos hemos prometido una hermandad mentirosa y efímera, para volver después de cada noche trashumante, los poetas a sus musas y los mendigos a sus mugres.

[ Publicado originalmente en Desvío Cósmico ]
13 comentarios

difusionA/terna ediciones | plaquettes 2011

difusionA/terna ediciones es el proyecto editorial de escrituras.indie pensado para difundir escritores contemporáneos que buscan medios alternativos para hacer circular su obra. Una experiencia de edición colectiva y autogestiva de plaquettes de autores independientes. Con este trabajo editorial materializamos nuestro propósito de construir nuevas formas de difundir literatura independiente, a través de una dinámica abierta y colectiva que mantenga al proyecto en constante crecimiento, sumando nuevas obras y autores.

equipo editorial

dirección general | nadia sol caramella
edición, diseño y correción | cristián franco
prensa | joel vargas


alberto de mari - otro mundo
[ leer online ]   [ descargar versión para imprimir ] 

almendra estradallevato - lorreal

1 comentarios
Señor tiene que traerme: el primer orín de la mañana, y venirse en ayunas ¿sí? A lo sumo café, mate o té, nada de sólidos, menos en su estado. Y no se olvide el carnecito de la Mutual y la papeleta roja a la que le va a tener que adherir una foto 4x4 en el cuadrito que tiene en la parte superior. Si es antigua mejor. Mírela un poquito para tener presente cuál era su cara antes de todo esto, se puede llevar una sorpresa. El Formulario de Admisión lo pide en el segundo piso, tercera puerta a la derecha, pregunte por Liliana. Los días y horarios que puede retirarlo son: martes, miércoles y viernes de 12:45 a 13 hs. Por favor, complételo sólo con sus datos, no nos interesan los de su ex.

Déjeme decirle algo, en realidad, tampoco deberían interesarle a usted… ¿Quién soy yo para darle consejos?, me va a decir ¿verdad? No es que una quiera opinar así por opinar nomás, pero sinceramente, podría cambiar esa caríta, que como su caso, se imaginará que hemos visto miles, y a la final, como dijo la Mora Furtado, el tiempo lo cura todo. Ya va a ver. Además es joven, pintón … tiene toda una vida por delante.

Ahora que lo veo en detalle, hasta desahuciado parece atractivo. Que llamativo ¿no?

Esto que yo le digo es un pálpito, porque el diagnóstico se lo va a dar el dotor cuando vea los resultados de los análises, pero no le doy mas de dos o tres añitos de duelo. Es lo normal en estos casos.

De todas formas, eso es harina de otro costal.

Sigamos.

Además de la papeleta roja, el Formulario de Admisión, el orín y la fotito 4x4, tiene que traer: las cartas que nunca le escribió, las fotos de esos viajes no hicieron nunca, y si tiene alguno de los correos electrónicos que se enviaba con el otro, del que tampoco nos interesan los datos de filiación, y por lo tanto denominaremos durante todo su tratamiento como El Tercero, ¿esta claro?. En un sobre papel madera, debe adjuntarme los TDK60 esos que me dijo que le grababa con música que le gustaba sólo a él.

Después, con todos los resultados de los analises, me llama y saca un turno para el dotor. Dígale que viene a cerrarse el plexo.

Que lo dejó su chongo y que no para de llorar. Descríbale lo síntomas, más que nada lo que me contó a mí. Supongo que si le aclara que llora cada vez que ve una foto de Baby Etchecopar, lo interna sin preguntarle tanto. Y déjese de moquear mijito, que ya se va a poner bién.

Una última cosita. Al dorso de este formulario va a encontrar unas palabras que escribió nuestro primer recuperado. No las tome muy en cuenta, porque tampoco es tan real que se haya recuperado recuperado. Preferimos decirle así, sino se nos vienen encima los de la Auditoria del Ministerio de Salud a preguntarnos que qué hacemos con nuestros pacientes, y no es cuestión. Hay muchas familias que comen de estos subsidios, ¿me entiende?. Así que sin chistar me lee todas esas palabritas inspiradoras. Es una simple formalidad, la psicóloga seguramente le pregunte algunas cositas del testo.

Que tenga buen día. ¿Familiares de Robledo? 



Ya no quiero leerte…

o en todo caso, descifrar que.

caer en la cuenta que

no tenerme es

como empastillarte para no desear,

no vaya a ser cosa que te lo permitas y el INADI te sancione por puto. 
0 comentarios


CURRICULUM
 
Maldita loser
De las avenidas orinadas
Paseando en la edad de la inconsciencia
Como “La” como “Él”

¿Y qué más le puedo decir?

Soy tan buena
Voy por la calle prestando mi hombro

Soy tan amigable
Me dicen hola
Les doy la fe

Soy tan romántica
Dejo mi amor sobre la mesa
Y miro con ojitos de quiltro
Esperando su respuesta

Soy tan fiel
No tiene que ponerme una correa
Yo corro a su lado meneando la colita

Soy tan alternativa
Voy al cementerio a beberme la sangre de Chinaski

Soy tan especial
Me morí en abril y desperté en diciembre

Soy tan sensible
Lloro por todos los que lloran en el mundo

¿Recomendaciones?